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by Javier Rumego

¿Has publicado un libro recientemente y el número de ventas está muy por debajo de lo que esperabas? Puede haber distintas razones para que nadie quiera comprar tu novela: que sea rematadamente mala; que pertenezca a un género minoritario y poco comercial; que la portada sea realmente fea; quizá la causa se reduzca al pésimo gusto literario de todos los lectores del planeta; o al dichoso muñequito vudú con el que juega tu exnovia o tu archienemigo de la guardería. Pero por encima de estas razones hay una que predomina sobre todas las demás como el anillo de Sauron: tu visibilidad de escritor es tan insignificante que no te verían ni con el telescopio Hubble .

 

Si estás en esa tesitura en la que entras todos los días, al menos un par de veces, a comprobar las descargas que se están haciendo de tu novela, y éstas no se corresponden a tus expectativas, es fácil que caigas en el error de culpar a los demás, tanto como a ti mismo, incluso hasta poner en duda la calidad de tu trabajo. En mis dos artículos anteriores: Ser escritor independiente, y todo lo demás; y Me siento como el hombre invisible en medio del desierto, con un libro en la mano, señalo como motivo principal del poco éxito comercial a tu ausencia de visibilidad de escritor.

 

En realidad, el principio en sí es muy básico: si la gente no sabe que hemos publicado un libro, ¿cómo van a comprarlo?

 

Siguiendo este mismo razonamiento, podemos deducir que ganando visibilidad de escritor conseguiremos más ventas. El axioma es tan sencillo de entender como el anterior. ¿Entonces dónde está el problema?

 

Conseguir visibilidad de escritor no es tan fácil. Partimos desde un punto en el que no somos nadie. Estamos solos. Pero como nosotros hay miles de personas que quieren que se les vea. Somos muchos los que gritamos al vacío con la esperanza de que alguien nos escuche. Y como nadie nos oye, hablamos más alto, hasta parecernos a un programa de debates de los muchos que hay en televisión, en los que al final no se entiende nada. Quizá la mejor manera de destacar entre tanto griterío es permanecer en silencio.

 

Si a ti te pasa como a mí, que no eres nadie en este sector, nadie va a prestarte atención. Es posible que tu novela sea la mejor obra literaria en lo que va de siglo, pero a nadie le interesa.

 

¿Cómo que a nadie le interesa?¿Si me acabas de decir que mi novela es la mejor del siglo XXI, las editoriales deberían de partirse la cara por ella?

 

Eeh, no. Esto no va así. Las editoriales son empresas, y como tales buscan generar beneficios. Incluso aquellas editoriales que se diferencian por exigir una mayor calidad a sus publicaciones no están dispuestas a perder dinero. Por eso es muy difícil que apuesten por un completo desconocido.

 

Quizá tu novela sea buena, nadie lo discute. Pero ¿cuántos ejemplares vas a ser capaz de vender más allá de tus familiares y amigos? Poner en marcha la maquinaria editorial cuesta muchos miles de euros. Si además hay que invertir en hacerte visible, la suma aumenta significativamente. Una editorial tiene que tener muy claro que van a recuperar su dinero contigo, y eso es muy difícil si no tienes visibilidad de escritor. Que una obra sea buena o mala no es importante. El arte, la literatura, todo eso está en un segundo plano. Lo que premia es que genere dinero, como por ejemplo la biografía de Belén Estaban.

 

Así pues, si no presentas telediarios o sales en la televisión, si no eres un actor o un futbolista contando anécdotas, si no eres una cantante famosa que quiere airear sus memorias, y por supuesto si no eres un contrastado escritor, me veo en la obligación de decirte que está más solo que el abuelo de Heidi.

 

Enrique Bunbury en una de sus canciones dice que “más vale suerte que talento”. Totalmente de acuerdo. Pero permíteme que haga una pequeña variación para resumir todo lo dicho anteriormente en “más vale fama que talento”.

 

Llevo poco tiempo en esto de hacerme una visibilidad de escritor. De hecho, si has llegado hasta aquí, me gustaría saber ¿cómo diantres me has encontrado? Lo primero de lo que me percaté cuando me puse a promocionar mi novela fue de la enorme cantidad de banners publicitarios que corren como animales salvajes por Facebook y Twitter , cada uno intentando vender su libro. La gente llega, “grita” su publicidad en el muro y se va. Esos muros parecen un diálogo a la española. Son como palomas que se posan sobre una rama, dejan su regalo y salen volando. Incluso hay empresas que se dedican a vomitar nuestra publicidad aprovechando su considerable número de seguidores. Empresas que intentan diferenciarse de otras, todas ellas parecidas, tratando de ser escuchadas (¿te suena de algo?).

 

Hacer que la bola de nieve de la visibilidad de escritor crezca más allá de nuestras amistades es realmente difícil. Como me comentaba la gente de Sinjania en mi artículo anterior, no sólo se trata de trabajo y ganas, sino que hay que ser muy inteligentes a la hora de crear una estrategia a seguir.

 

Para ser un buen estratega hay que dominar mucha información y tener un amplio conocimiento del entorno. Lo normal será que al principio perdamos algunas batallas, por lo que nos tocará cosernos las heridas. No te preocupes, nada es tan didáctico como la derrota.

 

El trabajo bien hecho junto con el esfuerzo siempre dan sus frutos.

Lo que he podido comprobar en este par de semanas es que el trabajo, aunque muy despacio, da sus frutos. En Twitter he pasado de 46 seguidores a 73 en el preciso instante en el que escribo estas líneas (Editado Un año después de haber editado este artículo son ya casi 2000 seguidores en Twitter). Ya sé que no es mucho, en realidad es muy poco, pero es un incremento de aproximadamente el 40% en sólo dos semanas. Si quieres contribuir a que siga aumentando este número, no dudes en seguirme . La página de Facebook de En el Laberinto, apenas tiene 62 seguidores, pero he conseguido alcanzar a más de mil personas con el banner del lanzamiento de la novela. Eso quiere decir que me sigue poca gente, pero implicada.

 

También me he unido a varios grupos de Facebook para escritores y lectores, en los que no se permite bombardear con spam y se promueve el diálogo. La primera toma de contacto me resultó áspera. Demasiado tiempo a invertir, demasiados romances, demasiados vampiros. Sin embargo, ahora puedo decir que ésta ha sido una de las experiencias más gratas hasta el momento. Estoy conociendo gente a la que nos une la misma pasión y el mismo monstruo: la literatura. Me tomo estos grupos como un taller de escritura. Un lugar para aprender y observar. La gente se lo curra mucho para hacer visible su libro y dar forma a sus sueños.

 

Si has llegado hasta aquí, te estarás haciendo una idea de la cantidad de horas que vas a tener que invertir para conseguir aumentar tu visibilidad de escritor. Pues aún no hemos ni empezado. A las ingentes horas que hay que dedicarle a redes sociales como Facebook,  Twitter o Instagram hay que añadirle el tiempo que necesitarás para crear tu página web, con su respectivo blog, al que luego tendrás que mantener y actualizar el contenido periódicamente; participar en otros blogs del mismo ámbito donde poder escribir como invitado, a fin de ganar público; diseñar publicidades y organizar promociones; leer a otros autores esperando a que ellos hagan uso de las leyes de reciprocidad y nos lean a nosotros; y por supuesto escribir, ya que según parece con un único libro no es suficiente…; en definitiva, horas y más horas de trabajo agotador.

 

¿Y para qué?

Esta es una buena pregunta. Los hay que aseguran que si haces todo esto y te dejas los cuernos, a la larga dará resultados. También es cierto que muchos de los que dicen esto pretenden vender su libro del estilo: “Guía definitiva para tener éxito vendiendo sus libros en Amazon” o “10 reglas básicas para triunfar siendo escritor independiente”. Yo no puedo decirte si esto funciona o no. Te recuerdo que estoy empezando. Lo que sí puedo asegurarte es que a día de hoy no puedo esclavizarme para conseguirlo.

 

Hacer todo lo que se supone que se debe hacer para ganar visibilidad requiere un número de horas de las que no dispongo. En realidad requiere una jornada laboral de, mínimo, ocho horas. Esto me parece razonable para estudiantes, jubilados o desafortunados en paro, pero a un autónomo como yo no le queda tanto tiempo para las letras. Mientras no tenga un mecenas que me pague las facturas, tendré que seguir levantando pisos en 3D. Por suerte, y como dice Sabina: “aún me excita mi oficio”.

 

En conclusión, no soy de los que abandonan fácilmente pero tampoco me gusta dormir debajo de un puente. Mientras mis libros no generen el dinero suficiente para cubrir mis gastos, buscaré el tiempo debajo de las piedras para que la gente pueda verme, pero eso sí, sin caer en la esclavitud.

 

Y sí, lo sé, es una puta pescadilla que se muerde la cola, pero hay que comer.

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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¿Es posible mejorar tu visibilidad de escritor sin caer en la esclavitud?