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By Javier Rumego

Quiero ser escritor – 12 Cosas que deberías saber si quieres ser escritor

Si eres de esas personas que quieren hacer de la literatura su modo de vida, hay cosas que deberías de tener en cuenta. Mucha gente dice eso de “quiero ser escritor” pero muy pocos son conscientes de lo que esa afirmación, aparentemente inocente, acarrea. Escribir bien no es fácil. Es un proceso que lleva tiempo y mucho trabajo. Pero incluso en el caso de que fueses uno de esos virtuosos tocados por la varita mágica, si estás pensando en convertirte en escritor profesional debes de saber que necesitarás mucho más que el mero hecho de juntar palabras.

 

Ser escritor es uno de los sueños más bonitos que puedes tener en la vida. El problema es que es un sueño lleno de trampas y depredadores escondidos tras la maleza. Si además quieres escribir de manera profesional los enemigos se multiplican.

 

No quiero que este artículo te desanime, al contrario, me gustaría ayudarte a alcanzar tu meta. Por esto he decidido escribir una serie de entradas que iré publicando en el blog durante las próximas semanas. Para ello me valdré de mis vivencias, te comentaré mis aciertos y la cantidad de errores que he cometido en los últimos años, a fin de que tú puedas evitarlos.

 

Llevo escribiendo más de dos décadas, en realidad voy camino de tres, pero me da pánico reconocerlo. Hace tan sólo dos años que publiqué mi primera novela. Y es que escribir y dedicarse a escribir son dos cosas distintas.

 

En este articulo no voy a darte consejos para que escribas mejor. De eso ya hablé en este artículo. Durante esta serie de entradas voy a enfocarme en el oficio de escritor. En este caso, voy a empezar por una serie de cosas que vas a necesitar si quieres dedicarte a esto de juntar palabras. Para agilizar la lectura me voy a ahorrar los pasos evidentes: leer y escribir mucho. Eso está claro. Es como que el quiere ser panadero tiene que preparar pan.

 

Ponte cómodo, porque empiezo.

 

1 Determinación

No es lo mismo ser escritor que vivir de la literatura. El camino que pretendes recorrer es largo y está repleto de enemigos y trampas. Vas a necesitar mucha determinación. No vale con decir, “quiero ser escritor” y sentarte a esperar o escribir un texto de vez en cuando. Muchos queremos ser escritores, es un sueño precioso, pero sólo unos pocos consiguen vivir de lo que escriben. En este mundo podemos encontrar gente dispuesta a sangrar por cumplir sus sueños y gente que sólo busca una vida cómoda. Te toca decidir a qué grupo pertences y qué estás dispuesto a sacrificar.

 

Aún en el caso de que seas una de esas personas iluminada por la llama del talento, siento decirte que con eso no te alcanza. Vas a tener que trabajar muy duro. Necesitarás focalizarte, saber muy bien lo que quieres y tener la capacidad de reponerte de los golpes cuando toque. Escribir bien no es suficiente. Necesitas muchas otras habilidades, porque sin ellas tus escritos difícilmente traspasarán las fronteras del anonimato.

 

2 Paciencia

Aprender a escribir correctamente es un proceso que lleva mucho tiempo. En realidad, nunca se termina de aprender del todo. Siempre hay algo que se puede mejorar, nuevas corrientes literarias a las que hay que estar atentos. Lo bueno de todo esto es que con tiempo y trabajo se aprende. El talento sólo es una parte del proceso, que en cierta medida se puede maquillar con horas de esfuerzo.

 

Ser escritor profesional conlleva mayor control de tus emociones. Lo normal es que cuando tenemos nuestro primer texto terminado, queremos verlo publicado al instante. Siento decirte que eso no suele pasar. A no ser que seas famoso o tengas algún conocido cercano en un puesto importante de una editorial, te va a tocar remar mucho para sacar tu texto al mercado, y mucho más difícil, darle visibilidad frente a más de un millón de libros con los que tendrás que competir.

 

Todos, especialmente en nuestra juventud, queremos alcanzar el éxito de manera inmediata. De alguna manera sentimos que nos pertenece, que tenemos derecho a fama y fortuna. Con los años comprendes que eso no es así y te sonríes de lo ingenuo que eras. Escribir un texto de calidad conlleva años de práctica y más de un fracaso entre medias.

 

Luego están las prisas por lanzar tu libro al público sin haberlo dejado reposar. Editar hoy en día es muy fácil. Cualquiera puede hacerlo y no requiere ningún filtro. Eso, evidentemente, es un peligro y es muy contraproducente. Muchos escritores que publicamos en estás plataformas sufrimos las consecuencias de la falta de rigor de gente que publica sin tomarse tan enserio este oficio. Este es un tema con mucho que decir, por lo que lo trataré con profundidad más adelante. Todo lo relativo a la publicación de un libro lo veremos en los próximos artículos.

 

Todo en la literatura lleva tiempo. Incluso leer un libro es más lento que ver una película o escuchar una canción. No tengas prisa.

 

3 Tesón

Cómo te decía en el primer y segundo punto, ser escritor es un proceso lento. Necesitarás tiempo, paciencia, determinación y mucho tesón.

 

Vendrán momentos malos. Sentirás más de una vez el impulso de abandonar. Esto es difícil, claro que sí, por eso la recompensa es tan grande. Llegar a vivir de lo que escribes no sólo indica que tienes talento, sino que además eres constante, trabajador y que no te das por vencido.

 

Tendrás que enfrentarte a muchos enemigos: una economía inestable; la desolación; la sensación de fracaso; la duda; la comparación con otros escritores y por supuesto, toda esa gente que te dirá que no vales, que no merece la pena tanto esfuerzo, que no es forma de vida y cosas parecidas.

 

Comprobarás que hay gente muy buena que no llega a lo alto de la montaña. A veces serás consciente que el talento y el esfuerzo no siempre es suficiente. Hay un factor de suerte que agota y, muchas veces, hace abandonar. Cuando lo sientas, cuando llegues a ese momento, recuerda estas líneas, aprieta los dientes y sigue adelante. Nunca se sabe dónde está esperándonos nuestro éxito. Quizá esté más próximo de lo que imaginamos.

 

 

4 Asimilar que ante todo es un negocio

Este punto es muy importante. Escribir conlleva una actividad artística y cultural innegable. A veces idealizamos demasiado esta idea o simplemente nos tenemos en demasiada estima. Queremos escribir para cambiar el mundo, para crear arte o vete a saber qué más. Eso está bien, por supuesto que sí. Más pronto que tarde te cruzaras con la eterna pregunta, ¿escribir para ti o para los demás? Pero si quieres vivir de lo que escribes, tienes que asumir que es un negocio como cualquier otro. Si quieres vivir de la literatura, cuanto antes lo entiendas mejor. En el momento en que decides que quieres ganarte la vida como escritor debes comprender que eres, o pretendes ser, un profesional.

 

Esto hará que tengas que conocer el negocio y saber cómo funciona. El mundo editorial ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy en día hay posibilidades más allá de las editoriales tradicionales, que ya veremos en próximos capítulos. No sólo se trata de editoriales, debes de conocer las tendencias del mercado, los gustos de los lectores, etc. Esto no quiere decir que tengas que escribir según las modas, no. Pero es importante que conozcas lo que se está cociendo. Al fin y al cabo, eres como cualquier otro profesional. Luego tú decides lo que quieres escribir, pero sabiendo las opciones que hay.

 

En mi caso te diré que no hago mucho caso a las modas ni a las tendencias. Conociendo el mercado escribo lo que arde en mi interior. Pero eso va relacionado a como yo siento la literatura y lo que pretendo de ella. Sé las consecuencias y la dificultad, o no, de las ventas. Soy consciente de lo que escribo porque conozco la profesión, así de fácil. Y por supuesto tengo mis propios filtros. Jamás se me ocurriría escribir una novela de 120.000 palabras sobre la capacidad de comunicación y aprendizaje de las abejas melíferas, por muy interesante que me pareciera.

 

5 Pasión

Bukowski decía que si escribes pensando en el dinero es mejor que te dediques a otra cosa. Quizá esta afirmación te parezca contradictoria con el punto anterior, pero en realidad no lo es.

 

Entender cómo funciona el negocio al que te quieres dedicar no implica que no tengas pasión. Hay mucha gente que confunde estos dos puntos, y es un error grave. La pasión es una de las armas más poderosas que tienes. La necesitas para conectar con los lectores, pero sobre todo para crear y vivir este oficio de escritor con la intensidad que requiere. La pasión es una tus mejores herramientas para cuando necesites salir del hoyo. Sin pasión es muy fácil abandonar.

 

Ser escritor, al igual que ser pintor, músico, escultor o cualquier otra disciplina artística es un sentimiento que se extiende fuera de las horas que estás aporreando el teclado. No sólo se trata de escribir, no son sólo las horas que estás frente a la pantalla del ordenador. Te acompaña a todas horas. Un escritor lo es en cualquier momento y en cualquier lugar: tomando unas cervezas con los amigos, en el cumpleaños de un familiar, esperando el autobús o donde sea.

 

Bukowski compaginó durante muchos años la escritura con otros oficios. Él se ganaba la vida de muchas maneras, pero era escritor. Quizá a ti te pase lo mismo, igual que me sucede a mí.  La cuestión es ¿hasta dónde estás dispuesto a renunciar para seguir escribiendo?

 

Ser escritor es vivir y sentirte escritor.

 

6 No pienses en el dinero

Teniendo en cuenta los dos puntos anteriores, te diría que escribas sin pensar en el dinero. Cuando estamos escribiendo nuestros primeros textos, más aún si nos acompaña la juventud, es muy fácil caer en el cuento de La lechera. Lo más normal es que la realidad nunca esté a la altura de las expectativas.

 

Si quieres ser escritor porque piensas que vas a escribir la nueva saga superventas con la que te harás multimillonario y famoso, te recomiendo que te dediques a otra cosa. Los que viven bien de la literatura son los cuatro casos contados que ves en televisión y poco más. La mayoría sobrevive con lo que escribe, mientras que algunos tienen que alternarlo con otros trabajos.

 

Simplemente escribe lo mejor que sepas. Dedícate a tu obra con toda tu alma. Disfruta haciéndolo, sufre cuando toque, vívelo con intensidad. Pero si sólo escribes para ganar dinero, guiado por ejemplos de escritores famosos y millonarios, desde ya te digo que hay oficios más rentables.

 

7 Humildad

Necesitarás humildad para aceptar las críticas y convertirlas en una excelente oportunidad para crecer como profesional. Es fácil ver proyectos de escritores con una opinión de sí mismos muy elevada. Si eres de esos sería mejor que te bajases del globo y pusieses los pies en la tierra.

 

La humildad te lleva de la mano al siguiente punto.

 

8 Capacidad de aprender

Los tiempos que corren avivan la competencia. Hoy en día cualquiera tiene un ordenador en su casa y puede ser escritor, o decir que lo es.

 

Para ser un escritor profesional necesitarás una gran capacidad para aprender, y aquí nos dividimos en dos puntos.

 

Sobre escritura

Escribir un libro es un proceso mucho más difícil de lo que a algunos les puede parecer. Mucha gente le resta valor porque escribir es algo que al fin y al cabo sabe hacer todo el mundo. Todos escribimos emails, felicitaciones por navidad, canciones e incluso cartas de amor. Muchos piensan que si quisieran podrían hacerlo igual de bien que los escritores más prestigiosos.

 

Esto no es ponerse delante del ordenador y empezar a aporrear una palabra tras otra. El oficio de escritor es un oficio complicado con una curva de aprendizaje lenta que requiere teoría y práctica. Además de mucha lectura y mucha escritura tendrás que aprender recursos literarios, gramática, narrativa, construcción de la historia, practicar con los diálogos y un largo etc.

 

Si bien es verdad que hay libros y mucha información en internet que te pueden ayudar, ya sea en blogs o en excelentes canales de Youtube, no es menos cierto que a alguien que quiere ser cocinero profesional no le va a alcanzar con vídeos de cocina. Al igual que el cocinero, estaría bien que mirases cursos y talleres de escritura donde profesionales te enseñen técnicas y te den las herramientas necesarias para emprender una aventura como ésta.

 

Sobre todo lo demás

Actualmente la afirmación «quiero ser escritor» va mucho más allá de escribir un libro. No vale con poner la palabra fin y desentenderte. Ni tan siquiera en el caso de que una editorial de primera fila quiera editar tu novela; cosa, por cierto, poco probable si eres un donnadie.

 

Estas son alguna de las cosas que tendrás que aprender:

 

Creación de un blog profesional

Si quieres que tus textos lleguen a la gente necesitarás crear una plataforma de autor. Tu blog será el centro neurálgico de dicha plataforma. Desde ahí centralizarás infinidad de contenido que distribuirás por las diferentes redes sociales.

 

La creación y gestión de un blog profesional es un mundo en sí. Esto conlleva que aprendas a diseñar y maquetar en un gestor de contenidos, tipo wordpress; que aprendas SEO, lo cual es otro mundo; tendrás que conocer herramientas como Google Analytic o Google Search Console; tendrás que aprender a buscar y a utilizar palabras clave; editar imágenes, configuración de correo electrónico, creación de formularios, envío de newspapper…, entre otras cosas.

 

Probablemente todo lo relacionado con el blog es lo más complicado. Si te estás agobiando y te están dando ganas de abandonar, no lo hagas. Si todos los que hemos aprendido, hemos podido, tú también puedes. Sólo necesitas tiempo y ganas, nada más.

 

Redes Sociales

Necesitarás aprender a gestionar las Redes Sociales de manera profesional. Tendrás que determinar en qué Redes Sociales quieres tener presencia y trabajar con ellas. Las Redes Sociales consumen muchísimo tiempo y en algún momento pueden desesperarte al ver que no consigues expandirte tanto como quisieras.

 

Aquí vuelve a ser necesario el punto número dos: Paciencia. Cada Red Social es diferente y requerirá una estrategia distinta. Pero todas tienen en común que el contenido es el punto más importante.

 

Si eres una persona joven seguramente estés más acostumbrada a moverte por estos mares. Si me vienes con eso de que ya tienes unos años, te digo que no es excusa.

 

Moverte en el mundo físico

Tener presencia en internet es importante pero también lo es hacerlo en el mundo real. Conseguir contactos, asistir a encuentros literarios, presentaciones, visitar bibliotecas y librerías, etc., es esencial para crear vínculos y relaciones. Tendrás que trabajar como una arañita, tejiendo una red de contactos que te ayuden a identificarte y ganar audiencia. A los lectores les gusta saber a quién le están comprando los libros.

 

8 Curiosidad

Este punto está muy relacionado con el anterior. Cuanto mayor sea tu curiosidad mayor será tu predisposición para aprender. Necesitarás ser una persona curiosa para aprender todo que hemos visto en le punto anterior, pero también a la hora de llevar a cabo tu obra.

 

La curiosidad es una de las armas más efectivas de un escritor. Puedes sentir curiosidad por temas que conoces, incluso que dominas. Nunca se tiene suficiente información, siempre hay espacio para un poco más.

 

En la mayoría de los casos tendrás que documentarte, incluso cuando escribas historias actuales. La documentación no es algo exclusivo de la novela histórica. Tendrás que estudiar e investigar mucho para dotar a tus textos de credibilidad.

 

9 Organización

Como puedes ver la profesión de escritor no sólo es escribir, requiere muchas más cosas. Algunas de ellas van a quitarte mucho tiempo, por lo que la organización es fundamental si no quieres ahogarte en un mar de tareas pendientes.

 

Una mala organización o estar constantemente improvisando y cambiando de guion puede llevarte a ir dejando tareas pendientes una detrás de otra. Seguramente te suene esa palabra tan de moda que es “procastinar” y sustituye al dicho popular “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Una pobre organización te hará ir todo el rato a remolque y apenas te dejará tiempo para lo realmente importante, escribir.

 

Y a la hora de escribir, por muy intuitivo que seas, necesitaras otro tipo de organización, el de las ideas. Cada escritor somos un mundo, algunos generan esquemas rígidos que siguen al píe de la letra y otros nos dejamos llevar un poco más. Aún así necesitas ordenar las ideas, saber a dónde vas y que quieres contar.

 

Antes de empezar cada sesión de escritura es bueno pararse a pensar qué quieres escribir y organizar como vas a hacerlo.

 

10 Aceptar el fracaso

Son muy pocos los casos de escritores o artistas famosos que hayan triunfado a la primera. Generalmente, el secreto de que suene la flauta, y que nunca se cuenta, radica en no dejar de soplar. Cuando decimos ser escritores deberíamos asumir el “no”. Este proceso nos ahorrará muchas decepciones.

 

Si no recibes respuesta de ninguna editorial, y la que lo hace te dice amablemente que no van a publicarte, no debes venirte abajo. Es parte del juego y además es lo más normal. Llamar la atención de un editorial es un trabajo muy difícil y muchas veces no tiene ni tan siquiera nada que ver con la calidad de tu trabajo.

 

También te puede pasar que cuando la gente lea lo que escribes no les guste. Incluso que seas tú al que no le gusta el resultado de lo que has escrito. No pienses que no vales, seguramente lo único que necesites es un poco más de práctica.

 

Todo lo que hacemos en este oficio sirve para aprender. Es importante que te hagas amigo del fracaso, porque es posible que te acompañe mucho tiempo. La clave está en que sepas sacar un aprendizaje de cada intento fallido. Eso te convertirá en un escritor mucho mejor de lo que serías si alcanzases el éxito a la primera.

 

11 Bagaje vital

Los kilómetros de carretera que lleves y las cicatrices que decoren tu alma serán fundamentales en tu oficio de escritor. Cuando lees algunos escritos de gente especialmente joven, compruebas que muchas veces lo que les falta a sus textos es experiencia vital. Esto no quiere decir que alguien con 20 años no esté preparado para escribir una gran novela. No es una cuestión de años, sino de experiencia y de cómo mirar la vida. Hay personas de 17 años que acumulan más vivencias que muchas de treinta o cuarenta.

 

Lo importante es que cuando escribas tengas algo importante que contar, algo único que sólo tú puedas transmitir.

 

En mi caso, a veces, cuando leo algún texto de cuando empezaba a escribir, me sonrío, no por lo mal escrito que estuviese el texto técnicamente, sino por los pensamientos que plasmé y se quedaron guardados en el cuaderno o en el disco duro.

 

Esto no quiere decir que esperes a acumular experiencias para ponerte a escribir. Nunca se es suficientemente joven para empezar a hacerlo. Al principio, escribe y escribe mucho, sin pensar en editar. Da igual la edad que tengas. Poco a poco irás mejorando. Escribir también amplia tu bagaje vital, porque te ayuda a escarbar en tu inteior, a reflexionar. Cuando estés preparado escribirás esa novela que merezca ser editada.

 

12 Autocrítica

Este es el último punto de este artículo, pero no por ello en menos importante. La autocrítica es esencial para cualquier trabajador, independientemente del oficio que desempeñe. Para alcanzar una correcta capacidad de autocrítica necesitarás madurez, que va muy ligado al punto anterior.

 

En este punto es como el juego de las siete y media o el más internacional blackjack, que hay gente que o se pasa o que no llega. Conocerás gente que todo lo que haga le parecerá una obra de arte y otros a los que les parecerá todo una mierda. Seguramente, en los dos casos estén equivocados.

 

Ser crítico con tu propio trabajo es realmente difícil. Cuando ofrecemos una crítica nunca somos del todo objetivos. Una crítica puede estar fundamentada en aspectos técnicos y tangibles, pero al final siempre es un ejercicio subjetivo. Cuando estamos frente a nuestro trabajo es mucho más difícil ser justos.

 

La experiencia y el conocimiento te ayudarán en esto. También tener un gran bagaje como lector que te permita comparar tu obra con la de otros autores. Normalmente, cuando terminamos de escribir una obra, solemos dejarla reposar un tiempo para leerla con un poco más de distancia. En realidad, es difícil distanciarse en uno o dos meses de algo que llevas escribiendo un año o más, pero algo ayuda.

 

Está bien escuchar la opinión de otras personas. Piensa que la mayoría de la gente no te va a engañar, no tienen motivos, al menos cuando te dicen que no es suficientemente bueno. Desconfía más de los que te adulan que de los que te dicen que el texto no es bueno. Cuando alguien nos pide nuestra opinión sobre lo que ha escrito, lo que quieren es que les digamos que han creado el nuevo Quijote. Te aseguro que si le tengo que dar mi opinión a alguien, empiezo a leer con la esperanza de que haya escrito algo realmente bueno. No es plato de buen gusto decirle a alguien que el texto hace aguas por todos los lados.

 

Yo he aprendido a relativizar tanto las críticas buenas como las malas. Intento aprender de todas por igual. Analizo y considero lo que me dicen. Lo razono y veo si pueden tener o no razón. Pero tengo un criterio, abalado por un bagaje, muchos años de escritura y muchas lecturas con las que comparar.

 

Espero que te haya gustado el artículo y que te haya servido de algo. En la próxima entrega veremos cosas que deberías de hacer antes de empezar a escribir una novela. Siempre enfocado para todos aquellos que piensan en hacer de la literatura su profesión.

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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By Javier Rumego

¿Es suficientemente buena la calidad de los libros independientes?

La calidad de los libros independientes está en entredicho por ser el eslabón más débil de la cadena. Libros y literatura son dos cosas distintas que a veces confluyen armónicamente en el mismo espacio, pero no necesariamente. La literatura es sólo una pequeña parte de un mercado que mueve miles de millones de euros al año. Cuanto antes te metas esto en la cabeza, mucho mejor. Te evitará disgustos y dolores de cabeza.

 

Tienes que dejar de ver un libro como algo sagrado a lo que rendir pleitesía y verlo como un producto. Y sí, hablo de productos porque es lo que son. Aquí no estamos hablando de literatura, eso es otra cosa muy diferente. A mucha gente le gustan los libros pero no a todos les gusta la literatura. Las personas compran libros por motivos muy diferentes. La mayoría, por supuesto, para leer y entretenerse, otras para decorar la casa, para parecer más cultas o para que el famoso de turno se los firme.

 

Desde hace unos años vivimos una revolución editorial fascinante. Actualmente podemos encontrar un amplio abanico de alternativas a la edición tradicional. En España existe un gran número de pequeñas editoriales y empresas de servicios de edición que pueden facilitarte publicar tu novela, especialmente si eres un escritor novel y te has desgastado los nudillos llamando a las puertas de las grandes editoriales y lo único que has conseguido es silencio. Pero si alguien ha puesto esta industria patas arriba han sido las plataformas online como Lektu, Bubok, Lulu y por encima de todas ellas, Amazon.

 

Nunca ha sido tan fácil ver tu libro publicado, ya sea en formato digital o en papel, lo cuál puede llevar a mucha gente a plantearse si la calidad de los libros independientes es suficientemente buena. De hecho, hay gente que afirma rotundamente que no lee ni leerá a ningún escritor desconocido porque la calidad de los libros independientes es mala.

 

Abrir las puertas de par en par para que cualquiera publique su libro, incrementa las posibilidades de encontrar libros mal escritos. La inexistencia de filtros y la osadía de muchos autores puede hacer peligrar la reputación de la calidad de los libros independientes. Sin embargo, el panorama en las editoriales tradicionales no está mucho mejor. Acomódate en la silla, en el sofá o dónde quiera que estés, porque a lo largo de este artículo voy a hablarte sobre la calidad de los libros en el panorama actual.

 

Diferentes opciones para editar

Antes de nada, quiero que veamos resumidamente las diferentes posibilidades que tenemos a la hora de publicar un libro, especialmente cuando no hemos publicado nada antes.

 

Digamos que tenemos tres opciones principales a la hora de publicar. Las explico muy brevemente.

 

Edición tradicional

Es cuando la editorial te paga por tus derechos de autor para llevar a cabo la explotación de tu obra. Ellos exponen su dinero para sacar tu libro adelante. Se encargan absolutamente de todo: correcciones ortotipográficas y de estilo, edición, maquetación, diseño de la portada y contraportada, promoción, etc. Vamos, ellos lo hacen todo. Confían en tu talento o en tu producto y arriesgan. Tú no tienes que preocuparte de nada, o de casi nada.

 

Algunos autores independientes hablan pestes de las editoriales tradicionales hasta que una de las gordas le pone un contrato y una estilográfica encima de la mesa. No nos engañemos, la mayoría de los que escribimos aspiramos a ser publicados por una gran editorial. Ser publicado por una editorial te ofrece una serie de posibilidades que no tienes de ninguna otra manera. Lo primero de todo es el prestigio, luego están el acceso a las distribuidoras y la posibilidad de vender tu libro en grandes centros comerciales, librerías, etc., así como presencia en eventos y firmas de libros en las ferias más importantes.

 

Entrar en una editorial tradicional no es nada fácil en la actualidad, seguramente nunca lo ha sido. Si no eres famoso lo tienes realmente jodido, incluso si escribes rematadamente bien (de esto hablaré un poco más adelante). Por el momento te diré que puedes intentar mandarles tus manuscritos o participar en sus concursos literarios. En muchos casos tendrás que bajarte los pantalones y poner el culito en pompa para acceder a sus condiciones.

 

Por este y otros motivos la tendencia está cambiando en EEUU. Algunos escritores de prestigio han decidido abandonar el barco y se han lanzado a la aventura. Ya sabemos que lo que se pone de moda en el “país de las oportunidades” termina desembarcando tarde o temprano en Europa. Ya veremos lo que pasa finalmente a este lado del océano. Personalmente creo que en España difícilmente un escritor con fama y fortuna va a querer cruzar solo el Orinoco.

 

Si quieres más información de cómo publicar con una editorial tradicional te recomiendo que leas este artículo de escritores.org

 

Coedición

La coedición es cuando una editorial o supuesta editorial te ofrece publicar tu libro corriendo tú con todos los gastos o, en el mejor de los casos, repartiéndolos al 50%. Personalmente esta opción no me gusta, incluso cuando estas editoriales tienen acceso a las distribuidoras y presencia en ferias importantes.

 

Con las editoriales de coedición hay que tener los ojos muy bien abiertos y las orejas tiesas. Muchas de estas empresas no son otra cosa que empresas de servicios editoriales, y en el peor de los casos simples imprentas enmascaradas que lo único que les interesa es hacer una tirada de libros, importándoles una mierda la calidad de tu novela.

 

En el mejor de los casos la editorial compartirá contigo los gastos, diseñarán tu portada y pondrán a tu disposición sus correctores y editores para revisar tu obra. El acabado final del libro debería de ser óptimo, al menos en cuanto aspecto; del contenido todavía no hemos hablado. Podrás elegir si lo quieres en tapa blanda o tapa dura y una serie de opciones que dependerán del dinero que estés dispuesto a gastarte.

 

A fin de no alargarme más, te dejo este enlace a un artículo de Mariana Eguaras donde encontrarás más información sobre la coedición.

 

Autoedición pura y dura

Yo me lo guiso, yo me lo como. La autoedición es cuando el autor se encarga absolutamente de todo. Una vez tengas terminado tu libro, tendrás que encargarte de corregirlo, editarlo, maquetarlo, diseñar la cubierta, elegir formato, promocionarlo, etc. Si te está entrando vértigo, acomódate en la silla, bebe un poco de agua y coge aire porque esto sólo es el comienzo.

 

Ser autor independiente conlleva muchas más cosas de las que te hablaré en próximos artículos. Por el momento estamos centrándonos tan sólo en el proceso de edición para que publiques un libro saneado y con buena presencia, como cuando vas al baile o a pedir trabajo.

 

Uno de los errores principales de algunos escritores que se autoeditan es pensar que pueden hacerlo todo sin ayuda de nadie. Todos los libros necesitan pasar varios filtros, incluso los que están escritos por los autores más prestigiosos. Quizá pienses que eres especial y que escribes mejor que nadie; ese sería otro error lamentable.

 

Cualquier libro que se publique debe pasar al menos por una corrección ortotipográfica que subsane erratas, signos de puntuación incorrectos y demás alimañas que se esconden entre los matorrales de las letras. La corrección de estilo quizá no sea tan obligatoria pero sí recomendable. Creo que cualquiera que se dedique a escribir debería de tener su estilo definido y manejar las letras lo suficiente como para que no te tengan que entablillar todos y cada uno de los párrafos de tu novela. La portada, si no sabes de diseño gráfico (incluso sabiendo) tendrás que buscar alguien que te haga el trabajo. Pagar 30€ por este tipo de trabajos no es una opción recomendable. Rodéate de buenos profesionales y conseguirás un producto mejor.

 

En mi caso, prefiero publicar por mi cuenta. Ya que voy a gastarme el dinero en correctores y diseñadores, me gusta elegir quién va a hacerme el trabajo. Prefiero ponerme en contacto con empresas de servicios editoriales o profesionales de mi confianza a no saber quién va a hacerme este trabajo. Y respecto a la distribución, trabajo con Amazon que tiene presencia mundial y puede imprimir mi libro bajo demanda.

 

Editoriales independientes

Quiero mencionar antes de cerrar este apartado a las editoriales independientes. Suelen ser editoriales pequeñas con un sector literario muy bien definido, en las que es más fácil asomar la cabeza que en una editorial tradicional y de mayor volumen. Algunas de estas editoriales independientes pueden funcionar como las editoriales tradicionales haciéndose cargo de todos los gastos o pueden ser editoriales de coedición.

 

Sea como sea, a no ser que una editorial tradicional quiera arriesgar su dinero por ti, cosa que no suelen hacer con autores primerizos, tienes muchas opciones para elegir la manera de publicar tu obra. Pero para sacar al mercado un buen producto tendrás que rascarte el bolsillo. De ti depende elegir una u otra opción. Aquí te dejo un enlace de la web Autorquía que seguramente te interese.

 

La calidad de los libros independientes

Una vez aclaradas las distintas opciones de publicación que tenemos, volvemos al principio para hablar sobre la calidad de los libros independientes, y ¡qué coño!, también de los otros.

 

Decir que los libros de autores independientes no tienen calidad no es un argumento válido, más aún cuando viene de alguien que se jacta de no haber leído nunca un solo libro de un autor que no fuera conocido. Para que una opinión pueda ser tomada en serio debería al menos estar fundamentada.

 

Por supuesto que dentro de la literatura independiente hay libros malos, incluso muy malos. Yo mismo me he cruzado con más de uno, pero también he leído muy buenos libros. Exactamente igual que con los libros publicados por grandes editoriales.

 

Lo que sí es cierto, y esto no podemos obviarlo, es que hay todavía cierta tendencia a pensar que si un libro no está publicado por una editorial tradicional es simple y llanamente porque no es suficientemente bueno. Incluso hemos visto este parecer en escritores prestigiosos, probablemente por desconocimiento del mundo editorial más allá del que afortunadamente conocen.

 

Desde luego, si eres un escritor novato y desconocido y le presentas a una editorial un manuscrito sin calidad, no te lo van a editar de ninguna de las maneras. Lo más normal es que te contesten con el más absoluto silencio y que los grillos te canten al oído.

 

Las editoriales no son los guardianes de la literatura

Las editoriales son empresas que como tales tienen que sacar beneficios porque si no lo hacen tienen que echar el cierre como cualquier otro negocio. La literatura es parte de su trabajo, pero tienen que ajustar cuentas y llenar de garbanzos el plato de todos sus trabajadores. Por eso encuentras infinidad de libros que nada tienen que ver con la literatura: libros de cocina, de autoayuda, libros de fotografía, biografías de famosos…, en fin, de todo lo que puedas imaginarte.

 

En cuanto a los libros literarios, no cambia mucho la cosa. Las editoriales no son la Orden Sagrada que tienen que cuidar del arte de la literatura. No, ellas buscan un producto que pueda interesarte y que les salga rentable. Las grandes editoriales tienen gente muy preparada que sabe o cree saber los gustos de los lectores en cada momento. Buscan el género más de moda y lo explotan.

 

Incluso en el caso de que les presentes un buen manuscrito, qué digo bueno, pongámonos en una novela excelente, superlativa…, lo más posible es que no te la publiquen. ¿Por qué? Porque no te conoce ni el tato; así de simple. Si no te conoce ni tu padre, la inversión de la editorial para vender tu obra aumenta, lo que la convierte en una apuesta arriesgada.

 

A las editoriales les importan más los números que las letras

Para ellos es mucho más rentable buscar apuestas seguras, gente conocida que quiera publicar un libro. A una editorial le es más fácil sacarle rentabilidad al libro de Mónica Carrillo o Boris Izaguirre que al tuyo.

 

Luego hay otros casos que si llevas poco en esto quizá te cuesten más digerir. Al final terminas haciendo callo y entendiendo cómo funciona el mundo editorial. El último ejemplo es el libro La tinta de mis ojos de la cantante de OT Aitana Ocaña, editado ni más ni menos que por la editorial Alfaguara, a la que se le presuponía cierta calidad en sus libros. Pero claro, ¿cómo desaprovechar una golosina tan suculenta? La propia cantante ha reconocido que la editorial le puso una “coach literaria” para “ayudarle” a escribir el libro. La cosa suena fea de cojones y huele a podrido, pero será rentable y ayudará a cuadrar las cuentas.

 

Estoy seguro que muchos de los que dicen que la calidad de los libros independientes es mala son consumidores de este tipo de libros que aprovechan el tirón del famosete del momento, como por ejemplo: El abrazo infiel de Olvido Hormigos, Defectos perfectos de Chenoa, Creer: el desafío de superarse siempre de Diego Pablo Simeone o el recientemente publicado Bajo el aro de mi admirado Pau Gasol. No voy a decir que estos libros no sean interesantes, pero calidad literaria más bien poca. Eso sí, están bien presentados y seguramente no tengan erratas.

 

Luego están los libros de rebaño. Casos como el de Megan Maxwell, quien en esta entrevista confiesa que no lee libros y se inspira viendo pornografía. Sin embargo, esta escritora madrileña tiene un éxito de ventas increíble y una legión de seguidores con nombre propio. Ellas dando palmas con las orejas por hacer tríos. Ellos dándole las gracias porque ya se veían el resto de su vida tocando la zambomba. Sin duda, un gran acierto de la editorial que le propuso hacer este tipo de novelas. Igual que la lectora profesional que recomendó publicar el libro El tiempo entre costuras de María Dueñas; una novela, a mi modo de ver, con una narrativa muy justa, un ritmo intermitente, un final mal desarrollado y personajes desaprovechados, que sin embargo vendió más de un millón de ejemplares.

 

Aquí entraríamos a hablar de los gustos de los lectores y del público en general. Pero sería muy extenso y es mejor hablar de ello en otro artículo más adelante.

 

Bienvenidos a la jungla

La competencia en el mundo editorial es despiadada. Los libros mueven mucho dinero, y ese es un animal muy hambriento. Las grandes editoriales se dan de hostias para sacar sus productos adelante. Son capaces hasta de inventarse géneros literarios con tal de aumentar sus ventas.

 

Y en medio de esa guerra de gigantes aparecemos nosotros, los escritores independientes, intentando hacernos un hueco con nuestro tirachinas. Tienes que ser muy testarudo y tenaz para sobrevivir y no caer en la desesperanza. Sólo a base de constancia y trabajo duro podrás recoger unas migajas del pastel. Quizá entonces una gran editorial te ofrezca unirte a su ejército.

 

Ganar un lector es un trabajo arduo pero muy gratificante. Sólo podrás hacerlo si la calidad de los libros independientes que escribas es realmente buena. Cada año se editan cientos de miles de libros. Entre ellos tienes que competir con grandes escritores y con los clásicos, que siempre habitan las estanterías. Cómo le dices a un lector que te lea a ti antes que Shakespeare, que a Reverte, que a Javier Marías, que a Dolores Redondo, que a Bulgákov…, que a tantos otros.

 

Los escritores independientes no somos los salvadores de la literatura

También puedes encontrar personas que despotrican sobre las novelas que publican las editoriales más prestigiosas. Creo que algunos escritores piensan que los escritores independientes somos los que vamos a salvar a la literatura. Pero nosotros no salvamos nada, no somos adalides de nada. Tan sólo hacemos nuestro trabajo de la mejor forma posible, gastando nuestro tiempo, nuestro dinero y a veces incluso a nuestros seres queridos.

 

Afortunadamente sigue habiendo muy buenos escritores y editoriales que publican sus libros. Por supuesto hay mucha “comida rápida” que quita el hambre, pero también hay muy buenos libros que alimentan el espíritu. Sólo hay que saber buscar.

 

En realidad, si ves el catálogo de libros de las estanterías del Corte Inglés o de la FNAC y el catálogo de Amazon a veces piensas que estas viendo lo mismo. Las ansias por labrarnos un nombre que nos permita vivir de nuestras letras, pueden hacernos caer en los mismos errores. Mismos géneros, portadas similares, sinopsis muy parecidas. Muchas veces viendo las cubiertas de los libros, de uno y de otro sitio, tengo la sensación de estar viendo una de esas películas de Antena 3 de un sábado por la tarde. Afortunadamente hay excepciones, al igual que antes, tan sólo hay que saber buscar. Y leer mucho.

 

¿Eres de los que arriesgas o de los que no salen de su zona de confort?

Si has llegado hasta aquí, te pediría que abras un poco la mente y nos des una oportunidad. Si el primer libro independiente que eliges no es suficientemente bueno, haz como harías con un libro de los que habitualmente consumes, y no te rindas. Hay buenos escritores independientes esperándote como pueden ser: Joan Roure y su maravillosa novela La casa entre el sorgo o Marta Abelló con Los Hijos de Enoc o Iván Gilabert con La Roca Sagrada o Gema Herrero Virto y sus Crímenes del Lago.

 

También puedes entrar En el Laberinto, mi novela, TOTALMENTE GRATIS. Sin salir de la web. Pongo a tu disposición los tres primeros capítulos para que no tengas que pagar antes de decidirte. De hecho, subo la apuesta. Desde ahora no son tres sino cuatro los capítulos que puedes leer antes de decidir si quieres gastarte el dinero.

 

Concluyo diciendo que puedes encontrar muy buenos libros tanto de editoriales prestigiosas como de autores independientes, que el único problema que tienen es su falta de visibilidad y la inaccesibilidad a una de las grandes editoriales, así como la reticencia de algunos lectores a salir de su mundo de confort y arriesgarse con la lectura.

 

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By Javier Rumego

8 hábitos que nos ayudan a ser mejores escritores

Estamos casi a mediados de noviembre. Antes de que queramos darnos cuenta nos veremos en medio de las fiestas navideñas, rodeados de polvorones, mazapanes y árboles con luces. Ya se sabe, septiembre y enero son fechas de nuevos propósitos, que se cumplan o no es otra historia. Quizá uno de esos propósitos que tienes para el año que viene es mejorar la calidad de tu escritura. Es posible que quieras dedicarte a escribir o, tal vez, simplemente te interese escribir mejor los emails.

 

Este artículo está pensado especialmente para todos aquellos que queremos vivir de la literatura. Si tus pretensiones son más humildes, te invito igualmente a que te quedes, pues considero que encontrarás información que te será de gran utilidad.

 

Lo más natural en estos tiempos de la comunicación global es acudir al omnipresente Google, que como buen caballero andante está siempre dispuesto a echarnos una mano. Es fácil encontrar un buen número blogs dónde nos den valiosos consejos para mejorar nuestra técnica narrativa. Los rankings entre 10 y 20 consejos para escribir mejor proliferan como las setas en un otoño lluvioso. Como es lógico muchos de los consejos se repiten de un blog a otro. Normal. Hay muchas maneras de hacer una tortilla de patata, pero sin huevos, patatas y aceite nos será del todo imposible.

 

Algunos de los blogs más interesantes que he encontrado con consejos infalibles para escribir mejor son: éste de Inteligencia narrativa donde nos dan 7 trucos muy acertados; Universia nos habla de 10 trucos y acciones algo distintas más enfocadas a la metodología de trabajo; Entrepreneur sube la apuesta hasta 20 tips concisos y muy interesantes; la web Emezeta se centra en 10 consejos para evitar faltas de ortografía; la web Psicología y mente se especializa con 6 consejos psicológicos para escritores; y si lo que quieres es profundizar sobre algo más concreto siempre puedes encontrar por internet tesoros como el magnífico artículo de Celia Arias sobre el uso de la cursiva.

 

Considero que hay suficiente información en internet, y fuera de ella, para mejorar la calidad de nuestra escritura como para publicar otro artículo que hable poco más o menos de lo mismo. Por ello quiero desmarcarme hablándote de una serie de hábitos que harán que tu literatura mejore sustancialmente.

 

Ya te anticipo que no te voy a hablar del correcto uso del artículo, ni de la conveniencia de limitar los adjetivos, ni del peligro que tiene abusar de los adverbios, ni tan siquiera te hablaré de una de las piedras filosofales de cualquier escritor como es la corrección de los textos (esto requeriría un artículo a parte). No, en este post no encontrarás nada de esto. Quiero centrarme en aquellas cosas alejadas del teclado que nos hacen ser mejores escritores. En realidad, son hábitos que te servirán para enriquecerte como persona, y que te ayudarán a mejorar en cualquier ámbito de la vida.

 

1 Abandonar la pereza

Perseguir un sueño puede ser la mayor prueba de desgaste a la que te enfrentes en toda tu vida. El desaliento es un enemigo tenaz. Tendrás que superarlo para no hincar la rodilla, y una vez doblada tendrás que seguir luchando contra él para volver a levantarte. No es fácil, lo sé. Ningún sueño lo es, y la literatura no iba a ser la excepción. Así pues, si no estás dispuesto a trabajar duro, te recomiendo que te pienses muy en serio abandonar el barco en este preciso instante.

 

El afán de superación, de querer mejorar hasta rozar la perfección es el factor común de todas aquellas personas que han destacado y destacan en sus respectivas disciplinas. Uno de los ejemplos que más me motivan es el del exjugador de baloncesto Michael Jordan. No fue su físico ni su naturaleza competitiva lo que le llevaron a ser el mejor de la historia de este deporte, sino su capacidad de trabajo y su obsesión por mejorar cada día.

 

Seguramente tú no pretendas ser el mejor escritor de todos los tiempos. Oh sí, quién sabe. De momento centrémonos en ser un buen escritor, que ya te digo que no es fácil. Desconozco las aptitudes innatas que tienes para la escritura, pero llegarás más lejos si estás dispuesto a dejarte la piel. Con trabajo, esfuerzo y constancia conseguirás mejorar la calidad de tu escritura hasta donde tu talento te permita.

 

2 Leer

Ésta es de cajón. Cuanto más leas, mejor escribirás. Todos los que nos dedicamos a escribir empezamos en este negocio sin darnos cuenta al abrir nuestro primer libro, o tal vez ese libro que cambió para siempre nuestros sentimientos por la literatura.

 

Mucha gente se pregunta cómo hay que leer un libro o qué tipo de literatura hay que consumir para aprender a escribir mejor. Hay quien te dirá que debes leer a los clásicos, otros que lo hagas despacio y con un subrayador en la mano. Yo te sugiero que leas aquello que te guste y lo que te haga disfrutar de la lectura.

 

Con cada libro que leemos, aprendemos. Al principio lo hacemos de manera inconsciente. Según vamos adquiriendo experiencia, descubrimos matices que antes nos pasaban desapercibidos. Con cada lectura no sólo conocemos nuevos mundos, sino que conectamos con la mente de quienes los escribieron: sus miedos, sus anhelos, sus odios, sus esperanzas; todo está ahí, esperándonos. Ningún libro se hizo para todo el mundo y no siempre estamos preparados para leer todos los libros. Disfruta, lee, también arriesga. No te limites a leer siempre lo mismo. Atrévete a salir de tu zona de confort. Poco a poco tus gustos literarios se irán definiendo y serás capaz de extraer más aprendizaje de cada lectura.

 

3 Escribir

Tan obvia como la anterior. Dicen que la práctica hace al maestro, y no puedo estar más de acuerdo. A veces no tenemos las cualidades innatas para dedicarnos a algo, pero la mayoría de las veces se puede suplir con trabajo y esfuerzo. Sé muy bien de lo que hablo. Nunca tuve la facilidad que vi en otra gente para el dibujo. Lo mío fueron horas de estudio y cabezonería. Con ello me dio para dedicarme durante casi veinte años a la ilustración profesional.

 

Aprender a escribir es igual que cualquier otra cosa en la vida. Así pues, si quieres escribir mejor, empieza a escribir. ¿El qué? Lo que sea. Puedes empezar por algún relato corto, escribir un diario o simplemente aquellos pensamientos que pasen por tu cabeza sin necesidad de darle un sentido más amplio. Escribe, experimenta, diviértete. Si crees que necesitas un poco más, siempre puedes apuntarte a un taller de escritura. Son muy útiles, se pasan buenos momentos y se conoce gente interesante.

 

4 Llevar siempre algo donde apuntar

Nunca se sabe cuándo vamos a tener esa idea que nuestro subconsciente anda buscando como un asesino silencioso. Por norma general aparece de manera imprevista, abrupta, como un tsunami que arrasa con todo y luego se va, dejando tan sólo un montón de escombros y desolación. Es en ese momento cuando tenemos que atraparla como si fuésemos un botánico del siglo XIX que ve pasar una extraña mariposa en una remota isla del Pacífico Sur.

 

Es cierto que en la mayoría de los casos podremos recuperar ese pensamiento sin demasiadas dificultades, pero otras se evapora sin más, sin rastro, dejando tan sólo eso; desolación.

 

En mi caso suelo llevar un cuaderno de tapas negras y un bolígrafo, también de tinta negra. Tengo cuadernos y libretas de distintos tamaños, y apunto casi todo lo que se me cruza por la cabeza. La mayoría de las ideas terminan siendo desechadas, otras perviven y quién sabe si algún día puedan convertirse en inmortales.

 

5 Viajar

Es una de las cosas que más enriquece al ser humano. Viajando expandimos la mente y aprendemos las costumbres de otras culturas. Al viajar descubrimos civilizaciones y parajes que nos servirán de escenarios para nuestras novelas: ya escribamos fantasía, novela negra, realismo o lo que sea. Al viajar hacemos nuestro mundo interior más amplio y eso se verá reflejado en una escritura más rica y profunda.

 

6 Vivir experiencias

Escribir sobre lo que conocemos de primera mano nos permite trasmitirlo mejor al lector. Cuando sabemos por nuestra propia experiencia de lo que estamos hablando, podemos sacar de dentro una infinidad de emociones y sentimientos que de otra manera sería imposible.

 

Si conocemos lo que se siente al sufrir un desamor, a que nos toque la lotería de Navidad o a rompernos una pierna, conseguiremos que la redacción sea más intensa, real y creíble.

 

Seguramente no te enfrentes a situaciones vitales a cada rato, aún así intenta vivir con intensidad cada instante, por muy cotidiano que sea tu día a día.

 

Hay escritores que sólo escriben sobre sus vivencias, sobre lo que conocen de primera mano. Cuando tienen que plasmar en un texto algo que aún no han vivido se lanzan al vacío y experimentan. Esto puede ser una práctica osada, incluso peligrosa, dependiendo de lo que escribas y de tus propios límites.

 

Por supuesto, no es obligatorio hacerlo así. A veces, incluso es imposible. Hay experiencias que no siempre vamos a poder vivir. Por ejemplo, un hombre no puede saber lo que siente al dar a luz. Puede hacerse una idea, pero jamás sabrá el dolor ni la satisfacción exacta que se siente. Esto no quiere decir que un hombre no pueda redactar una escena así con veracidad. Incluso es posible que te transmita más emociones que la misma escena narrada por una mujer. Aquí ya entra en juego la habilidad de cada escritor. Pero para conseguir algo así, son necesarios los dos siguientes puntos.

 

7 Hablar con la gente

Al hablar con otras personas y sobre todo al escucharlas aprendemos cosas que desconocemos. Recopilamos información sobre experiencias y sentimientos que no hemos vivido y que no podremos vivir como comentaba anteriormente. También nos da la oportunidad de conocer historias dignas de ser convertidas en novelas.

 

Por poner un ejemplo, el autor independiente de gran éxito, Fernando Gamboa, escribió La historia de Luz gracias a que una amiga suya colombiana le contó la historia de una niña, llegándole tan profundo que no tuvo más remedio que escribirla. Ejemplos como éste hay cientos, incluso miles, dentro de la literatura. De nuestras conversaciones conseguiremos historias para una novela o quizá anécdotas para un personaje o simplemente alguna escena.

 

8 Empatizar

Meternos en la mete de otras personas, tratar de entender por qué alguien hace lo que hace o por qué piensa como piensa, es fundamental para dotar a nuestros personajes de una profundidad, complejidad y realismo que de otra manera no tendrían.

 

Evita juzgar y procura comprender aun cuando no estés de acuerdo con ello, especialmente entonces. Vivimos en un mundo de lo inmediato, de verdades, de bandos. Cuando alguien dice lo que piensa se expone al juicio de las hienas. Empatizar nos lleva a entendernos y a respetarnos.

 

Hacer que los lectores se encariñen con los protagonistas, con los personajes buenos, generosos y entrañables es relativamente sencillo. Lo complicado está en hacer que amen a esos personajes despreciables que quieren arruinarlo todo. Sólo hay una manera de hacer esto, y se consigue cargándolos de razones. Hay que hacer que el lector entienda cuál es el motor que los mueve, por qué hacen lo que hacen. De esta manera, conseguirás que el lector  se alinee con ellos, y desee en secreto que consigan sus objetivos.

 

En la novela El hombre de San Petersburgo de Ken Follett, el genial escritor galés nos mete perfectamente en la piel de un terrorista ruso. Durante su lectura llegas a entender porqué quiere llevar a cabo su propósito. Puedes estar de acuerdo o no con él, eso es lo de menos. Lo importante es que tiene sentido y lo entiendes. A veces, incluso sin compartir sus ideales, le coges cariño. Si hay un escritor, a mi modo de ver, que consiguió esto a la perfección fue Robert Louis Stevenson, creando a uno de los personajes más memorables e icónicos de la literatura universal como es el malvado pirata de una sola pierna, Long John Silver.

 

 

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By Javier Rumego

Escritores a pecho descubierto, y la imposibilidad de gustarle a todo el mundo

Si eres escritor o estás planteándote serlo, lo primero que deberías hacer es asumir que es imposible gustarle a todo el mundo. En la jungla de la literatura, los escritores nos enfrentamos a un gran número de animales salvajes: el folio en blanco, la inspiración, la incoherencia, nuestros propios miedos, los editores, las musas, los personajes…, pero nadie tan temible que tú; sí, tú.

 

Los seres humanos, como cualquier otro animal, nacemos cargados de instintos primitivos. Algunos duran toda la vida, otros se evaporan como el vaho al abrir la ventana. En nuestra juventud tenemos la necesidad de gustarle a todo el mundo. Según vamos haciéndonos mayores, comprendemos que no siempre es posible. Da igual lo amables y cordiales que seamos, siempre habrá alguien a quien no le caigamos bien; a veces, precisamente por ser amables.

 

Con la literatura pasa exactamente lo mismo. Si eres escritor y pretendes que tu libro le guste a todo el mundo, lamento decirte que esa es una guerra que no puedes ganar. Por eso mismo, si alguien comenta que no le ha gustado tu trabajo, no debes tomártelo como un ataque personal. Hoy en día, con las redes sociales es más fácil que nunca tener un resbalón que difícilmente podrás remontar.  Por supuesto, no te conviene ser impertinente y maleducado con alguien que te ofrece una opinión valiosa y sincera.

 

¿Conoces un solo artista que le guste a todo el mundo?

En realidad esto sucede en cualquier disciplina artística. No conozco un solo músico, escultor o pintor, por muy bueno que sea, que le guste a todo el mundo. Y es que cuando de arte se trata, todo se resume a una cuestión de emociones y gustos personales.

 

Yo, por ejemplo, podría enumerar un buen número de músicos y cantantes que no me gustan. Estoy hablando de artistas con miles o millones de fans capaces de dormir a la intemperie en la Antártida en pleno invierno por conseguir una entrada para un concierto. Hablo de cantantes consagrados, con varías décadas de trayectoria; algunos toda una vida. Y sin embargo, a mí no me gustan. Sin embargo, no se me ocurriría decir que son malos. Es más, reconozco que algunos son realmente buenos; talentosos artistas de tomo y lomo, que por las razones que sean no soy capaz de conectar con ellos. Lo que no haré de ningún modo es decir que son una mierda, ni defenderé mis gustos atacando a la gente a la que sí les guste su arte.

 

Como decía un poco más arriba, todos los artistas, seamos de la disciplina que seamos, tenemos algo en común: . Cuando hacemos pública nuestra obra nos exponemos al juicio de la gente. El público es nuestro animal más despiadado. Pero también es quien nos da calor y nos alimenta en las noches más frías y oscuras. Nosotros quedamos frente a vosotros, en pelotas, con los brazos abiertos, esperando que no nos acuchilléis.

 

En mi caso, soy consciente de que mi novela En el Laberinto puede no gustarle a cierto tipo de gente (si eres  una persona que se escandaliza con facilidad, seguramente estés dentro de este grupo). De hecho, hay personas que la han leído y me lo han dicho abiertamente. Algunos por su dureza, otros por sentirse demasiado identificados con el personaje. Precisamente motivos por los que a otros muchos les ha encantado. Cuestión de gustos.

 

Asume que tu trabajo no le va a gustar a todo el mundo

No gustarle a un lector o recibir una mala crítica no debería de ser preocupante. Los escritores deberíamos de aprender a guardar nuestro ego, sobre todo cuando la crítica está hecha con educación y respeto. Cuanto antes asumas que no vas a gustarle a todo el mundo, antes estarás preparado para ser el tipo de escritor que deberías de ser. Lo que sí pedimos es educación y respeto en las críticas. Que algo no le guste a uno, no quiere decir que necesariamente sea malo. Por lo general, todos solemos tener en demasiada estima a nuestra opinión. Más aún en estos tiempos modernos en los que hemos cambiado el cara a cara por la comunicación global.

 

El negocio de los libros mueve mucho dinero, y ya se sabe: el dinero atrae a los tiburones más que la sangre. Hacerse visible en este océano y conservar las dos piernas es una tarea realmente difícil.

 

Los escritores que publicamos nuestras primeras novelas y no estamos respaldados por una editorial dispuesta a dejarse la pasta gansa para que la gente nos conozca, nos sentimos a veces en medio del mar, flotando a duras penas agarrados a un madero. Y ese trozo de madera, vuelves a ser tú, querido lector. Las reseñas en los blog, en las páginas de Amazon, en Goodreads o en las redes sociales son una de las pocas armas con las que podemos abrirnos un pequeño hueco en este mercado de tres hileras de dientes.

 

Una buena práctica para enfrentarnos a las valoraciones de los lectores es relativizar tanto las buenas críticas como las malas.

Los escritores, sobre todo los que empezamos a cruzar el bosque sin ninguna compañía, tememos el momento de una mala crítica. Las opiniones que los lectores hacen de nuestro trabajo es de las cosas que más influyen en un posible futuro lector a decidirse a gastarse su dinero en nosotros. Pero por otro lado está algo mucho más delicado, frágil y difícil de reconstruir: nuestra confianza. Pensar que alguien hablé mal de nuestro trabajo puede llevarnos a pensar que no somos tan buenos como creíamos. Por suerte o por desgracia una mala crítica es algo de lo que ningún escritor, por consagrado que esté, se escapa. En Amazon, el gigante norteamericano que ha puesto el mercado editorial patas arriba, podemos encontrar valoraciones negativas a libros y a escritores de primer nivel.

 

Así por ejemplo, podemos encontrarnos El Asirio de Nicholas Guild, que para mí es una de las mejores novelas históricas que se ha escrito, con un comentario negativo de una lectora a la que no le gustó la obra.

 

 

De igual modo, tenemos a Houellebecq y su, a mi juicio, magnífica novela Sumisión con un buen número de comentarios nada favorables.

 

 

También podemos encontrar comentarios bochornosos en el último libro de Carlos Ruiz Zafón, uno de los escritores con más éxito y ventas de los últimos años.

 

 

La lista de autores con alguna mala reseña es interminable: Bukowski, Kent Follet, María Dueñas, Javier Marías, Hemingway, Dolores Redondo, Pérez Reverte, Bulgakov, Camus, Stephen King… Puedes dar una vuelta por Amazon y ver los comentarios de estos y muchos otros autores.

 

Por mi parte, he de decir que afortunadamente mi novela En el Laberinto está gustando, y mucho, a los lectores. En este preciso momento cuenta con 25 opiniones en Amazon, 24 de ellas de 5 estrellas y 1 de 4 estrellas. Aquí puedes verlas, hay alguna que realmente me pone los pelos de punta, y quiero darles las gracias a todos los que se han parado un momento a escribir su opinión sobre mi trabajo.

 

Las reseñas en blogs son otro cantar. Aún sigo siendo un hombre invisible perdido en el desierto. Si no has leído mi artículo al respecto puedes hacerlo pulsando aquí. La mayoría de los blogs están enfocados a uno o dos géneros concretos: romántica, terror, suspense, erótica, fantasía, juvenil… Mi novela es muy difícil de encuadrar en un género concreto. Eso hace que muchos blog no quieran invertir su tiempo en leerla. Aún así, si alguien se anima, le estaría enormemente agradecido.

 

No descarto el día en que llegue una opinión negativa sobre mi novela. Cuanto más nos exponemos, más posibilidades existen de que a alguien no le guste nuestro trabajo. Eso no quiere decir que sea malo, simplemente que hay alguien a quien no le gustó. Ahí es donde empezaremos a parecernos a los más grandes.

 

 

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20 maestros de la literatura que me han influenciado. Parte I

Una de las cosas buenas que tiene este oficio de juntar palabras es que no hace falta conocer en persona a un gran escritor para aprender de él. De hecho, ni tan siquiera es necesario coincidir en el tiempo. Por supuesto que muchos de nosotros daríamos una parte de nuestro reino por mantener una conversación con cualquiera de los grandes maestros de la literatura como Cervantes, Dickens, Bukowski o Tolstoi, por poner algunos ejemplos. No obstante, sus pensamientos, sus técnicas, sus mentes permanecen inmutables en cada una de sus páginas.

 

Una de las tareas más importantes en la vida de un escritor es la lectura. Todos los que escribimos entramos en este mundo a través de ella. La lectura es la que nos abre las puertas de la literatura y quien nos pone el lápiz en la mano.

 

En un principio había pensado hacer una lista con los 10 escritores que más méritos habían hecho para meterme en esta cárcel, pero se me hacía muy corta, por lo que pasó a 15 y finalmente a 20. Aún así se queda mucha gente fuera, auténticos genios. Quiero aclarar que no prentendo hacer una lista académica ni irrefutable. Es un ranking emocional donde entran en juego mis gustos, incluso mis circustancias y cómo llegaron ciertos autores a mi vida. No ha sido fácil. Muchos autores que admiro se han quedado fuera: Carver y sus silencios; Agatha Christie y su talento para crear misterios; Miguel Delives y su perfección para recrear el mundo cotidiano; o Alberto Vázquez Figueroa, un escritor que me entretiene como pocos; y algún que otro más. Seguramente echarás  en falta a unos cuantos; en realidad 20 son muy pocos.

 

Dada la extensión del artículo he decidido que presentaré la lista en dos partes.

 

Como no quiero crear ningún tipo de dogma, este artículo no se titula: 20 autores que tienes que leer antes de cumplir los 30; ni 20 genios de la literatura que tienes que leer obligatoriamente si quieres ser escritor. Es sólo una lista, la mía, y espero que te guste.

 

No es un ranking del mejor al peor —cosa que no sabría cómo diantres hacer—,  sólo quiero enumerar una serie de escritores que me han influenciado a la hora de escribir.  Los he ordenado cronológicamente. Vamos con los 10 primeros.

 

1. Homero

Siglo VIII a.C (aproximadamente)

Lo sé, empiezo la lista con polémica. A día de hoy hay mucha controversia sobre la existencia del poeta griego y sobre la autoría de sus obras. Numerosos estudios defienden que tanto la Ilíada como la Odisea fueron escritas por autores diferentes. Por supuesto también existe la vertiente que defiende que Homero realmente existió como un único poeta y autor de las obras literarias más importantes del mundo antiguo.

 

Sea como sea, me es imposible no incluir los poemas homéricos entre mis influencias. Tendría apenas 20 años cuando me embarqué en la lectura de la Odisea. Mis padres tenían en casa una colección de “los grandes clásicos de la literatura universal”. Entre ellos estaban las penurias del Odiseo para regresar a su hogar con su mujer y su hijo. Creo que fue la primera vez que me enfrenté a un texto antiguo, y desde luego no me esperaba una lectura tan ágil. Las obras de Homero tienen casi 3000 años y su vigor lírico y narrativo permanece fresco a principios del siglo XXI; son de una modernidad abrumadora. La cantidad de obras literarias influenciadas por Homero son incontables. De alguna manera se podría decir que primero fue Homero y después el resto.

 

2. Dante Alighieri

1265 – 1321

La Divina comedia es una de las obras cumbres de la literatura universal. Formó parte de la transición del pensamiento medieval al renacentista. No voy a entrar en el significado y en la simbología de la obra de Dante; no acabaríamos. Simplemente estoy hablando de lo que representan para mí estos autores.

 

La explosividad de sentimientos y emociones que despertó en mí esta obra no tiene con qué compararse. Dante es un maestro con grandes recursos literarios y una pulcritud en sus escritos al alcance de muy pocos. Su ironía e incluso su sentido del humor son muestras de una inteligencia superlativa. Cuando leí su obra no tenía los conocimientos técnicos para valorar este mágnifico libro de manera consciente, pero dejó un poso en mi subconsciente de lo más embriagador. De los tres lugares que habla la obra: Cielo, Purgatorio e Infierno, sin duda la descripción que hace de este último y todo lo que allí encuentra es lo que más me atrajo.

 

Cuando un autor me gusta, investigo sobre su vida. De Dante me sorprendió descubrir que estuvo enamorado desde su más tierna infancia de Beatriz Portinari. Ni tan siquiera el hecho de que ella se casara con otro hombre redujo en él ese sentimiento; si acaso lo agravó transformándola en la máxima representación de las musas. La representaición que hace en La Divina Comedia de Beatriz es mágnifica. Un personaje tan puro, tan noble, tan luminoso, que aún alcanza mayor importancia cuando se conoce la vida del escritor.

 

3. Miguel de Cervantes

1547 – 1616

No podía faltar el escritor más ilustre de las letras castellanas. Las aventuras y desventuras de El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha me acompañaron desde mi niñez. No sé como será ahora, pero durante los años 80 aprendíamos a leer con una versión adaptada del Quijote. Por si fuera poco leer y releer El Quijote todos los años, en 1978 Televisión Española emitió una serie de animación del Quijote que tuvo un éxito rotundo, lo que llevó a numerosas reposiciones.

 

Recuerdo que leíamos El Quijote en voz alta, y que lo odiaba. Si ya te has dado una vuelta por mi web, sabrás que no me gustaba estudiar. Lo mío era el deporte, jugar y andar por las nubes. Una vez acabada mi etapa académica, y lejos de los profesores, empecé a sentirme fuertemente atraído por la lectura. En estas condiciones era imposible no caer en la tentación de coger aquel libro enorme que reposaba tranquilamente en la estantería de casa de mis padres, y que parecía retarme. Sencillamente me atrapó.

 

Conozco a mucha gente que dice que no ha podido con El Quijote. Sinceramente creo que el mayor enemigo de la que es considerada como la obra cumbre de la literatura universal es el recuerdo de querer hacérnoslo tragar al precio que fuera cuando éramos niños. El Quijote es una obra divertidísima con numerosos cuentos dentro de la trama principal, aunque también es de una tristeza tremenda. Lo que en un principio nació como una crítica a las novelas de caballerías, terminó por ser una crítica social y un reflejo de la naturaleza humana, que aún a día de hoy sigue vigente. Miguel de Cervantes fue un genio que no tuvo una vida fácil. El fracaso le acompañó hasta casi el final de su vida. Quizá fuese eso lo que le llevó a construir tan magnífica obra.

 

4. Williams Shakespeare

1564 – 1616

Shakespeare está considerado como uno de los escritores más grandes de todos los tiempos; para los ingleses, por supuesto, el más grande. Los recursos literarios del escritor británico son casi inagotables, así como su capacidad de crear personajes universales.

 

Creo que he leído casi todo de él: Otelo, El Sueño de una Noche de Verano, Hamlet, Romeo y Julieta… Me encanta su inigualable manera de escribir; lo fácil que lo hace, y tambíen lo difícil. Su fantasía, su imaginación, el trasfondo de sus obras, cómo fluyen las palabras…; todo en él es mágico.

 

A pesar de haber leído gran parte de su obra, dudo que haya un pequeño atisbo de Shakespeare en mis escritos. En el Laberinto le brindo un pequeño homenaje.

 

5. Edgar Allan Poe

1809 – 1849

El terror y el suspense no son los temas que más me atraen. Sin embargo, soy de los que considera que la literatura está por encima de eso que llamamos “género”. Poe tiene algo que me cautiva por completo. Esa manera tan particular de contar las cosas, la tensión psicológica de sus escritos, o esa sensación de qué algo irreparable va a suceder hacen que me sea imposible cerrar el libro y acuda a la recurrente frase de “una página más”.

 

El primer libro que leí de Edgar Allan Poe fue La narración de Arthur Gordon Pym. Tenía un barco de vela en la portada, por lo que no pude resistirme. Sin embargo, lo que leí fue muy diferente a lo que podría haberme esperado. La tensión, la intriga, la incertidumbre y la certeza en el subconsciente de que aquello no iba a acabar bien me atrapó en una lectura vertiginosa. Poe me había llevado a su terreno. Después de aquello llegarían El pozo y el péndulo, El gato negro, La carta robada y unos cuantos más.

 

6. Charles Dickens

1812 – 1870

¿Quién no conoce alguna historia de Dickens? Sus escritos han sido versionados en teatro, cine y televisión infinidad de veces. Raro es que alguien no conozca los Cuentos de Navidad, o personajes como Oliver Twist o David Copperfield.

 

Lo que más me gusta de Dickens, a parte de una calidad narrativa sobresaliente, es la capacidad de hacer una crítica social brutal, acompañada de un humor y una ironía al alcance de muy pocos. Era un genio a la hora de atrapar a los lectores. Dominaba completamente a su audiencia. Esa capacidad de crear expectación y dar giros sorprendentes es sencillamente envidiable.

 

7. Fiódor Dostoievski

1821 – 1881

Dostoievski no tuvo una vida fácil. Experiencias duras desde pequeño contribuyeron a que en su mente se formaran un amasijo de ideas y luchas internas que posteriormente se verían reflejadas en su obra literaria.

 

Su literatura me atrapó con la primera línea. Su capacidad de entrar y salir de la trama principal es única. Sus diálogos realistas y apasionados, a veces desaforados, a veces irónicos; el tratamiento de temas cotidianos con una maestría sólo al alcance de su mano, lo convierten en un escritor único. No puedo negarlo, tengo una admiración muy grande por este autor. Crimen y Castigo y sobre todo Los hermanos Karamazov son novelas que todo el mundo debería de leer.

 

8. Gustave Flaubert

1821 – 1880

Es el máximo exponente del realismo francés. Su perfeccionismo y su meticulosidad, la pulcritud a la hora de trabajar sus textos, además de su inmenso talento fueron el fruto de que nos regalara auténticas joyas de la literatura.

 

Madame Bovary es realmente magnífica. Recuerdo que cuando la acabé me quedó un regusto entre felicidad y tristeza. A veces comprendes a Emma, entiendes sus deseos, sus ilusiones, su pasión. Otras, en cambio, la odias, y en la mayoría sientes lástima. Esas idas y venidas que sentí con este personaje me llegaron muy hondo.

 

No tan conocidas son Salambó y la sobresaliente La educación sentimental.

 

9. León Tolstoi

1828 – 1910

Tolstoi está considerado junto con Dostoievski los máximos exponentes del realismo ruso. Ya lo dijo la genial Ana María Matute, los escritores rusos tenían algo muy especial.

 

Ana Karénina es una grandísima obra, pero Guerra y Paz es una novela mayúscula, superlativa, de esas que encienden la mecha de las emociones y hacen tronar los cañones; de las que estás como loco por acabarlas y con las que te entran ganas de llorar por haberlas acabado. Tolstoi tenía una capacidad de remover emociones como muy pocos.

 

10. Robert Louis Stevenson

1850 – 1894

Nadie mejor para cerrar esta primera entrega que el genial Stevenson. Es de esos escritores a los que les tengo un gran recuerdo, y es uno de los elementos fundamentales de que a día de hoy me dedique a escribir. Siempre me han apasionado las historias de piratas. De pequeño me veía todas las películas de Errol Flynn y El temible Burlón de Burt Lancaster. Con estas premisas era inevitable que La Isla del Tesoro fuese una de las primeras novelas que leyera por elección propia (no entiendo por qué no se lee en el colegio).

 

Una de las virtudes que más destaco en Stevenson es la creación de sus personajes y esa dicotomía entre el bien y el mal. Es capaz de hacer que el lector se ponga del lado del villano, y hacer del malo, del temible Long John Silver, unos de los personajes más atrayentes de la literatura universal. Esa dualidad se hace aún más patente en la novela El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

 

 

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Construyendo una armadura para la desesperanza

Es posible que tú, al igual que yo, estés empezando tu carrera como escritor. Seguramente estés intentando abrirte paso en este bosque de lobos. O no. Quizá te dediques a cosas muy distintas. En realidad da un poco igual; este artículo sirve tanto para unos como para otros. La desesperanza no hace distinciones. Al fin y al cabo, ¿quién no ha sentido alguna vez la tentación de tirar la toalla?

 

La desesperanza tiene muchos rostros. Amor, sueños, trabajo, dinero…, cualquier cosa puede llevarnos hasta ella en el momento más insospechado. No es necesario un gran drama. Las expectativas no cumplidas, los sueños rotos y los miedos suelen ser los alimentos más comunes de la fiera. Si no tenemos cuidado acabaremos formando un irreconocible amasijo de carne, huesos y sangre entre las fauces de la bestia.

 

Quizá te sientas enamorado de una persona que no te corresponde; o tal vez tu matrimonió se derrite como un helado en verano; o a lo mejor no consigues el ascenso en el trabajo que tanto deseas, qué coño, igual no consigues trabajo; es posible que no llegues a final de mes; ni hablar de la salud, ni de esas cosas putas que tiene la vida. La desesperanza es una leona agazapada en la hierba de la sabana y, sí, nosotros somos el antílope.

 

Evitar la desesperanza a golpe de martillo

Para evitar ser devorados conviene coger el martillo y apartar a Hefesto de su fragua, a martillazos si hace falta, y forjarnos una armadura que nos proteja de tan peligroso monstruo.

 

La mayoría de los comienzos no son fáciles, a no ser que dispongas de buenos contactos o hayas sido tocado por la varita de la diosa fortuna. Para el resto de los mortales la tierra está llena de piedras y malas hierbas que tendremos que quitar con nuestras propias manos hasta hacerlas sangrar. Quizás encuentres gente que te ayude a desbrozar la tierra, pero por cada roca que te quiten, habrá alguien que tire tres más.

 

Para hacer andar nuestro proyecto lo primero que necesitamos es hacerlo visible. Tenemos que decirle al mundo que hemos llegado. Necesitamos conseguir a toda costa que la pequeña bola de nieve crezca más allá de nuestro círculo de familiares y amigos. No es fácil. Es verano, el asfalto arde y nuestra pequeña bolita de nieve se está derritiendo. El miedo y la impaciencia despiertan a la bestia, que ya ha fijado la mirada en nuestros cuartos traseros. Aún tenemos fuerzas en las piernas para soportar sobre nuestros hombros el peso del desánimo, como si fuésemos Atlas sosteniendo el mundo.

 

Con el aliento de la desesperanza sobre nuestra nuca bombardeamos con publicaciones en Facebook, Twitter, LinkedIn, incluso en un acto de gallardía nos aventuramos en la espesura inexplorada de GooglePlus. Muchos amigos responden ofreciéndonos ayuda, compartiendo y haciendo visible nuestro esfuerzo; la familia por descontado; incluso nos sorprenderá el ahínco de conocidos lejanos, casi tanto como la desidia de gente que pensábamos que iría a la guerra por nosotros. Dentro de nuestra desesperación, el muro de Facebook de algunos amigos está lleno de fotos de gatitos, de bebés que bailan o de los chistes del Cabronazi.

 

Cuando las cosas no salen como queremos es muy fácil arremeter contra todo lo que nos rodea. El cepo está puesto y es muy habitual pillarnos el hocico dándole más valor a las cosas que corren en nuestra contra que a las que están a nuestro favor. Ten una cosa muy clara, si nuestro proyecto no prospera no será por culpa de un amigo que no nos compartió en Facebook.

¡No te enfades con él!

 

En la actualidad estamos expuestos a un exceso de información como nunca antes. Nos bombardean desde todos los flancos: televisión, radio, prensa, redes sociales… Por lo general quieren vendernos algo. Nuestro cerebro se defiende como puede, ignorando la inmensa mayoría de los ataques. Por muy extraño que te pueda parecer, hay gente a la que le preocupa mucho más las tendencias en moda para el próximo otoño, los playoff de ascenso a segunda división, o la reproducción de los monos de nariz chata que lo que tú o yo queramos venderles. Acéptalo.

 

Yo, al igual que mi personaje de En el Laberinto, me encuentro al borde del abismo. La desesperanza lo cubre todo. Cometí el error de escribir una novela sin pretensión de publicarla. Todo mi esfuerzo lo invertí en cada una de sus páginas, párrafos, líneas, palabras y sílabas. La mimé como a una hija consentida. La quería tanto que no deseaba compartirla con nadie, pero ella no estaba de acuerdo. Confabuló a mis espaldas para organizar en silencio una sublevación. No tuve más remedio que claudicar.

 

Inmediatamente me di cuenta de lo poco que importa el contenido de la novela si nadie sabe que existes. Es como tener una hija inteligente y guapa, con años de entrenamiento en todo tipo de danza, a la que no dejan asistir al gran baile porque su padre es un don nadie. Me siento mal por mí, pero sobre todo por ella.

 

Dentro de poco hará un mes de su publicación. En este tiempo no he llegado al centenar de ejemplares vendidos, y hace un par de días que ya no hay ninguna descarga, a pesar de haber rebajado el precio de la versión Kindle a un irrespetuoso precio de 0,99€; a nadie le importa, a nadie le interesa. Para no engañar a ningún lector exhibo a la criatura en mi blog: tres capítulos completamente gratis para todo aquel que quiera leerlos. Sin suscripciones, ni email. No lo puedo poner más fácil. Nada.

 

Por si fuera poco, acaba de comenzar el baile de los bailes: el concurso literario para escritores independientes de Amazon 2017. Escritores con cuchillos recién afilados entre los dientes; puños apretados; merienda de negros. Histerias y testosteronas alborotadas. Esto no es un concurso, es una puta competición por ver quién alcanza más ventas, para ser más visibles, para que Amazon se fije en ellos. Pelea de gallos con la que la multinacional aumentará sus ventas. También las de los animales que no terminen con el pico roto y el cuello deshilachado. Para evitar sospechas bastará con posar con traje y corbata junto a un par de gallos saneados. Mientras tanto, mi pequeña se queda encerrada en casa preguntándose por qué hostigó el motín.

 

Quizá pienses que mi hija no sea tan guapa como yo creo, que los padres vemos a los hijos más perfectos de lo que realmente son. Probablemente tengas razón, pero aún así a las feas también les gusta bailar. Y si no crees en mi palabra, y haces bien en no creerla, como te decía antes: aquí tienes tres capítulos completamente gratis donde poder hacer tu propia valoración.

 

Hace un mes que estoy intentado hacer “amigos” en las redes sociales, conectar con gente; decirles que existo. Es un terreno fangoso. Incluso el escritor más modesto tiene un matiz de orgullo del que conviene prevenirse. Soy consciente de que acabo de llegar; el último mono no cambia las reglas. Los blogs literarios tienen muchas reseñas que publicar. Volvemos a la misma variable de antes: no soy nadie, no saben que existo y mucho menos que he escrito un libro. Si a alguien que pase por aquí le pica la curiosidad y se anima a hacerme una reseña, no lo dudes: ponte en contacto conmigo.

 

Si estás en una situación como la mía, seguramente habrás escuchado en más de una ocasión que no se debe de escribir por dinero, ni por las ventas, ni para contentar al público. Que hay que escribir para uno mismo, para ser feliz y esas cosas. No digo que no sean razones honorables, pero si eso fuese realmente así, ¿me puedes decir por qué coño dedicamos tanto tiempo a ser visibles, a participar en grupos, a escribir un blog, a llevar una página web…, a leer éste y otros muchos artículos? Porque mientras escribimos sobre escritura, mientras tratamos de hacer que el mundo nos vea, no hacemos lo que es realmente importante: escribir.

 

¿Qué nos mueve realmente a los escritores?

No nos engañemos. Llegado el momento la gran mayoría caemos en la tentación de publicar. Una vez hecho eso queremos vender el mayor número de ejemplares, no sólo por conseguir un dinero que nos de independencia económica para seguir escribiendo, sino por la satisfacción de sabernos leídos, de pensar que somos buenos, y sobre todo que tenemos talento.

 

Como te decía anteriormente, no escribí En el Laberinto con la idea de publicarlo. Lo saqué de dentro porque me quemaba. Mientras unía renglones no pensaba en hacerme millonario. Siendo sincero, siempre sospeché que mi obra estaría más cerca del culto que del superventas; dicho así no sé qué suena más pretencioso. Dentro del Laberinto no encontrarás grandes pasiones de amores desatados, tampoco héroes, ni villanos y por supuesto no hay un archienemigo al que odiar. Si acaso, todo eso lo encontrarás en un personaje desgastado, ahogado en la desesperanza, sin armadura, al que le da igual todo.

 

Cuando pensamos que el libro debe ser editado todo cambia. Ya no hemos escrito sólo para nosotros. Necesitamos que nos den la oportunidad de ser leídos.

 

En mi novela En el Laberinto escribo:

 

 

Es muy fácil abandonar los sueños; la mayoría termina haciéndolo. La rodilla se siente atraída hacia el suelo con toda la fuerza de la gravedad. Así pues, como dice Madonna:

«Ha llegado el momento de decidir si nos rendimos o nos hacemos más fuertes».

 

A lo largo de mi vida he soportado golpes de todos los colores. Alguno me han hecho doblar, otros me han tirado al suelo. Mi respuesta ha sido siempre la misma:

 

 

 

Encendiendo la fragua

A ciertas edades los golpes duelen menos, pero los huesos tardan más en sanar. Es el momento de viajar a la isla de Lemnos y hacerle una visita al viejo cojo para que nos ingenie una armadura mágica con la que enfrentarnos al monstruo. Y si se niega, habremos de apartarle, coger el martillo, encender el fuego y golpear y golpear hasta forjar nuestra coraza de sudor y esperanza.

 

Los proyectos necesitan de la ilusión como los seres vivos del oxígeno. Pero ten en cuenta que el exceso de oxígeno puede matarnos. Con la ilusión sucede exactamente lo mismo. Si nos excedemos en nuestras expectativas, difícilmente podremos cumplirlas, al menos al comienzo.

 

De este modo las dos primeras piedras que engarzaremos en nuestra armadura, serán la ilusión y la paciencia.

 

La siguiente es probablemente la más importante de todas, porque es la que nos dará alimento en el desierto. Debemos prestar atención a los pequeños detalles. Apreciar la ayuda que se nos ofrece y no tener en cuenta a los que no están dispuestos a acompañarnos en este apasionante viaje. Debemos buscar siempre el lado bueno de las cosas, y no al contrario.

 

En mi caso, el mejor antídoto contra la desesperanza son las opiniones de mis lectores. Me agarro a lo que dicen los que ya ha leído mi novela En el laberinto. En Amazon, en este momento son ya 13 las reseñas que he recibido; todas ellas con cinco estrellas, que dicen cosas como ésta:

 

O ésta:

 

 

O ésta otra:

 

 

No os hacéis una idea de cómo nos alimentan estas pequeñas cosas.

 

Luego están los amigos, los que vienen con el libro en la mano para que se lo firme y me dicen:

 

«Cabrón, cómo escribes»

 

Cuando me preguntan desde cuándo escribo, y cómo me dio por ahí. Yo sonrío, y callo. Explicarles la cantidad de horas de estudio y práctica sería como revelar el truco y matar  la magia.

 

La siguiente piedra para luchar contra la desesperanza es el agradecimiento. Permíteme de este modo que agradezca a todas las personas que me apoyan, a mis incondicionales, a quienes dedican un segundo de su tiempo en escucharme, en leerme, en difundir lo que hago. A ti por estar aquí leyendo este artículo. De verdad, gracias.

 

Yo por mi parte sigo dando martillazos, poniéndome la armadura, dispuesto a pelear; igual que siempre. Es cierto que es mucho tiempo, mucho trabajo, pero ¿qué otra cosa mejor podría hacer? Escribir no es una opción, quizás esté condenado.

 

Una vez aplaste al monstruo de la desesperanza, me enfrentaré a otro más temido, más voraz, más difícil de combatir: . Aquí ya no vale ningún tipo de armadura. Los artistas quedamos expuestos al público, a pecho descubierto, completamente desnudos.

 

 

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By Javier Rumego

¿Es posible mejorar tu visibilidad de escritor sin caer en la esclavitud?

¿Has publicado un libro recientemente y el número de ventas está muy por debajo de lo que esperabas? Puede haber distintas razones para que nadie quiera comprar tu novela: que sea rematadamente mala; que pertenezca a un género minoritario y poco comercial; que la portada sea realmente fea; quizá la causa se reduzca al pésimo gusto literario de todos los lectores del planeta; o al dichoso muñequito vudú con el que juega tu exnovia o tu archienemigo de la guardería. Pero por encima de estas razones hay una que predomina sobre todas las demás como el anillo de Sauron: tu visibilidad de escritor es tan insignificante que no te verían ni con el telescopio Hubble .

 

Si estás en esa tesitura en la que entras todos los días, al menos un par de veces, a comprobar las descargas que se están haciendo de tu novela, y éstas no se corresponden a tus expectativas, es fácil que caigas en el error de culpar a los demás, tanto como a ti mismo, incluso hasta poner en duda la calidad de tu trabajo. En mis dos artículos anteriores: Ser escritor independiente, y todo lo demás; y Me siento como el hombre invisible en medio del desierto, con un libro en la mano, señalo como motivo principal del poco éxito comercial a tu ausencia de visibilidad de escritor.

 

En realidad, el principio en sí es muy básico: si la gente no sabe que hemos publicado un libro, ¿cómo van a comprarlo?

 

Siguiendo este mismo razonamiento, podemos deducir que ganando visibilidad de escritor conseguiremos más ventas. El axioma es tan sencillo de entender como el anterior. ¿Entonces dónde está el problema?

 

Conseguir visibilidad de escritor no es tan fácil. Partimos desde un punto en el que no somos nadie. Estamos solos. Pero como nosotros hay miles de personas que quieren que se les vea. Somos muchos los que gritamos al vacío con la esperanza de que alguien nos escuche. Y como nadie nos oye, hablamos más alto, hasta parecernos a un programa de debates de los muchos que hay en televisión, en los que al final no se entiende nada. Quizá la mejor manera de destacar entre tanto griterío es permanecer en silencio.

 

Si a ti te pasa como a mí, que no eres nadie en este sector, nadie va a prestarte atención. Es posible que tu novela sea la mejor obra literaria en lo que va de siglo, pero a nadie le interesa.

 

¿Cómo que a nadie le interesa?¿Si me acabas de decir que mi novela es la mejor del siglo XXI, las editoriales deberían de partirse la cara por ella?

 

Eeh, no. Esto no va así. Las editoriales son empresas, y como tales buscan generar beneficios. Incluso aquellas editoriales que se diferencian por exigir una mayor calidad a sus publicaciones no están dispuestas a perder dinero. Por eso es muy difícil que apuesten por un completo desconocido.

 

Quizá tu novela sea buena, nadie lo discute. Pero ¿cuántos ejemplares vas a ser capaz de vender más allá de tus familiares y amigos? Poner en marcha la maquinaria editorial cuesta muchos miles de euros. Si además hay que invertir en hacerte visible, la suma aumenta significativamente. Una editorial tiene que tener muy claro que van a recuperar su dinero contigo, y eso es muy difícil si no tienes visibilidad de escritor. Que una obra sea buena o mala no es importante. El arte, la literatura, todo eso está en un segundo plano. Lo que premia es que genere dinero, como por ejemplo la biografía de Belén Estaban.

 

Así pues, si no presentas telediarios o sales en la televisión, si no eres un actor o un futbolista contando anécdotas, si no eres una cantante famosa que quiere airear sus memorias, y por supuesto si no eres un contrastado escritor, me veo en la obligación de decirte que está más solo que el abuelo de Heidi.

 

Enrique Bunbury en una de sus canciones dice que “más vale suerte que talento”. Totalmente de acuerdo. Pero permíteme que haga una pequeña variación para resumir todo lo dicho anteriormente en “más vale fama que talento”.

 

Llevo poco tiempo en esto de hacerme una visibilidad de escritor. De hecho, si has llegado hasta aquí, me gustaría saber ¿cómo diantres me has encontrado? Lo primero de lo que me percaté cuando me puse a promocionar mi novela fue de la enorme cantidad de banners publicitarios que corren como animales salvajes por Facebook y Twitter , cada uno intentando vender su libro. La gente llega, “grita” su publicidad en el muro y se va. Esos muros parecen un diálogo a la española. Son como palomas que se posan sobre una rama, dejan su regalo y salen volando. Incluso hay empresas que se dedican a vomitar nuestra publicidad aprovechando su considerable número de seguidores. Empresas que intentan diferenciarse de otras, todas ellas parecidas, tratando de ser escuchadas (¿te suena de algo?).

 

Hacer que la bola de nieve de la visibilidad de escritor crezca más allá de nuestras amistades es realmente difícil. Como me comentaba la gente de Sinjania en mi artículo anterior, no sólo se trata de trabajo y ganas, sino que hay que ser muy inteligentes a la hora de crear una estrategia a seguir.

 

Para ser un buen estratega hay que dominar mucha información y tener un amplio conocimiento del entorno. Lo normal será que al principio perdamos algunas batallas, por lo que nos tocará cosernos las heridas. No te preocupes, nada es tan didáctico como la derrota.

 

El trabajo bien hecho junto con el esfuerzo siempre dan sus frutos.

Lo que he podido comprobar en este par de semanas es que el trabajo, aunque muy despacio, da sus frutos. En Twitter he pasado de 46 seguidores a 73 en el preciso instante en el que escribo estas líneas (Editado Un año después de haber editado este artículo son ya casi 2000 seguidores en Twitter). Ya sé que no es mucho, en realidad es muy poco, pero es un incremento de aproximadamente el 40% en sólo dos semanas. Si quieres contribuir a que siga aumentando este número, no dudes en seguirme . La página de Facebook de En el Laberinto, apenas tiene 62 seguidores, pero he conseguido alcanzar a más de mil personas con el banner del lanzamiento de la novela. Eso quiere decir que me sigue poca gente, pero implicada.

 

También me he unido a varios grupos de Facebook para escritores y lectores, en los que no se permite bombardear con spam y se promueve el diálogo. La primera toma de contacto me resultó áspera. Demasiado tiempo a invertir, demasiados romances, demasiados vampiros. Sin embargo, ahora puedo decir que ésta ha sido una de las experiencias más gratas hasta el momento. Estoy conociendo gente a la que nos une la misma pasión y el mismo monstruo: la literatura. Me tomo estos grupos como un taller de escritura. Un lugar para aprender y observar. La gente se lo curra mucho para hacer visible su libro y dar forma a sus sueños.

 

Si has llegado hasta aquí, te estarás haciendo una idea de la cantidad de horas que vas a tener que invertir para conseguir aumentar tu visibilidad de escritor. Pues aún no hemos ni empezado. A las ingentes horas que hay que dedicarle a redes sociales como Facebook,  Twitter o Instagram hay que añadirle el tiempo que necesitarás para crear tu página web, con su respectivo blog, al que luego tendrás que mantener y actualizar el contenido periódicamente; participar en otros blogs del mismo ámbito donde poder escribir como invitado, a fin de ganar público; diseñar publicidades y organizar promociones; leer a otros autores esperando a que ellos hagan uso de las leyes de reciprocidad y nos lean a nosotros; y por supuesto escribir, ya que según parece con un único libro no es suficiente…; en definitiva, horas y más horas de trabajo agotador.

 

¿Y para qué?

Esta es una buena pregunta. Los hay que aseguran que si haces todo esto y te dejas los cuernos, a la larga dará resultados. También es cierto que muchos de los que dicen esto pretenden vender su libro del estilo: “Guía definitiva para tener éxito vendiendo sus libros en Amazon” o “10 reglas básicas para triunfar siendo escritor independiente”. Yo no puedo decirte si esto funciona o no. Te recuerdo que estoy empezando. Lo que sí puedo asegurarte es que a día de hoy no puedo esclavizarme para conseguirlo.

 

Hacer todo lo que se supone que se debe hacer para ganar visibilidad requiere un número de horas de las que no dispongo. En realidad requiere una jornada laboral de, mínimo, ocho horas. Esto me parece razonable para estudiantes, jubilados o desafortunados en paro, pero a un autónomo como yo no le queda tanto tiempo para las letras. Mientras no tenga un mecenas que me pague las facturas, tendré que seguir levantando pisos en 3D. Por suerte, y como dice Sabina: “aún me excita mi oficio”.

 

En conclusión, no soy de los que abandonan fácilmente pero tampoco me gusta dormir debajo de un puente. Mientras mis libros no generen el dinero suficiente para cubrir mis gastos, buscaré el tiempo debajo de las piedras para que la gente pueda verme, pero eso sí, sin caer en la esclavitud.

 

Y sí, lo sé, es una puta pescadilla que se muerde la cola, pero hay que comer.

 

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Me siento como el hombre invisible en medio del desierto, con un libro en la mano

Si te sucede como a mí, y estás empezando en el negocio de la literatura (que no en escribir), probablemente te sientas como yo: en el desierto, solo, con la cantimplora vacía y tu libro en la mano.

 

Hace años escribí una novela de esas que tanto gustan, de grandes pasiones y amores imposibles. La historia, según dicen, era preciosa. Pero lo cierto es que al texto le faltaba calidad. En vez de tomármelo como un fracaso lo vi como una oportunidad para aprender y mejorar. De aquella experiencia saqué mucha información del mercado editorial. Desgraciadamente por aquellos años la autopublicación mediante plataformas online o no existía o estaba gateando, por lo que no pude intuir el problema que se me avecinaba.

 

Entre talleres de escritura, cuentos, relatos, experimentos varios y alguna que otra magulladura era inevitable que una nueva historia irrumpiera en forma de novela. Lo hizo de manera violenta e inesperada. La historia me absorbió por completo. Ya sabéis: noches sin dormir; reuniones con amigos o con la familia absorto, intentando anotar mentalmente todo lo que pasaba por mi mente; plantones a la novia… Digamos que entré en ese estado de reclusión en el que entramos los escritores cuando una idea nos domina. Dejé apartados todos los demás proyectos que tenía empezados. Estábamos solos mi personaje y yo, torturándonos mutuamente.

 

Nada como darse cuenta de los errores

A día de hoy me doy cuenta de lo mal que lo hice. Podría alegar que fue por ignorancia, claro, pero eso no cambia las cosas. Hace apenas una semana que publiqué mi primera novela, En el Laberinto, y es ahora cuando tengo claro que nadie puede comprar mi libro si no sabe que existe.

 

Durante los últimos meses estoy haciendo un master acelerado sobre: la publicación de libros en Amazon; cómo crear una plataforma de autor; gestión de blogs; diseño y programación en WordPress y sobre todo, y lo más difícil, cómo aumentar mi visibilidad como escritor. En este punto es de total obligación agradecer, y al mismo tiempo recomendar a los que están perdidos como yo, a aquellos que me han ofrecido un poco de sombra donde protegerme del sol abrasador del desierto.

 

Agradecimientos

Publicando eBooks y Ebook Hermanos ofrecen muchísima información de lo que hay que hacer para publicar tu primer libro digital, así como una gran variedad de artículos para tener éxito una vez publicado. Para entender cómo funciona este mundo literario y los pasos a seguir, y a evitar, para crear una buena plataforma de autor son de gran utilidad, y muy recomendables, los artículos de Mariana Eguaras, así como las webs oficio de escritor, marketing online para escritores o Sinjania (todas ellas maravillosas y con muchísima información). Tampoco hay que olvidarse del blog del escritor Javier Pellicer con sus entrevistas y sus artículos claros y bien redactados, así como del blog de Gabriela literaria con sus artículos extensos y llenos de información.

 

También me ha sido de mucha utilidad observar el trabajo que hacen otros escritores con más tiempo en esto y que dominan perfectamente los medios como son por ejemplo los casos de Lluvia Beltrán, Fran Zabaleta o Fernando Gamboa; un claro ejemplo de escritor que publica en Amazon y que ha tenido un gran éxito.

 

La creación del blog está siendo una tortura. He trabajado durante muchos años como ilustrador y diseñador gráfico, pero nunca me ha gustado el diseño web. Demasiado código, demasiada programación, demasiados unos y ceros para alguien de letras al que le gustan los colores. Aquí quiero agradecer a Jose Antonio Carreño sus tutoriales tanto los escritos como los vídeos, también al artículo de cómo crear banners publicitarios de la web Hacia el autoempleo, y por su puesto a mi buen amigo de SinDesign, Rubén Fernández, por solucionarme todos los problemas técnicos y hacer de mi web un lugar seguro, configurar los correos, etcétera. Te debo una cena.

 

La ignorancia se paga con tu libro

Por no haber hecho caso antes a estas cosas, me encuentro con un libro que nadie sabe que existe. He perdido la preventa de Amazon y tengo disponibles una serie de promociones que a día de hoy no sirven para nada. Una lástima, porque creo que es un buen libro. Sí ya lo sé, todos pensamos que nuestros trabajos son buenos. De no ser así no los publicaríamos. Aunque en mi caso, sí que hay un par de novelas encerradas en el disco duro que deberían de otorgarme una mínima credibilidad. Pero si el libro es bueno o malo poco importa, al menos al principio. Lo importante es que se vea para que la gente lo lea y pueda valorarlo.

 

La conclusión que saco de estas últimas semanas de aprendizaje intenso es que no es sensato correr por el desierto con los pies descalzos. Así que habrá que caminar despacio, con mucha paciencia y paso firme. Al fin y al cabo, en ningún momento mientras escribía En el Laberinto pensé hacerlo para ganar dinero, ni para vender millones de ejemplares. Lo escribí honestamente, desde dentro, a fuego, como dice Bukowski. Lo escribí libre, como para ahora convertirme en esclavo. Pero esa es otra historia, quizá para el próximo artículo.

 

Quería terminar diciendo que hace unos días encontré un artículo en la web de Jaume Vicent Bernat, que daba ideas frescas para tu blog de escritor. Le comenté cómo me sentía: ya saben, en el desierto. Él me contestó que es así al principio (sospecho que para muchos también al final), que hay que cavar para hacer un pozo, sacar agua, plantar palmeras…, en definitiva romperte las manos a trabajar.

 

 

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By Javier Rumego

Ser escritor independiente, y todo lo demás

No descubro nada nuevo al decir que ser escritor es un ejercicio difícil, a veces agotador, y casi siempre solitario (mucho más si eres escritor independiente). Si además pretendemos vivir de ello, el panorama puede ser desolador.

 

Pongamos que has acabado tu novela, y supongamos que, por azares inexplicables de la vida, es buena; muy buena. La siguiente pregunta es inevitable: ¿Ahora qué hago?

 

Si no has publicado nada antes y no tienes un contacto que te facilite las cosas, conseguir que una editorial fije su atención en ti es prácticamente imposible. Antes de abrir esta vía conviene mentalizarse para aceptar el rechazo y el silencio. No debes tomárnoslo como algo personal. Lo más normal es que ni tan siquiera te hayan leído. Por extraño que parezca, en un país que a ratos parece estar habitado en su mayoría por una manada de gilipollas, se ve que somos muchos los que dedicamos tiempo a sentarnos delante del ordenador con el fin de contar una historia. El resultado no podía ser otro: las editoriales y los agentes literarios están saturados. Somos tantos los que queremos entrar en este mundo que hemos colapsado las puertas. Luego está la crisis, esa que no termina de irse y que ha hecho que los editores sean mucho más escrupulosos a la hora de invertir su dinero.

 

¿Entonces tienes que descartar esta vía?

No, rotundamente. Si algo tenemos en común los escritores que conozco es que somos tercos como bueyes hambrientos. Tú no vas a ser menos. No pierdes nada por intentarlo. Puedes presentar tu obra a concursos o buscar un agente literario que apueste por ti. En la web de escritores.org explican muy bien todo esto.

 

Si no recibes respuesta por parte de las vías tradicionales, no te desesperes. Como te decía antes es muy posible que ni te hayan leído. Así que no te vengas a bajo y pienses que tu trabajo es una mierda. Que un libro sea bueno o malo no tiene nada que ver en esto. Pero, ojo, esto tampoco debe servirte como excusa. Jamás pierdas una visión crítica de tu obra. Si es tu primera novela, es muy posible que haya cosas que mejorar.

 

El momento en el que decides ser escritor independiente

Si la opción de las editoriales sigue ofreciendo tan sólo silencio, es el momento de plantearse otras opciones. Dentro del mundo de la autoedición hay diferentes opciones que deberías conocer. Es muy importante que te informes adecuadamente antes de decidirte, porque a veces puede ser un terreno pantanoso. Sobre todo es importante que sepas detectar a las supuestas editoriales que no son más que imprentas camufladas y algún que otro desalmado al que tu trabajo le importa una mierda, y lo que realmente le interesa es tu dinero. Puedes empezar por leer estos artículos, te serán de gran ayuda. En el blog de Ana Katzen y este artículo de José Manuel Aparicio explican todo esto realmente bien.

 

De entre las muchas posibilidades y plataformas que pude encontrar para publicar mi novela, decidí hacerlo en exclusividad con Amazon. Explicar los motivos me llevaría demasiado tiempo, y haría que la extensión del artículo excediera de toda lógica. Lo que sí puedo decir es que tras leer multitud de opiniones, creo que es la mejor opción (al menos para empezar).

 

Lo que implica ser un escritor independiente

Ser escritor independiente conlleva muchas cosas que debes saber. En este punto es donde dejas de ser un mero escritor para convertirte también en editor, corrector, distribuidor, ilustrador, diseñador, promotor, publicista y programador. Demasiadas cosas para una sola persona. Y probablemente alguna de ellas no se te dará bien. Esto podría hacer peligrar la calidad final de la obra. Si quieres tener recorrido en este mundo literario hay algo que debes grabarte a fuego. Tienes que cuidar hasta el más mínimo detalle. De nada te servirá tener un gran novela entre manos si la presentas de manera cutre. Nadie en su  sano juicio va a una entrevista de trabajo con la camiseta rota y llena de manchas. Esto es lo mismo.

 

Si no sabes hacer algo o no eres capaz de conseguir un acabo redondo debes pedir ayuda. Es posible que algún amigo pueda echarte una mano, pero si no tendrás que contratar profesionales. Editar un libro y querer vivir de la literatura conlleva un gasto. Otra cosa es que hayas escrito un libro por diversión y quieras editarlo para fardar o por cumplir ese objetivo. Pero si de verdad quieres vivir de esto no puedes permitirte errores. Para que tu libro tenga un resultado profesional tendrás que contratar, como poco, correctores y diseñadores.

 

En mi caso, por ejemplo, toda la maquetación y todo el acabado gráfico de mis novelas lo hago yo. Pero porque he trabajado durante más de 20 años  en ese campo. Es necesario que entiendas que mi novela En el laberinto ha pasado varias correcciones de estilo y ortotipográficas por parte de profesionales, a parte de las mías propias. Todo esto cuesta un dinero, pero es necesario si quieres vivir de la literatura. Los libros de los escritores que se publican por los medios tradicionales, pasan estas mismas revisiones. La diferencia en que en su caso esas revisiones las paga la editorial. En el caso de los escritores independientes nos toca costearlo nosotros mismos.

 

La hora de la verdad

Después de mucho trabajo, esfuerzo y horas delante del ordenador aprendiendo cosas que jamás habrías imaginado que aprenderías, conseguirás que tu novela se publicada por la vía que hayas elegido. Quizá sea en Amazon o cualquier otra plataforma online, o tal vez te hayas decidido por hacer una autopublicación conjunta. Como te decía antes hay muchas opciones.

 

Ese momento en el que tienes el primer ejemplar de tu libro en la mano es cuando te das cuenta de que tu libro es sólo uno más dentro de una jungla llena de depredadores. Tu novela tendrá que pelear desde ese instante con un ejercito de escritores conocidos y con una legión, no menos grande, de escritores independientes con más visibilidad como escritor que tú. Justo ahí es cuando eres plenamente consciente de que tienes el mismo problema que al principio; en este mundo de la letras no te conoce ni tu madre.

 

 

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