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by Javier Rumego

Escribir para uno mismo o escribir para los demás es una pregunta recurrente en las redes sociales. De esas que brotan de vez en cuando como una mala alergia. Hay respuestas para todos los gustos y dos bandos enfrentados.

 

Desde mi punto de vista las dos respuestas son correctas. Que no cundan las alarmas, no me he vuelto políticamente correcto. Como decía, para mí las dos respuestas son correctas, pero una más que otra. Me explico.

 

Lo primero que habría que entender es que escribir lo que te gusta y escribir para uno mismo son dos cosas distintas. A veces confluyen pacíficamente y otras no. En este caso el orden de los factores sí altera el producto, porque lo que sí podemos decir es que al escribir para uno mismo, escribimos siempre lo que nos gusta.

 

Es muy habitual escuchar o ver escrito por las redes sociales, ya sea en Facebook, Twitter, Google plus, (¿en serio alguien usa Google plus?) respuestas de este tipo: “escribe sólo lo que te gusta”, “no hagas caso a nadie salvo a ti mismo”, “el arte está por encima de todo”, “adaptarse a los gustos de la gente es corromper la literatura”, “lo importante es que te diviertas escribas lo que escribas”  “Lo importante es escribir lo que te gusta, no hagas caso a los demas” y cosas parecidas.

 

En el fondo este tipo de respuestas están muy bien si vives en el país de los unicornios o si escribes un diario del que sólo tú sabes de su existencia y  además tienes pensado quemar antes de morir.

 

¿Puede una idea romántica subsistir en el mundo real?

Escribir sólo aquello que nos gusta es una idea romántica que se da de bruces con el deseo de querer vivir de la literatura. Conozco un buen número de excelentes escritores que escriben todo tipo de cosas para poder pagar la hipoteca. Por poner un ejemplo, antes de que nos sobreviniera la famosa crisis nadie quería escribir guiones de telenovelas, años después guionistas contrastados se daban de hostias para escribir los diálogos en una serie de época de esas que proliferan en cualquier cadena a la hora de la sobremesa.

 

Escribir es un oficio como cualquier otro. Está muy bien pensar en el arte y todas esas cosas, pero los platos hay que llenarlos de comida y, por otro lado, cada vez es más difícil encontrar literatura dentro de un libro. Hay quien dice que adaptarse a los gustos de los lectores y de las modas es prostituirse. Bien, yo he trabajado durante casi veinte años en publicidad, así que algo sé de lo que es prostituir una idea.

 

De alguna manera todos escribimos para los demás

 Cuando escribimos tenemos la necesidad de contar algo, de ser escuchados, y sobre todo de ser comprendidos; de sentir que no estamos solos. No estoy hablando exclusivamente de escritores sino de cualquiera, incluido tú. Sí, tú que dejas un comentario en Facebook esperando a que la gente le dé al Like, te dé la razón, que piense igual que tú. A todos nos alimenta en mayor o menor medida un aplauso. Incluso aquellos que dicen “escribe sólo para ti” están escribiendo para los demás, porque al igual que el resto, tienen el deseo y la necesidad de sentirse acompañados.

 

Cuando escribí mi novela En el Laberinto, lo hice sin tener en cuenta a los posibles lectores (eso me llevó directamente al desierto). No tenía ni la más remota intención de publicarla. A diferencia de otras veces, en esta ocasión no tenía intención de dejársela leer ni a mis padres ni a mi gente más allegada. Simplemente escribí lo que en aquel momento necesitaba escribir. Había algo dentro de mí que me quemaba y tenía que sacar todo ese fuego de mi alma. Se podría decir que fue una forma de terapia.

 

Durante el proceso de escritura, pensé vagamente que era un libro que merecía la pena ser publicado. Aun así, seguí escribiendo sin prestar atención al exterior; éramos sólo mi obra y yo. Cuando puse el punto final, lo guardé en el disco duro, junto con sus predecesores, y allí lo dejé. De haberse quedado encerrado en ese rincón podría decir con el pecho bien ancho que escribí sólo para mí. Pero la novela quiso escapar.

 

Esa necesidad de la que hablaba un poco más arriba de ser escuchados, comprendidos, de mostrar al mundo lo que somos capaces de hacer es más fuerte que la prudencia y que cualquier otra fuerza. Empiezas por dejarle el manuscrito a personas cercanas, de ahí pasas a lectores con mayor criterio literario, para terminar en las manos de correctores y otros escritores, hasta que finalmente el libro es publicado.

 

En el momento en que pretendes compartir tu obra, ésta deja de ser algo exclusivamente tuyo y pasa a ser de los demás

 

En el momento en que decides publicar tu novela dejas de escribir exclusivamente para ti. Incluso antes, cuando decides dejársela leer a tu círculo de confianza. Desde ese momento, lo único que escribes para ti mismo es alguna que otra cosa que anotas en tu Moleskine. No todo, pues la mayoría las anotas con intención de incluirlas en próximas novelas.

 

En mi caso, quizá incluso ni los pensamientos más íntimos que guardo en mi cuaderno sean sólo para mí. A veces pienso que cuando sea mayor quemaré todos los cuadernos que durante estos años estoy guardando con tanto celo. Pero creo que me engaño. Sospecho que jamás los quemaré. Supongo que hay algo dentro de mi ser que me impedirá hacerlo. Quizá, y sólo quizá, un deseo oculto que me hace soñar que esos apuntes con rasgones de mi alma caerán algún día en las manos acertadas, otorgándome la ansiada inmortalidad.

 

Desde mi punto de vista, las únicas personas que escriben exclusivamente para ellas son las que escriben por el simple placer de escribir, porque se relajan haciéndolo o porque les ayuda a tener una actividad cerebral saludable. Da igual si escriben un diario, un relato corto o incluso alguna novela, las que anotan sus pensamientos en un cuaderno o en trozos de papel que luego guardan con celo y jamás se lo muestran a nadie, o simplemente los tiran. Todos los demás, de una u otra manera escribimos para otros, pues escribimos para ser leídos.

 

El precio a pagar

Si pretendes vivir de la literatura tienes que invertir mucho tiempo y dinero para llevar tu obra al mayor número de gente. La promoción, los banners, la publicidad, el blog, las correcciones…, todo esto tiene un coste. Lo siento por los más idealistas pero morirse de hambre no ayuda al arte.

 

Hay escritores que prefieren escribir un tipo de libro concreto, pero saben que tienen más posibilidades de vivir de la literatura escribiendo otros géneros. Otras veces, la editorial, directamente no se lo permite y casi siempre el público se lo impide.

 

Como decía al principio del artículo, una cosa es escribir lo que nos gusta y otra muy distinta escribir para nosotros mismos. Si eres conocido o estás bajo el yugo de una editorial no siempre podrás escribir lo que realmente te apetezca. No al menos sin correr un alto riesgo. Cuanto más te profesionalizas más esclavo eres de tu obra.

 

Muchas veces, cuando estamos profesionalizados, lo que se hace es darle gusto al público y experimentar en la sombra a través de un pseudónimo. Sea como sea, escribir para uno mismo es más una frase para decorar salones que una realidad.

 

Afortunadamente, el mundo editorial está cambiando mucho en los últimos años. La irrupción de las plataformas de venta online como AmazónLektu han cambiado las reglas del juego. Los llamados escritores indie, tenemos más libertad para cambiar de registro que los escritores que publican sus libros por los medios tradicionales, más aún si han vendido millones de libros. Si no que se lo pregunten a J. K. Rowling, la creadora de la magnífica saga de Harry Potter.

 

A veces al público le cuesta aceptar que un escritor cambie de registro, que necesite probar y experimentar cosas nuevas. En realidad pasa en cualquier ámbito artístico. La culpa de esta posible descomunión no es de nadie y es del todo lógica. Por eso, muchas editoriales no consienten el cambio y muchos autores no se atreven a saltar al vacío. No sólo se trata de llenar el plato de comida sino también de alimentar el alma…, y el orgullo.

 

Cada uno escribe lo que quiere…, dentro de sus posibilidades

Teniendo todo esto en cuenta, cada uno escribe dentro del género literario que más le gusta o más cómodo se encuentra, que no necesariamente tiene que ser el mismo. Luego están los géneros que un escritor determinado no tocaría ni con un palo, por muy de moda que estén. En mi caso, no verás una novela mía de vampiros ni escribiré novela erótica, mucho menos una novela erótica-vampiresca. Todo en el mismo saco, revuelto en la coctelera.

 

No es que crea que haya un tipo de literatura mejor que otra. Hay libros buenos de todos los géneros. Pero, respecto al terror, soy un acojonado muy asustadizo y suelo escribir por las noches; así está descartado. Respecto a lo erótico festivo, sencillamente no me interesa. A no ser,claro, que Playboy me pague por escribir relatos cachondos que me ayuden a pagar las facturas. Entonces quizá sí me anime a compartir fluidos.

 

Los que nos dedicamos a la literatura, en mayor o menor medida, escribimos más o menos lo que nos gusta. Y dentro de lo que nos gusta, lo que mejor se nos da o creemos que tenemos más posibilidades. Pero siempre pensando en los demás, en quienes nos van a leer. Temiendo si os gustará o no lo que hacemos. Porque si no os gusta tendremos que cerrar el kiosco y ponernos a vender churros o cualquier otra cosa.

 

Si realmente quieres dedicarte a la literatura, necesitas encontrar ese equilibrio entre lo que te gusta escribir y lo que demandan los lectores. Esa es la base de cualquier escritor con éxito, y un importante elemento diferenciador. Escribir algo que no te gusta  es aburrido y raramente va a dar buenos frutos. Por otro lado, escribir un libro que no le interesa ni a tu padre es una perdida de tiempo, con la que conseguirás muy pocas ventas.

 

Quizá estés de acuerdo con lo que expongo o quizá no. Sea como sea, puedes darme tu opinión dejándome un comentario en las redes sociales. Quizá tengas la necesidad de que otras personas lean lo que tienes que decir. 😜😜

 

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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¿Escribir para uno mismo o escribir para los demás?