By Javier Rumego

Escritores a pecho descubierto, y la imposibilidad de gustarle a todo el mundo

Si eres escritor o estás planteándote serlo, lo primero que deberías hacer es asumir que es imposible gustarle a todo el mundo. En la jungla de la literatura, los escritores nos enfrentamos a un gran número de animales salvajes: el folio en blanco, la inspiración, la incoherencia, nuestros propios miedos, los editores, las musas, los personajes…, pero nadie tan temible que tú; sí, tú.

 

Los seres humanos, como cualquier otro animal, nacemos cargados de instintos primitivos. Algunos duran toda la vida, otros se evaporan como el vaho al abrir la ventana. En nuestra juventud tenemos la necesidad de gustarle a todo el mundo. Según vamos haciéndonos mayores, comprendemos que no siempre es posible. Da igual lo amables y cordiales que seamos, siempre habrá alguien a quien no le caigamos bien; a veces, precisamente por ser amables.

 

Con la literatura pasa exactamente lo mismo. Si eres escritor y pretendes que tu libro le guste a todo el mundo, lamento decirte que esa es una guerra que no puedes ganar. Por eso mismo, si alguien comenta que no le ha gustado tu trabajo, no debes tomártelo como un ataque personal. Hoy en día, con las redes sociales es más fácil que nunca tener un resbalón que difícilmente podrás remontar.  Por supuesto, no te conviene ser impertinente y maleducado con alguien que te ofrece una opinión valiosa y sincera.

 

¿Conoces un solo artista que le guste a todo el mundo?

En realidad esto sucede en cualquier disciplina artística. No conozco un solo músico, escultor o pintor, por muy bueno que sea, que le guste a todo el mundo. Y es que cuando de arte se trata, todo se resume a una cuestión de emociones y gustos personales.

 

Yo, por ejemplo, podría enumerar un buen número de músicos y cantantes que no me gustan. Estoy hablando de artistas con miles o millones de fans capaces de dormir a la intemperie en la Antártida en pleno invierno por conseguir una entrada para un concierto. Hablo de cantantes consagrados, con varías décadas de trayectoria; algunos toda una vida. Y sin embargo, a mí no me gustan. Sin embargo, no se me ocurriría decir que son malos. Es más, reconozco que algunos son realmente buenos; talentosos artistas de tomo y lomo, que por las razones que sean no soy capaz de conectar con ellos. Lo que no haré de ningún modo es decir que son una mierda, ni defenderé mis gustos atacando a la gente a la que sí les guste su arte.

 

Como decía un poco más arriba, todos los artistas, seamos de la disciplina que seamos, tenemos algo en común: . Cuando hacemos pública nuestra obra nos exponemos al juicio de la gente. El público es nuestro animal más despiadado. Pero también es quien nos da calor y nos alimenta en las noches más frías y oscuras. Nosotros quedamos frente a vosotros, en pelotas, con los brazos abiertos, esperando que no nos acuchilléis.

 

En mi caso, soy consciente de que mi novela En el Laberinto puede no gustarle a cierto tipo de gente (si eres  una persona que se escandaliza con facilidad, seguramente estés dentro de este grupo). De hecho, hay personas que la han leído y me lo han dicho abiertamente. Algunos por su dureza, otros por sentirse demasiado identificados con el personaje. Precisamente motivos por los que a otros muchos les ha encantado. Cuestión de gustos.

 

Asume que tu trabajo no le va a gustar a todo el mundo

No gustarle a un lector o recibir una mala crítica no debería de ser preocupante. Los escritores deberíamos de aprender a guardar nuestro ego, sobre todo cuando la crítica está hecha con educación y respeto. Cuanto antes asumas que no vas a gustarle a todo el mundo, antes estarás preparado para ser el tipo de escritor que deberías de ser. Lo que sí pedimos es educación y respeto en las críticas. Que algo no le guste a uno, no quiere decir que necesariamente sea malo. Por lo general, todos solemos tener en demasiada estima a nuestra opinión. Más aún en estos tiempos modernos en los que hemos cambiado el cara a cara por la comunicación global.

 

El negocio de los libros mueve mucho dinero, y ya se sabe: el dinero atrae a los tiburones más que la sangre. Hacerse visible en este océano y conservar las dos piernas es una tarea realmente difícil.

 

Los escritores que publicamos nuestras primeras novelas y no estamos respaldados por una editorial dispuesta a dejarse la pasta gansa para que la gente nos conozca, nos sentimos a veces en medio del mar, flotando a duras penas agarrados a un madero. Y ese trozo de madera, vuelves a ser tú, querido lector. Las reseñas en los blog, en las páginas de Amazon, en Goodreads o en las redes sociales son una de las pocas armas con las que podemos abrirnos un pequeño hueco en este mercado de tres hileras de dientes.

 

Una buena práctica para enfrentarnos a las valoraciones de los lectores es relativizar tanto las buenas críticas como las malas.

Los escritores, sobre todo los que empezamos a cruzar el bosque sin ninguna compañía, tememos el momento de una mala crítica. Las opiniones que los lectores hacen de nuestro trabajo es de las cosas que más influyen en un posible futuro lector a decidirse a gastarse su dinero en nosotros. Pero por otro lado está algo mucho más delicado, frágil y difícil de reconstruir: nuestra confianza. Pensar que alguien hablé mal de nuestro trabajo puede llevarnos a pensar que no somos tan buenos como creíamos. Por suerte o por desgracia una mala crítica es algo de lo que ningún escritor, por consagrado que esté, se escapa. En Amazon, el gigante norteamericano que ha puesto el mercado editorial patas arriba, podemos encontrar valoraciones negativas a libros y a escritores de primer nivel.

 

Así por ejemplo, podemos encontrarnos El Asirio de Nicholas Guild, que para mí es una de las mejores novelas históricas que se ha escrito, con un comentario negativo de una lectora a la que no le gustó la obra.

 

 

De igual modo, tenemos a Houellebecq y su, a mi juicio, magnífica novela Sumisión con un buen número de comentarios nada favorables.

 

 

También podemos encontrar comentarios bochornosos en el último libro de Carlos Ruiz Zafón, uno de los escritores con más éxito y ventas de los últimos años.

 

 

La lista de autores con alguna mala reseña es interminable: Bukowski, Kent Follet, María Dueñas, Javier Marías, Hemingway, Dolores Redondo, Pérez Reverte, Bulgakov, Camus, Stephen King… Puedes dar una vuelta por Amazon y ver los comentarios de estos y muchos otros autores.

 

Por mi parte, he de decir que afortunadamente mi novela En el Laberinto está gustando, y mucho, a los lectores. En este preciso momento cuenta con 25 opiniones en Amazon, 24 de ellas de 5 estrellas y 1 de 4 estrellas. Aquí puedes verlas, hay alguna que realmente me pone los pelos de punta, y quiero darles las gracias a todos los que se han parado un momento a escribir su opinión sobre mi trabajo.

 

Las reseñas en blogs son otro cantar. Aún sigo siendo un hombre invisible perdido en el desierto. Si no has leído mi artículo al respecto puedes hacerlo pulsando aquí. La mayoría de los blogs están enfocados a uno o dos géneros concretos: romántica, terror, suspense, erótica, fantasía, juvenil… Mi novela es muy difícil de encuadrar en un género concreto. Eso hace que muchos blog no quieran invertir su tiempo en leerla. Aún así, si alguien se anima, le estaría enormemente agradecido.

 

No descarto el día en que llegue una opinión negativa sobre mi novela. Cuanto más nos exponemos, más posibilidades existen de que a alguien no le guste nuestro trabajo. Eso no quiere decir que sea malo, simplemente que hay alguien a quien no le gustó. Ahí es donde empezaremos a parecernos a los más grandes.

 

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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