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By Javier Rumego

El Maestro y Margarita – Mijaíl Bulgákov

Algunos que me seguís y me conocéis desde hace tiempo no os sorprenderéis al ver en esta sección la novela El Maestro y Margarita escrita por Mijaíl Bulgákov. No puedo ni quiero esconder mi admiración por esta novela. Lo que hace el genio de Kiev en este libro está sólo al alcance de uno de los mejores escritores de todos los tiempos, convirtiendo esta novela en una de las obras más importantes de la literatura.

 

Mijaíl Bulgákov es posiblemente el más desconocido de los genios de la literatura rusa. El público reconoce con más facilidad los nombres de Dostoyevski, Tolstói, Chejov, Pushkin, Pasternak o Nabokov. Vaya por delante que todos son soberbios. Pero desde mi subjetividad, me decanto sin ninguna duda por Mijaíl Bulgákov con su El Maestro y Margarita.

 

Despliegue de recursos y talento

Lo que hace Bulgákov en esta novela es abrumador. El despliegue de talento, recursos técnicos, originalidad, narrativa, sentido del ritmo, trama…, es descomunal. Hace lo que quiere y como quiere. Cambia a su antojo de narrador, de época, incluso de estilo según lo demanda la escena. Muchas veces oímos o leemos eso de “Una novela única, diferente, original…” y luego, evidentemente no lo es. La mayoría de las cosas que lees ya las escribió alguien antes y casi siempre mejor, y los que dicen que su novela es única y original no tienen ni tan siquiera la originalidad para expresarlo de otra manera. Sin embargo, El Maestro y Margarita es realmente una novela diferente; única.

 

Bulgákov era extremadamente perfeccionista con su literatura, al extremo de Flaubert o Nabokov. Su primer borrador lo tiró directamente a la hoguera. Hay quien habla que escribió entre cuatro y seis borradores. Repasaba cada línea hasta que quedaba perfecta. Sin embargo, no pudo terminar de corregir la obra. El último capítulo se encargó de estructurarlo y terminarlo su mujer, Elena Bulgákova.

 

Una novela para todos

Una de las muchas virtudes de esta novela es que tiene diferentes niveles de lectura. Si buscas una novela bien escrita y que te entretenga, cumplirá de sobra ese cometido. Si quieres ir un poco más allá, disfrutarás como un enano con su narrativa y la cantidad de recursos que utiliza el escritor soviético. Y luego, claro, puedes profundizar en sus páginas, sumergirte en la deslumbradora metáfora que hace no sólo de la sociedad rusa de su tiempo sino de la sociedad actual donde predomina la vanidad y la superficialidad (no tienes más que entrar en Instagram para entender esto).

 

A lo largo de la novela encontrarás personajes fascinantes y escenas que se quedarán grabadas en tu memoria. Satán aparece en la Rusia de los años 30 en forma de un misterioso mago, acompañado por un séquito de acólitos de lo más peculiar. Creará infinidad de estragos y situaciones estrambóticas. El sentido del humor lacerante y la ironía afilada son recurrentes durante toda la novela. Hay momentos sobresalientes como el espectáculo que ofrece Satán en el espectáculo de las variedades o capítulos enteros como el Gran baile de Satanás. Pero no temas, este libro no habla de demonios ni de fantasmas, no al menos más allá de los que albergamos los seres humanos. Pero si hay un elemento que destaca por encima de todos en esta novela es el amor; el amor incondicional e inquebrantable de Margarita por el maestro.

 

La narrativa es técnicamente tan perfecta como la de Flaubert, pero su imaginación y originalidad es mayor. Su verborrea en algunos momentos es comparable a la de Shakespeare. Los giros de argumento son como volteretas en la cama elástica. Cada línea que lees son endorfinas inyectadas en sangre. Recuerdo, y espero no olvidarlo nunca, la sensación que tuve al leer esta novela. De repente me volví niño. Todo era nuevo para mí. Disfrutaba como un chiquillo mirando las estrellas o viendo por primera vez un caballito de mar. Esta novela cambió mi percepción de la literatura ampliando mis horizontes, descubriéndome un mundo nuevo.

 

El Maestro y Margarita estuvo censurada durante muchísimos años por el régimen soviético. Hablar de la desaparición de personas en la Unión Soviética de los años 40 del siglo pasado, así como afirmar la existencia histórica de Jesucristo la condenaron al ostracismo durante años. Bulgákov no era tonto, sabía que su novela no sería publicada y, aun así, siguió escribiéndola hasta su muerte, tal vez buscando la inmortalidad. No fue hasta finales de los años 60 cuando se publicó la obra completa por primera vez en Italia. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1990 para verla publicada íntegramente en Moscú.

 

Es un libro muy recomendable si te gusta leer, y si no puede ser el regalo perfecto.

 

 

By Javier Rumego

Best-Seller Vs Clásicos de la Literatura

Leer un clásico de la literatura siempre es una garantía de calidad. Los clásicos han superado el juicio del tiempo y han resistido a las modas, a veces incluso aparecieron en escena después de ellas. ¿Pero qué pasa con la literatura de Best-Seller? ¿Son suficientemente buenos esos libros que se venden como churros?

 

Antes de que aparecieran los autores independientes en escena, la literatura de Best-Seller era el enemigo número uno de los lectores más académicos. Actualmente se discute si la calidad de los libros independientes es suficientemente buena, una batalla que la literatura de Best-Seller lleva librando muchos años.

 

Cuando un libro irrumpe con fuerza en el mercado vendiendo cantidades escandalosas, mucha gente tuerce el gesto y duda automáticamente de la calidad de la obra. Los hay que reúsan sin más a leer este tipo de literatura, sea del género que sea.

 

Es cierto que en muchas ocasiones el momento editorial en el que nos encontramos y la necesidad de las editoriales de hacer dinero fácil, contribuyen a aumentar la desconfianza en la calidad de ciertos libros.

 

Diferenciando entre libros y literatura

Ya he hablado en más de una ocasión que literatura y libros son dos cosas totalmente distintas. Podemos encontrar libros con cero literatura y literatura en lugares que nada tienen que ver con los libros. Si te interesa este tema, te invito a que te unas a mi página de Facebook donde todos los lunes hablo de OtrasNarrativas.

 

En este artículo quiero hablar de la literatura de Best-Seller, separando todos esos libros que se venden como pipas pero que nada tienen que ver con el arte de Cervantes; entiéndase, el libro de cocina de la última edición de Master Chef, libros de autoayuda o libros de famosos que, casualmente, brotan con más fuerza con la proximidad de las fiestas navideñas.

 

Que un libro se venda bien no hace que su literatura sea mala.

Hay lectores que hablan de la literatura de Best-Seller como si fuese una literatura menor. Algunos de estos lectores acostumbran a mirar por encima del hombro al lector de este tipo de libros. En otros casos, lo hacen simplemente como un método fácil de ocultar sus carencias como lectores. Sin embargo, que un libro se venda bien no lleva intrínseco que la calidad de su literatura sea mala, del mismo modo que tampoco lo convierte en un buen libro.

 

Actualmente podemos encontrar autores que venden su obra con facilidad y que, sin embargo, todos ellos son considerados por la inmensa mayoría grandes escritores. Ejemplos hay muchos, puedo mencionar a Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Michel Houllebecq, Haruki Murakami o el recientemente ganador del Premio Planeta, Santiago Posteguillo.

 

Algunos podrán decir que soy ventajista nombrando escritores de renombre con una carrera literaria contrastada, incluso que algunos de ellos rozan la figura de escritor de culto (personalmente, Javier Marías y Michel Houllebecq me parecen de una calidad soberbia). Puede que sea cierto, pero también lo es que ninguno de ellos se ha escapado de críticas voraces por parte de sus detractores. A Posteguillo, por ejemplo, le han colgado el cartel de Best-Seller a modo de letra escarlata, por lo que no se le debería permitir el acceso al Olimpo de las letras, donde habitan los escritores más virtuosos.

 

Clásicos Best-Sellers

Cuando escucho a alguien decir que sólo lee a los clásicos de la literatura, con ese halo de estar por encima del bien y del mal en lo que al universo de las letras se refiere, me pregunto si es consciente de la cantidad de clásicos de la literatura que fueron terremotos editoriales en sus tiempos.

 

A veces tenemos la romántica y equivocada idea de que un verdadero artista es el que muere de hambre, incomprendido por una sociedad incapaz de entenderle. Rápidamente nos vienen a la cabeza la imagen de Van Gogh, Mozart o Cervantes. Pero no siempre es así.

 

Menospreciar la literatura de Best-Seller es menospreciar a Williams Shakespeare, Charles Dickens, Lope de Vega, Robert Louis Stevenson, Alejando Dumas, J. R. R. Tolkien, Margaret Mitchel, Óscar Wilde, Harper Lee, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosas, Agatha Christie y un largo etcétera. Todos estos escritores gozaron (y gozan) de gran éxito en vida y no tuvieron que esperar a morirse para alcanzar la gloria.

 

De Best-Seller a clásicos de la literatura universal

No todos los Best-Sellers llegan a convertirse en clásicos de la literatura. El único jurado realmente objetivo para discernir y sentenciar con rotundidad incontestable qué obra es digna de formar parte de la literatura universal es el tiempo.

 

Hay libros de Best-Seller que envejecen mal. Son como una mala cerveza que se quedan rápidamente sin espuma. Terremotos en medio del océano que originan un tsunami que arrasa con todo. Crean tendencia y revuelo para luego quedar prácticamente en el olvido. Luego hay otros a los que no les hace falta envejecer demasiado para alcanzar la Tierra Prometida.

 

Dentro de los primeros podría nombrar El código Da Vinci, El tiempo entre costuras, o las sagas de Crepúsculo y 50 sombras de Gray por poner sólo algunos ejemplos. Todas ellas, obras que aparecieron como la explosión de un volcán, vendiendo millones de copias, pero que dudo mucho que pasen a ser algo más que eso (que no es poco). En el segundo grupo estarían libros como Los Pilares de la Tierra, El nombre de la rosa, o las sagas de Harry Potter y Canción de Hielo y Fuego, saga que se ha convertido en todo un clásico incluso antes de haber concluido.

 

Qué hace que un Best-Seller pase a ser un clásico de la literatura.

Básicamente la calidad de la obra, pero también tiene mucho que ver la repercusión del libro entre el público y sobre todo el tiempo durante el que se prolongue dicho istmo. También hay que tener en cuenta lo que ofrece esa obra a la literatura y la aportación del escritor a lo largo de su carrera.

 

Pongamos por ejemplo la novela Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, que hace unos días recomendaba leer. Hay mucha gente que habla muy mal de ella. Alegan que la calidad literaria es baja, los personajes son estereotipos y que en algunos casos les recuerdan a un culebrón venezolano. No está de más decir que se trata de una novela histórica y que, en ocasiones, la propia Historia puede recordar a más de una telenovela, las cuales suelen tener mucho éxito entre la audiencia (veremos por qué un poco más adelante).

 

Los Pilares de la Tierra cumple a la perfección con lo que se le exige a una novela de Best-Seller. Es cierto que los personajes no son los más fascinantes del mundo, no muestran demasiadas dobleces ni complicaciones, pero cumplen de sobra con su cometido y están dotados de gran carisma. La historia es suficientemente intrigante y el ritmo es magnífico para el tipo de libro que es.

 

K. Rowling y G. R. R. Martin con sus respectivas sagas de Harry Potter y Canción de Hielo y Fuego entraron en el universo literario como Aníbal y sus elefantes. En ambos casos sus obras causaron un estruendo más allá de sus páginas. Sus novelas pasaron en muy poco tiempo a formar parte de la cultura del pueblo, te gusten o no sus libros. A día de hoy apenas hay un solo niño en la Tierra que no sepa quien es Harry Potter, y eso sólo se consigue con mucha calidad, creando algo nuevo donde parece que todo está inventado.

 

Los escritores de Best-Seller saben muy bien lo que hacen

Escritores actuales de Best-Seller como Ken Follett, Stephen King, Jeff Kinney o Eva Gª Sáenz de Urturi son profesionales que saben muy bien lo que hacen. Su cometido no está en hacer grandes metáforas, elipsis como las de Calver, ni emplear grandes recursos literarios, aunque pueden hacerlo perfectamente si lo necesitan y la historia se lo requiere.

 

Crear un Best-Seller no es fácil. Hay que tener en cuenta que no sólo tienes que escribir un buen libro que cumpla con las reglas básicas de un superventas, sino que además tienes que competir en el mundo editorial contra los rivales más duros.

 

Para una editorial publicar una nueva novela de Pérez-Reverte, Dolores Redondo o Ruiz Zafón son apuestas seguras en las que no pueden permitirse fallar. Estos autores tienen el apoyo incondicional de millones de lectores y las editoriales ponen todos sus recursos en la edición, distribución y promoción de la obra. Ten por seguro que si no estás dentro de ese saco de Best-Sellers no vas a poder competir en esa guerra. Sería como ir con cuchillos a una pelea de pistolas.

 

Si eres un autor independiente quizá te sea más fácil crear una obra de culto que un Best-Seller, ya que en el primer caso tan sólo tendrás que preocuparte de escribir un muy buen libro (dicho así parece fácil). Pero eso es algo que depende exclusivamente de ti; no entran en la ecuación variables como el mercado o la competencia. En caso de ser suficientemente bueno, lo único que necesitaras es tiempo y fortuna para que tu novela caiga en manos de la persona adecuada.

 

La literatura de Best-Seller tiene un público más amplio

Quien no quiera ver esto está ciego. Para la mayoría de la gente que lee, la lectura es un pasatiempo. El tiempo libre es un bien cada vez más escaso. Muchas veces llegamos cansados a casa y queremos entretenernos o relajarnos. Meternos en una literatura espesa, con numerosas figuras literarias y una cantidad ingente de reflexiones existenciales (o de cualquier otro tipo) es algo que nos interesa a muy poca gente. Por eso precisamente tienen tanto éxito las telenovelas de las que hablaba antes.

 

La gran mayoría de las personas que leen buscan entretenerse. Así que si quieres vender mucho tienes que ofrecerle al público algo lo suficientemente entretenido como para competir con los vídeos de gatitos.

 

Los libros de Best-Seller abren la puerta a la literatura

Como hemos visto, hay libros que fueron superventas que eran auténticas obras de arte. Pero incluso en el caso de los Best-Seller que no tienen una calidad literaria destacable, cumplen un cometido muy importante. Los libros que suelen copar las estanterías de cabecera de los centros comerciales más destacados nos abren las puertas de la literatura. Los grandes clásicos no suelen ser un gusano tan apetecible para peces que no acostumbran a morder el anzuelo.

 

A veces, este tipo de libros son capaces de captarla atención de personas que no tienen ni tendrán afición lectora. Puedo contaros que mi padre no es un gran lector. De hecho, rara vez lee un libro de ficción. Sin embargo, se ha leído toda la colección de los libros del Capitán Alatriste. Era algo digno de estudio, los devora en un par de días. En su caso, esto no hizo que se interesara por otros libros, ni tan siquiera del mismo autor. El señor Pérez-Reverte consiguió con esta saga (que ya se puede considerar un clásico contemporáneo) enganchar a una persona no lectora, al menos por un tiempo, cosa que grandes clásicos de la literatura no habrían podido hacer. Y eso, tiene mucho, pero mucho mérito.

 

Una de las generalizaciones que más se suelen escuchar es que los Best-Seller son entretenidos mientras que los clásicos con más cultos. En realidad hay clásicos muy divertidos, con un sentido del humor extraordinario y superventas con más sabiduría de la que se le presupone. Como siempre, cuando generalizamos solemos equivocarnos.

 

A favor de los clásicos está siempre su calidad. Son libros para paladear sin prisas y en repetidas ocasiones. Gracias a estos libros tenemos a nuestro alcance los pensamientos de los mejores escritores que ha dado la literatura. Están avalados por el paso del tiempo y, en muchos casos, poseen pensamientos universales. Para exprimir un clásico de la literatura se requiere un mínimo de trayectoria como lector, y algunos casos nos exprimirá las neuronas.

 

Sin embargo, hay que decir que pocos libros han reclutado más lectores como El Código Da Vinci. El libro de Dan Brown es a mi entender de una calidad literaria muy limitada, pero construyó más lectores en un solo año que muchos autores clásicos juntos. Gracias a este libro, y a otros parecidos, mucha gente se ha aficionado a la lectura y ha terminado leyendo a escritores como Garcilaso, Quevedo, Kerouac, Bulgákov, Kafka o muchos otros. Ya sólo por esto, algunos deberían de ser más respetuosos con este tipo de literatura, que muchas veces también son clásicos de la literatura univesal.

 

 

By Javier Rumego

Los Pilares de la Tierra – Ken Follett

Los Pilares de la Tierra es uno de los libros más vendidos de la historia. Se publicó en 1989 y aún a día de hoy se vende a buen ritmo, a pesar de los temores que mostraron los editores en su momento. Es un gran ejemplo de que un Best-Seller puede también estar bien escrito.

 

Los Pilares de la Tierra es una novela tan famosa que incluso gente que no está interesada en los libros sabe de su existencia. Es más que probable que hayas visto el libro expuesto en las estanterías de las librerías más importantes de tu localidad. Si por alguna casualidad no te has atrevido a agarrarlo porque te impresionan sus más de 1000 páginas, déjame que te diga que puedes estar muy tranquilo porque es un libro que se lee con muchísima facilidad.

 

Ken Follett es para mí, junto con Stephen King, el rey de la literatura de Best-Seller. Follett puede cambiar ligeramente el género de sus novelas: intriga, historica, bélica…, pero siempre mantiene un estilo muy personal y reconocible. Su literatura tiene muchos puntos fuertes, entre ellos la trama, la agilidad de sus letras y sobre todo un control muy preciso del ritmo.

 

Los Pilares de la Tierra es un tocho de más de mil páginas, sí, pero la manera en que está escrito facilita mucho la tarea del lector, que incluso en el caso de un lector no muy entrenado se sorprenderá leyendo a gran velocidad, y queriendo siempre un poquito más.

 

Bienvenidos a la Edad Media

Los Pilares de la Tierra es una novela histórica ambientada en la Inglaterra del siglo XII. A través del proceso de construcción de una catedral, el autor nos mete en una pequeña aldea inglesa donde conoceremos a la gente que la habita.

 

El comienzo de la novela es trepidante, con una serie de acontecimientos que dejan abiertas diferentes líneas narrativas, que poco a poco se irán juntando, y distintos misterios. El elenco de personajes es amplio pero fácil de seguir. Ken Follett nos va dando azucarillos para ir calmando nuestra curiosidad, pero no nos deja saciarnos en ningún momento.

 

El libro se te hará incluso corto y cuando llegues a su última página querrás más. Por suerte, ha escrito dos continuaciones, Un Mundo sin Fin y Una Columna de Fuego, transcurriendo todos ellos en épocas distintas. Un Mundo sin Fin es una secuela digna, interesante de leer. La última entrega, debo reconocer que la tengo pendiente y de momento no la he leído, así que no puedo recomendártela.

 

Si te gusta la historia, la arquitectura o las novelas con las que pasar un buen rato, Los Pilares de la Tierra es una opción ideal. Y ahora que se acercan las navidades es, sin duda, un regalo perfecto.

 

 

By Javier Rumego

Las partículas elementales – Michel Houllebecq

Houllebecq es el escritor actual que más me fascina. Los temas que aborda, la crítica a la sociedad, el sentido del humor tan peculiar que tiene y sobre todo la calidad literaria que despliega me tienen totalmente enganchado a su tinta. Ha publicado 5 novelas, todas con la editorial Anagrama. Seguramente os hable de todas ellas, pero quiero empezar por Las partículas elementales, la que se considera su ópera prima hasta el momento.

 

En una actualidad editorial donde es no es fácil encontrar libros con buena literatura, incluso con un poco de literatura, tener la posibilidad de disfrutar de autores como Houllebecq es todo un gustazo.

 

Leer un libro de Houllebecq, y en especial éste, va a exigirte que exprimas tus neuronas y que permanezcas concentrado. Leer a Houllebecq es posiblemente más difícil que leer a Matilde Asensí o a Reverte, pero tiene su recompensa.

 

Las partículas elementales está considerado como uno de los mejores libros de la literatura francesa

Las partículas elementales fue su segunda novela publicada, por la que recibió numerosos premios y fue considerada por la revista Lire como la mejor novela del año. La publicación de este libro fue el máximo fenómeno editorial francés en muchos años.

 

La novela se divide en tres partes. Dos hermanastros de madre, con infancias difíciles tratarán de vivir con sus traumas. El mayor de los hermanos, Bruno, se convertirá en un científico importante sin ningún interés en los placeres carnales y con seria dificultad para tener sentimientos reales y profundos por otros seres humanos. Su hermano, Michel, será todo lo contrario; un profesor de literatura con una incontrolable adicción al sexo, racista y cargado de rencor.

 

Houllebecq pone de manifiesto a lo largo de toda la novela la inmediatez del placer en el que vivimos, sin tiempo a desarrollar sentimientos. Queremos el placer y lo consumimos como el que se toma un refresco. Una vez consumido esperamos un rato y abrimos otra botella.

 

La literatura del controvertido escritor francés es deliciosa. La lectura se escurre entre sus líneas como la corriente de un río en época de deshielo. Puedes leerlo sin más o leerlo en compañía de un cuaderno y un bolígrafo con el que tomar incontables apuntes.

 

Si aún no lo conoces, te sugiero que le des una oportunidad. Es un escritor soberbio. De lo mejor que puedes encontrar en la actualidad. Quizá no apto para todos los públicos. Las partículas elementales es una novela que no deja indiferente absolutamente a nadie.

 

By Javier Rumego

Descargar libros en PDF. La cultura de la piratería

Descargar libros en PDF (o cualquier otro formato digital), descargar películas, música, software informático o videojuegos es una costumbre muy habitual en nuestro país. Hablar de la piratería es realmente complicado. Hay demasiados puntos a analizar, demasiadas cosas que decir. Es muy fácil perder el foco. Escribir este artículo ha sido un dolor de muelas. Lo he escrito tres o cuatro veces. La última versión tenía casi 5000 palabras. Lo tenía ya programado en WordPress para publicarlo cuando he decidido reescribirlo entero, más corto, más ameno y efectivo.

 

Lo primero de todo que quiero dejar claro es que no pretendo escribir un artículo llorón, mucho menos remover conciencias. No soy tan estúpido o tan iluso como para obviar el problema que existe de fondo. En esto de la piratería todos tenemos nuestra parte de culpa. Todos deberíamos de mirarnos el ombligo. No soy un escritor quejumbroso. Por supuesto que me molesta que alguien quiera conseguir mi libro sin pagar por él, sin tener en consideración mi trabajo, mi tiempo, mi esfuerzo y mi posible talento. Aún así, no me voy a poner a darle puñetazos al mar.

 

Mi libro En el laberinto está disponible de manera ilegal en distintas websites más sospechosas que un callejón oscuro en una noche de niebla cerrada. Personalmente no me adentraría en esos territorios ni acompañado del mejor antivirus del mercado haciéndome de Sancho Panza. Mucho menos acercaría el puntero del ratón al botón de download. Por suerte o por desgracia, en mi caso compagino la literatura con otras artes, que son las que hasta el momento me dan de comer. Lo que hagas me trae sin cuidado, igual que las consecuencias que puedas sufrir por ello.

 

No quiero hablar del pirata como alguien ajeno y lejano. Descargar contenido ilegal en España es algo generalizado; puede ser tu hermano, tu hermana, tu primo, tu suegra, tu amigo, cualquiera. Quien no haya consumido nunca un producto pirata que levante la mano y lo diga bien alto.

 

Como decía, tenía un artículo extenso y detallado a punto de publicar, en el que hablaba de los problemas de la piratería, las pérdidas millonarias que provocaba a las distintas industrias, cuáles eran los sectores más afectados y una serie de datos que, en realidad, no le aportan nada nuevo a nadie. Todos conocemos estos datos, y muchos se los pasan por el forro, así que me los ahorro, y voy directamente al grano.

 

Los responsables de la piratería.

Son principalmente dos: la cultura de la piratería que tenemos en España (y otros países) y la inmovilidad de los gobiernos.

 

La piratería viene de lejos.

Mucha gente, especialmente los más jóvenes, piensan que la piratería se origina con la llegada de Internet. Esto es tan erróneo como pensar que la piratería, la otra, ya sabes, la de los barcos, los abordajes y las banderas con calaveras (esto último, sí) se originó en el Caribe.

 

En realidad, la piratería de la que hablamos hoy en día viene de mucho más lejos. En los años setenta y ochenta se vendían en El Rastro de Madrid, y en muchos otros sitios similares, copias de casetes de música de todo tipo. Era una versión primigenia, e incluso artesanal, del mantero actual. Si querías este tipo de producto tenías que rascarte el bolsillo, por lo que otra opción más económica era esperar a que algún familiar o conocido se comprase la casete o el vinilo (original o pirata) y hacerte una copia en casa. Empresas como TDK, Kodak o Fuji hicieron su particular agosto vendiendo cintas vírgenes.

 

Por aquella época aparecían los primeros ordenadores domésticos. Yo tenía un añorado Amstrad CPC 128K con unidad de disco. La industria del videojuego empezaba a despegar y ya había software como el famoso Discology para copiar disquetes. Es decir, con 10 u 11 años aprendías que copiar contenido ajeno era algo normal. Actualmente creo que esta lección se aprende incluso antes.

 

Todo esto, y probablemente casos más antiguos que a mí se me escapan, fueron la semilla que nos ha hecho creer durante muchos años que tenemos derecho a todas estas cosas sin pagar un céntimo.

 

En cualquiera de estos casos, como las fotocopias de los libros, alguien tenía que gastarse el dinero en el original para que los demás copiáramos el contenido. Hoy en día esto ha cambiado. Ya no hace falta que alguien compre el producto para que los demás lo copien. No necesitas que tu hermano se compre una novela para poder descargar el libro en PDF. Está ahí, en la red, al alcance de cualquiera, sale gratis y no se castiga. Sólo tienes que escribir en Google “descargar libros en PDF” y tienes a tu alcance toda la bibliografía de tus escritores favoritos.

 

La cultura de la piratería

Hay países y culturas que no consumen productos pirata bajo ningún concepto. En algunos casos es meramente cultural. Lo consideran exactamente lo que es, un robo, y por eso mismo no lo hacen. A nadie se le ocurre descargar un libro en PDF o la canción de moda. Se les educa desde pequeños para que entiendan que es inmoral y que está mal. Como veíamos un poco más arriba, en España se nos educa para piratear. Lo mamamos desde pequeños, a los pechos de nuestros padres.

 

El otro motivo que hace que haya países donde la piratería no exista es el castigo. Hay países como Estados Unidos que se toman muy en serio la propiedad intelectual y la defienden con leyes rigurosas y castigos ejemplarizantes. Ya veremos más adelante la comparación con España.

 

En España, y también en Sudamérica, el pensamiento es muy diferente. Aquí es fácil encontrar argumentos en foros, en los comentarios de Youtube o Facebook, de gente jactándose abiertamente de que piratean todo tipo de programa informático, bajan música o recomiendan dónde descargar libros en PDF. Por si fuera poco, se ríen de los “pringados” que pagan por cualquiera de estas cosas. O incluso puedes ver en El confidencial este vergonzoso artículo que parece justificar la piratería.

 

Aceptémoslo, hay gente que de ninguna manera está dispuesta a pagar por el material que consume, aun cuando la rentabilidad y los riesgos, de los que te hablaré más adelante, insultan toda inteligencia. He visto casos de personas que han estado horas, incluso días para descargarse gratis contenido por valor de 0,99€. Creo que con eso está todo dicho.

 

Justificaciones de los que practican la piratería digital

Llegados a este punto, viene bien recordar que la piratería es una actividad ilegal. Aun así, los que la practican se justifican abiertamente de muchas maneras. A continuación indico los principales motivos que alegan y lo que opino de ello.

 

Es gratis

No es gratis. Es un ROBO.

 

Facilidad en la localización de contenidos

Defienden que el posicionamiento en Internet de estas páginas es muy alto y les resulta muy fácil encontrar lo que buscan. Pero la realidad es que nada es más fácil que acceder al buscador de Amazon. Los que busquen un software, lo más rápido es ir a su página web y localizar el producto. A veces, encontrar el archivo pirata lleva horas, incluso días.

 

Acceso rápido e inmediato

Me remito al apartado anterior. Nada más rápido e inmediato que entrar en Amazon o en las website oficiales de las marcas. Pagas, descargas el contenido y a disfrutarlo. No tienes que invertir el tiempo en buscar cracks ni nada parecido.

 

Ya pagan por la conexión a Internet

¿Y qué? Es absurdo. Es como ir a un restaurante, pedir un refresco y querer comer gratis porque ya has pagado la bebida. O si lo prefieres es como ir a una tienda a comprar una televisión y querer llevarte el sofá gratis.

 

No se fían de pagar por Internet

Pero se meten en páginas web más sospechosas que un asesino con el cuchillo goteando sangre. No hay nada más seguro que pagar por Amazon o hacerlo directamente por la website del comerciante.

 

En el caso de autores independientes, muchos consideran que si no están publicados por editoriales no merecen que se pague por su obra.

Si consideras esto es porque crees que nuestro trabajo no es bueno. Si piensas así quizá deberías de leerte este artículo sobre la calidad de los libros de los autores independientes. Pero déjame preguntarte ¿qué coño haces perdiendo el tiempo con algo que según tu criterio es una mierda? ¿No crees que es mejor gastar tu tiempo en otra cosa?

 

Los escritores de renombre son millonarios así que no se van a arruinar si no compro su libro

Los libros independientes no son suficientemente buenos para pagar por ellos y los que supuestamente sí lo son, como el que los escribe está forrado tampoco los pagamos. Está claro que lo importante es no pagar. Estaría bien que leyeras este artículo (es gratis) de Santiago Posteguillo, recientemente galardonado con el Premio Plantea para que entiendas mejor lo que gana un escritor con su obra.

 

Son productos muy caros

Esto te lo puedes esperar cuando te hablan de un software de 3000€ pero no de un libro o de un CD de música. Además, este argumento podríamos emplearlo para un coche o una casa y nadie puede tenerlo gratis. En esencia, porque el gobierno no lo permite.

 

Muchas veces el producto es malo

Este era un argumento muy común al descargar música. Un grupo sacaba uno o dos singles buenos para promocionar el álbum y el resto de canciones no estaban a la altura. No pasaba siempre, pero pasaba. Hoy en día, tenemos Spotify donde podemos escuchar todo el disco antes de comprarlo o puedes leer en Amazon los primeros capítulos de una novela. O incluso, muchos escritores ofrecemos gratis los primeros capítulos de nuestros libros en nuestra página web.

 

La normalización de la piratería

En España llevamos tanto tiempo pirateando que no somos capaces de ver lo malo del asunto. Da igual que nos lo expliquen. Cada uno vivimos con nuestra vedad, y como vivimos en un mundo en el que nadie se plantea estar equivocado es muy difícil hacerle a alguien bajarse del burro. Además, en este mundo de pajaritos azules, corazones de colores y pulgares arriba las razones no viajan solas sino que pertenecen a colectivos, cada uno con sus razones que, equivocadas o no, se alimentan del poder de las masas.

 

Da igual descargar libros en PDF, el último disco de tu cantante favorito o la última versión de Windows. Plantearse hoy en día que quizá estemos haciendo algo que no es del todo correcto es un ejercicio sólo al alcance de un héroe griego.

 

La gente cuando descarga contenido ilegal de Internet no piensa que está cometiendo un delito. Al fin y al cabo, lo hace todo el mundo. Es algo normal. Lo ilógico es que alguien pague por algo que puede tener gratis.

 

Quiero entender que la gente que piratea lo hace en la mayoría de los casos sin maldad. Conozco adolescentes y personas de 90 años, todos ellos buenas personas, que consumen contenido ilegal. «Los escritores están forrados» dicen. Por supuesto que Reverte, Follet, Martin y otros no pasan hambre, pero eso no te da pie a que les robes. Otros, aunque no te lo creas, no tenemos tanta suerte.

 

La piratería es una cultura muy arraigada en España

La cultura de la piratería está dentro de nuestro ADN. Éste es uno de los motivos por el que va a ser muy difícil solucionar el problema. Lo consideramos algo normal, y a veces nos cuesta ver la viga en nuestro ojo.

 

En ocasiones, la normalización alcanza el surrealismo. No es la primera vez que un individuo se pone en contacto con un escritor para pedirle gratis el fichero en PDF de su libro, o que le dice que le ha gustado mucho su novela que se la ha descargado de tal o cual sitio. Evidentemente estas personas no piensan que están haciendo nada mal. Es posible, incluso, que sean personas inteligentes, pero la costumbre los ha vuelto gilipollas. Da igual que se lo expliques, no lo van a entender. Como comentaba don Arturo Pérez Reverte hace apenas unas semanas, los hay que son idiotas sociales.

 

La cosa no queda ahí. Aquí hay para todos. En el último mes que llevo dándole vueltas a este artículo, he visto en redes sociales a varios compañeros exaltados porque les habían pirateado sus novelas. Algunos se ponen como furias, lo cual puede ser comprensible. Desde aquí les muestro mi apoyo ante un momento tan desagradable. Lo que no es tan normal es que luego te pongan una publicidad de su libro con Hugh Jackman a la cabeza.

 

El problema cultural es tremendo. El sinsentido lo gobierna todo: Scarlett Johansson, Gemma Arterton, Taylor Lautner o Zac Efron, entre otros guapos, invaden las redes sociales como imágenes promocionales de escritores más o menos desconocidos. Esas imágenes tienen derechos de autor, no sólo del actor o actriz correspondiente sino también del fotógrafo. Igual alguno ha pagado por ello, pero lo dudo.

 

Del mismo modo que no sabría decir cuantos escritores u otros profesionales, como por ejemplo los diseñadores gráficos que tan bien conozco, utilizan licencias legales de sus herramientas de trabajo. ¿Cuántos escriben con un Microsoft Word legal? ¿Cuántos tienen licencias de Photoshop, Illustrator, InDesign o incluso del propio Windows?

 

 Espero que nadie se ponga como un basilisco. Quienes utilicen todo el software legal que no se alteren y levanten la mano ordenadamente. Los otros, como decía antes, todos tenemos que mirarnos el ombligo.

 

La incapacidad del gobierno

Como decía al principio del artículo, el otro problema principal a la piratería en España a parte de la arraigada cultura es la inmovilidad e incapacidad del gobierno. Antes de que las hienas de colores enseñen los dientes, quiero dejar claro que cuando hablo del gobierno no me refiero a éste que tenemos ahora, que también, sino que hablo del anterior y del anterior, quizá de los últimos cuarenta años, o quizá de los últimos cien, o tal vez de los últimos trescientos o cuatrocientos años. Si algo sobra en la historia de España son ejemplos de malos dirigentes.

 

Anteriormente hablaba de la contundencia de países como Estados Unidos a la hora de defender la propiedad intelectual. España siempre ha estado muy por detrás en este aspecto. Los diferentes gobiernos en los que hemos ido alternando inútiles tras inútiles, jamás se han tomado este asunto lo suficientemente en serio.

 

Bien es cierto que últimamente se están haciendo cosas: el cambio de ley del 2015, el nuevo canon digital (impuesto por la UE, que ya veremos qué resultados da y cómo reparten lo recaudado), el cierre de algún portal de descargas y poco más.

 

Desde mi punto de vista, sanciones ejemplarizantes ayudarían a solucionar el problema. Cuando algo está tan arraigado en nuestra idiosincrasia no hay otra forma de sacarlo más que a palos. Nada escuece más que nos toquen el bolsillo. Y sí, la ley del 2015 ha supuesto un punto de inflexión en la piratería, pero básicamente en las empresas. A nivel particular seguimos más o menos igual. Cualquiera puede descargarse prácticamente lo que le dé la gana, sin que le pase nada.

 

Personalmente creo que a ningún grupo político de España le interesa solucionar este problema. A ninguno de ellos se le ocurriría incluirlo en un programa electoral, que luego no cumplen. Quizá sean incompetentes, pero no son tontos. Me imagino la cantidad de votos que podrían perder si muestran un verdadero interés en acabar con la piratería. Definitivamente no es un buen negocio para ellos. Intuyo que dejarán correr el tiempo, dando pasos pequeños, a veces impuestos por la UE, sin prisa, esperando que se vaya diluyendo poco a poco, para llegado el momento ponerse la medalla.

 

El problema de la piratería en los libros

La literatura es uno de los sectores más perjudicados por la piratería. Descargar libros en PDF es una de las acciones más comunes entre los consumidores de piratería. En otras palabras, descargar ilegalmente libros es un hurto. Cuando te descargas mi libro de manera pirata me estás robando. Si me robas no cobro y si no cobro no como. Si no como tengo dos opciones: me muero de hambre o dejo de escribir y me busco otro trabajo. Entiende que los escritores vivimos de nuestros lectores, es decir de ti.

 

Con la aparición de los dispositivos de lectura digital como los Kindle, la piratería de los libros se ha multiplicado exponencialmente. Es muy normal ver a gente quedando para intercambiarse archivos como si fueran cromos. O mandar libros en PDF por email. Muchas veces descargan libros que ni van a leer. Es descargar por descargar. No es que sea gratis, es vicio. Hay gente que se aburre en la oficina y se descarga libros pirata para matar el tiempo.

 

Descargar libros en PDF es sólo una parte del problema

Los escritores vivimos en constante amenaza por la autoría de nuestra obra, especialmente cuando no somos famosos. Yo, por ejemplo, subo mucho contenido a mi página web que puedes leer gratis: relatos cortos, los primeros capítulos de mi novela, por supuesto los artículos del blog… Cualquiera puede robarme mis escritos y publicarlos o presentarlos por ahí con su nombre. Desde luego, tomo todas las precauciones posibles para proteger mi obra, pero como te puedes imaginar mis recursos para controlar esto son limitados.

 

Hace unas semanas, la escritora Clara Asunción García publicaba en las redes sociales cómo la habían pirateado y subido a la plataforma Wattpad su obra. Alguien había cogido su novela, le había cambiado los nombres a los personajes y la había subido para que la gente pudiera leerla gratis. Más de 39.000 lecturas en un año que es lo que tardó la autora en darse cuenta de lo que estaba pasando. Algún canalla dirá que gracias a eso está ganando cuota de mercado, pero la realidad es que está autora ya tuvo que dejar de escribir para proteger su obra como explica en este artículo.

 

 

La persona que subió el libro cambió el nombre de los personajes y lo publicó. Quizá no fuera consciente de lo que hacía, y dudo que quisiera enriquecerse con esto. Pero si las autoridades le metieran una multa de 30 a 50 mil euros, aprendían esa persona y unos cuantos más. Y luego tenemos el comentario de un lector o lectora que dice que le parece genial, que le encantan los libros de esta escritora y que así no tiene que pagarlos. Aquí tenemos el claro ejemplo de un par de gilipollas sociales. Para mear y no echar gota.

 

Comparación con otras artes

La música es el sector más castigado por la piratería. Sin embargo, el escritor es el artista que peor parado sale de todo esto. Una persona que piratea siempre puede ir a un concierto o a una obra de teatro de sus cantantes y actores preferidos. Los escritores no tenemos posibilidad de llenar los platos de sopa nada más que con nuestros libros, y además somos los que menos subvenciones recibimos por parte del Estado.

 

Un escritor puede abrir un canal de Youtube para ganar visibilidad y si se lo monta bien incluso ganar algo de dinero extra (poco). Pero difícilmente veremos un caso como el de Pablo Alborán con un escritor. La literatura es el arte menos audiovisual de todos los que existen, y también el menos inmediato. La literatura es pausada, es intimidad, por lo que sale perdiendo en este entorno 2.0. La pintura o la escultura apenas se ven afectadas por la piratería digital. Por supuesto tienen sus propios enemigos, pero éstos no son las descargas ilegales. Los hay que no pagarían ni lo que cuesta la impresión de una lámina de Cézanne.

 

Riesgos de descargar contenido pirata

Llegados a este punto estaría bien que conocieras los riesgos más importantes si practicas la piratería.

 

Es ilegal y, por lo tanto, te expones a pagar una multa incluso a ir a la cárcel.

En este caso corres más riesgo si eres una empresa que un particular. A diferencia que en otros países, en España apenas se persigue al individuo. Aun así, ya hay sentencias en firme donde un particular ha sido castigado a pagar una multa por descargarse películas de manera ilegal.

 

Aunque parezca mentira, en España 4 de cada 10 empresas utilizan software pirata. En el año 2015 cambió la ley por lo que este tipo de delitos se pueden castigar por la vía penal. Ya hay casos de empresas condenadas a pagar cantidades millonarias por delitos contra la propiedad intelectual. Así que, si pretendes reducir costes de tu empresa, instalar software pirata no es lo más inteligente.

 

El caballito de troya

Posiblemente seas de esos que sacan pecho y te sorprendas de lo listo que eres. Mucho cuidado, los hay más listos que tú.

 

Uno de los mayores problemas que tiene descargar archivos ilegales es que es muy posible que los ficheros no estén limpios. Los hackers son muy listos y actualmente disponen de muchas herramientas. Para ellos es muy fácil esconder el Ojo de Sauron en tu ordenador, quien lo verá absolutamente todo: documentos, contraseñas, números de cuenta, acceso a la webcam, fotografías…

 

Ahora piensa si te interesa descargar libros en PDF, cuando su versión legal cuesta 0,99€ o 2,99€ o incluso 9,90€. Descargar contenido ilegal te puede salir muy caro, así que luego no llores. Estás avisado.

 

¿Tiene solución?

Yo quiero ser optimista. Creo que mucha gente está cambiando de mentalidad. El problema es que, como he explicado a lo largo del artículo, es un problema muy arraigado. A lo largo del 2017 la piratería bajó un 6%. Estamos pendientes de los datos de 2018 pero todo indica que seguirá la misma inercia.

 

Las nuevas tecnologías, cambios de política de muchas empresas y las plataformas de televisión mediante suscripción están contribuyendo a cambiar las cosas. Ofertas más accesibles para el usuario domestico y el profesional dejan sin excusas a los piratas. Incluso hay empresas permiten que utilices su software gratis y sólo cuando generes dinero tengas que pagar por la licencia.

 

Actualmente cualquiera puede tener una copia legal de Photoshop por unos 12€ al mes o usar alternativas de software libre como GIMP.

 

HBO, Netflix o Amazon Prime son claros ejemplos de plataformas que contribuyen a que las descargas de películas y series disminuya. Aún así, sigue siendo un sector muy castigado. La suscripción base de HBO o Netflix en España cuesta 7,99€ al mes. Amazon Prime se sitúa en 19,95€ al año. Vamos que incluso contratando los tres servicios saldría más económico que aquellos tiempos en los que alquilábamos las películas en el extinto videoclub, y nadie se rasgaba las vestiduras por pagar para ver una película.

 

En el caso de Amazon y la literatura, al ser Premiun, puedes acceder a todos los títulos que quieras en su modo de préstamo. Puedes leer todo lo que quieras en versión digital por el precio de la suscripción.

 

Aun así, sigue habiendo mucha gente que se niega a pagar por estos servicios. Muchos de los que piratean seguirán haciéndolo. Siempre habrá quien quiera descargar libros en PDF, películas, series y software informático. Por eso es tan importante que los dirigentes se remanguen de una vez y tomen cartas en el asunto.

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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By Javier Rumego

Madame Bovary – Gustave Flaubert

Con esta novela me pasó algo parecido a lo que os comenté hace unas semanas con El viejo y el Mar. Estaba en la Feria del Libro de Madrid cuando llegué a una caseta con un montón de Clásicos. Esta vez atrapé Madame Bovary, Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y Así habló Zaratustra por unos 15€, menos de lo que cuesta cualquier libro de rebaño de esos que abundan por las demás casetas con algún famoso firmando.

 

De los tres libros, Madame Bovary fue el que más me gusto con mucha diferencia. Alicia es quien lo tuvo más difícil y es que a veces es complicado luchar con los recuerdos de la infancia. Aun así, fueron tres lecturas enriquecedoras.

 

Emma Bovary la adultera más famosa de la literatura

Madame Bovary es el adulterio más famoso de la literatura junto con Anna Karenina. Personalmente prefiero la obra de Flaubert por su perfección técnica y por la cantidad de emociones contradictorias que me hizo sentir.

 

Flaubert creó con esta obra una crítica a la alta burguesía francesa de mediados del siglo XIX. El libro despertó un gran revuelo en el momento de su publicación y estuvo muy cerca de ser censurado. Las aventuras de Emma Bovary escandalizaron a una sociedad clasista e hipócrita. El abogado del escritor consiguió solventar el problema haciendo creer que el libro se cerraba con un final moralista.

 

Madame Bovary ha sido utilizada durante muchos años por un sector feminista como un claro ejemplo de la desigualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, la lucha de Emma nada tiene que ver con el colectivo de la mujer. A Emma las demás mujeres le traen sin cuidado, igual que el resto del mundo. A Madame Bovary sólo le importa ella misma, anteponiendo sus deseos incluso a las necesidades de su hija recién nacida.

 

Madame Bobary es un personaje real, construido a la perfección

Emma es un personaje complejo, de los que a mí me gustan. Está llena de sueños y aspiraciones. Busca que su vida sea un constante torrente de emociones y sentimientos, como en las novelas que lee. Es una mujer insatisfecha. Nunca conseguirá ser feliz porque la realidad jamás podrá competir con sus sueños. Al igual que los libros de caballerías hicieron estragos en Don Quijote, en el caso de Emma son las novelas románticas las que le dejarán una ancha grieta.

 

Primero se dará cuenta que el matrimonio que acepta con la ilusión y la ignorancia de la juventud nada tiene que ver con la idea romántica que ella se había construido en su cabeza. Su marido, un buen hombre, no tiene nada que ofrecerle salvo una vida tranquila, hogareña y aburrida. Madame Bovary tendrá que buscar emociones fuera del matrimonio. Varios amantes y un ritmo de vida que no puede sostener le llevarán a un desenlace dramático.

 

El personaje de Madame Bovary está repleto de emociones que traspasan las páginas para colarse en tus sentidos. A veces la quieres y a veces la desprecias. Sus infidelidades es lo que ha trascendido a lo largo del tiempo, pero son lo de menos. Nadie debería de escandalizarse por un par de cuernos. Hoy en día, cualquiera los ha llevado y los ha puesto en algún momento de su vida. Son sus caprichos y su egoísmo lo que desagradan. Emma es una victima de sus propios sueños, de su falta de moral y de su egoísmo. Pero también es un canto a la rebeldía y a las ganas de vivir, de no conformarse con una vida normal. En la actualidad me recuerda mucho a esos jóvenes que demandan todos los derechos sin asumir ninguna obligación, los que quieren sólo esa parte de la vida repleta de colores.

 

Gustave Flaubert creó una obra universal indispensable para los amantes de la literatura. Su lectura es maravillosa. La calidad técnica, la narrativa, la construcción de cada una de sus frases…, todo es simplemente perfecto. Si aún no la has leído te recomiendo que lo hagas. Es una verdadera joya de la literatura.

 

 

By Javier Rumego

El retrato de Dorian Gray – Oscar Wilde

El retrato de Dorian Gray pertenece a esa categoría de libros universales que traspasan la frontera de sus páginas. Actualmente es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar de Dorian Gray, aunque no le gusten los libros. Se han hecho versiones de la novela tanto para teatro como para cine. Su personaje ha sido representado en multitud de ocasiones y es un icono universal.

 

Esta obra fue la única novela publicada por uno de los genios de la literatura más elegantes. Oscar Wilde tenía una calidad impecable y un ingenio más afilado que la espada de Isildur.

 

Terror gótico clásico

El retrato de Dorian Gray es uno de los últimos relatos de terror gótico clásico que se publicaron. Wilde nos mete dentro de una escalofriante historia sin necesidad de fantasmas, muertos vivientes, ni otros monstruos más allá de los propios vicios y bajezas del ser humano. La humanidad es el peor monstruo de todos. Ni tan siquiera aparece el demonio para tentar al protagonista, no hace falta. El encantamiento de Dorian Gray es sólo consecuencia de sus más fervientes deseos.

 

Durante años se ha creado la idea de que Dorian Gray vendió su alma al diablo para permanecer siempre joven. Esta idea ha perdurado hasta nuestros días. En este mundo actual, donde parece que nos gusta que nos metan la comida ya masticada en la boca, es más fácil creer esta historia que coger el libro y descubrir todo lo que esconde en su interior (que es mucho). La historia de El retrato de Dorian Gray ha sido contada tantas veces que en algunos puntos se ha desvirtuado simplificándolo todo a un nuevo trato con el diablo.

 

El retrato de Dorian Gray es mucho más que eso. Es una crítica brutal a la sociedad con la que Wilde tuvo que convivir, no muy diferente a la nuestra. La maldición es consecuencia de un deseo interno, algo que podríamos desear cualquier de nosotros en cualquier momento. Es fascinante la elegancia con que lo hizo y mucho más aterrador que un demonio jugando al juego de siempre.

 

El retrato de Dorinan Gray contiene los vicios de la humanidad

Wilde pone de manifiesto los pecados del ser humano. La novela habla del narcisismo, del hedonismo, de la superficialidad que ahora está tan de moda. Nos hace plantearnos qué cosas seríamos capaces de hacer si quedáramos impunes. Nos habla de la belleza, especialmente de la belleza eterna, de la elegancia, del miedo a perderla, del miedo a conservarla, del odio, del placer más absoluto sin límites ni barreras.

 

La novela no es muy extensa. En realidad es más bien corta y se lee de una tirada. Encontrarás frases como cañonazos. De esas que a veces encuentras una o dos en una novela que hace que ya haya merecido la pena. En este caso todo el libro está repleto de ellas. Te hará pensar y también desear en lo más profundo de tu alma algo que no se puede contar.

 

Una novela especialmente visual

La ambientación es magnífica. Se puede decir que los libros tienen un color, una tonalidad. Cada vez que pienso en El retrato de Dorian Gray veo imágenes en blanco y negro, salpicadas por momentos de colores brillantes y saturados. Recuerdo imágenes en mi cabeza como si hubiese visto alguna fotografía. La visión de la casa del protagonista por la noche es como una ilustración en blanco y negro rota por la luminosidad de una ventana iluminada. Es un libro tremendamente visual. De hecho, El retrato de Dorian Gray tiene una cosa muy poco común, y es que incluso habiendo visto con anterioridad alguna de sus versiones cinematográficas, comprobarás que tu imaginación no queda afectada. Podrás imaginar con claridad tus propias escenas y protagonistas.

 

Personalmente creo que Oscar Wilde trato de ir más allá. Sinceramente pienso que quiso guardar dentro de su libro todos los pecados de la sociedad contemporánea de la misma manera que los pecados del protagonista quedan encerrados, y visibles, dentro del cuadro.

 

Si aún no la has leído te sugiero que lo hagas. Descubrirás que la historia no es como te la habían contado. Además encontrarás un gran número de sorpresas escondidas en sus páginas, pero eso sí, ¡cuidado con lo que deseas!

 

By Javier Rumego

¿Es suficientemente buena la calidad de los libros independientes?

La calidad de los libros independientes está en entredicho por ser el eslabón más débil de la cadena. Libros y literatura son dos cosas distintas que a veces confluyen armónicamente en el mismo espacio, pero no necesariamente. La literatura es sólo una pequeña parte de un mercado que mueve miles de millones de euros al año. Cuanto antes te metas esto en la cabeza, mucho mejor. Te evitará disgustos y dolores de cabeza.

 

Tienes que dejar de ver un libro como algo sagrado a lo que rendir pleitesía y verlo como un producto. Y sí, hablo de productos porque es lo que son. Aquí no estamos hablando de literatura, eso es otra cosa muy diferente. A mucha gente le gustan los libros pero no a todos les gusta la literatura. Las personas compran libros por motivos muy diferentes. La mayoría, por supuesto, para leer y entretenerse, otras para decorar la casa, para parecer más cultas o para que el famoso de turno se los firme.

 

Desde hace unos años vivimos una revolución editorial fascinante. Actualmente podemos encontrar un amplio abanico de alternativas a la edición tradicional. En España existe un gran número de pequeñas editoriales y empresas de servicios de edición que pueden facilitarte publicar tu novela, especialmente si eres un escritor novel y te has desgastado los nudillos llamando a las puertas de las grandes editoriales y lo único que has conseguido es silencio. Pero si alguien ha puesto esta industria patas arriba han sido las plataformas online como Lektu, Bubok, Lulu y por encima de todas ellas, Amazon.

 

Nunca ha sido tan fácil ver tu libro publicado, ya sea en formato digital o en papel, lo cuál puede llevar a mucha gente a plantearse si la calidad de los libros independientes es suficientemente buena. De hecho, hay gente que afirma rotundamente que no lee ni leerá a ningún escritor desconocido porque la calidad de los libros independientes es mala.

 

Abrir las puertas de par en par para que cualquiera publique su libro, incrementa las posibilidades de encontrar libros mal escritos. La inexistencia de filtros y la osadía de muchos autores puede hacer peligrar la reputación de la calidad de los libros independientes. Sin embargo, el panorama en las editoriales tradicionales no está mucho mejor. Acomódate en la silla, en el sofá o dónde quiera que estés, porque a lo largo de este artículo voy a hablarte sobre la calidad de los libros en el panorama actual.

 

Diferentes opciones para editar

Antes de nada, quiero que veamos resumidamente las diferentes posibilidades que tenemos a la hora de publicar un libro, especialmente cuando no hemos publicado nada antes.

 

Digamos que tenemos tres opciones principales a la hora de publicar. Las explico muy brevemente.

 

Edición tradicional

Es cuando la editorial te paga por tus derechos de autor para llevar a cabo la explotación de tu obra. Ellos exponen su dinero para sacar tu libro adelante. Se encargan absolutamente de todo: correcciones ortotipográficas y de estilo, edición, maquetación, diseño de la portada y contraportada, promoción, etc. Vamos, ellos lo hacen todo. Confían en tu talento o en tu producto y arriesgan. Tú no tienes que preocuparte de nada, o de casi nada.

 

Algunos autores independientes hablan pestes de las editoriales tradicionales hasta que una de las gordas le pone un contrato y una estilográfica encima de la mesa. No nos engañemos, la mayoría de los que escribimos aspiramos a ser publicados por una gran editorial. Ser publicado por una editorial te ofrece una serie de posibilidades que no tienes de ninguna otra manera. Lo primero de todo es el prestigio, luego están el acceso a las distribuidoras y la posibilidad de vender tu libro en grandes centros comerciales, librerías, etc., así como presencia en eventos y firmas de libros en las ferias más importantes.

 

Entrar en una editorial tradicional no es nada fácil en la actualidad, seguramente nunca lo ha sido. Si no eres famoso lo tienes realmente jodido, incluso si escribes rematadamente bien (de esto hablaré un poco más adelante). Por el momento te diré que puedes intentar mandarles tus manuscritos o participar en sus concursos literarios. En muchos casos tendrás que bajarte los pantalones y poner el culito en pompa para acceder a sus condiciones.

 

Por este y otros motivos la tendencia está cambiando en EEUU. Algunos escritores de prestigio han decidido abandonar el barco y se han lanzado a la aventura. Ya sabemos que lo que se pone de moda en el “país de las oportunidades” termina desembarcando tarde o temprano en Europa. Ya veremos lo que pasa finalmente a este lado del océano. Personalmente creo que en España difícilmente un escritor con fama y fortuna va a querer cruzar solo el Orinoco.

 

Si quieres más información de cómo publicar con una editorial tradicional te recomiendo que leas este artículo de escritores.org

 

Coedición

La coedición es cuando una editorial o supuesta editorial te ofrece publicar tu libro corriendo tú con todos los gastos o, en el mejor de los casos, repartiéndolos al 50%. Personalmente esta opción no me gusta, incluso cuando estas editoriales tienen acceso a las distribuidoras y presencia en ferias importantes.

 

Con las editoriales de coedición hay que tener los ojos muy bien abiertos y las orejas tiesas. Muchas de estas empresas no son otra cosa que empresas de servicios editoriales, y en el peor de los casos simples imprentas enmascaradas que lo único que les interesa es hacer una tirada de libros, importándoles una mierda la calidad de tu novela.

 

En el mejor de los casos la editorial compartirá contigo los gastos, diseñarán tu portada y pondrán a tu disposición sus correctores y editores para revisar tu obra. El acabado final del libro debería de ser óptimo, al menos en cuanto aspecto; del contenido todavía no hemos hablado. Podrás elegir si lo quieres en tapa blanda o tapa dura y una serie de opciones que dependerán del dinero que estés dispuesto a gastarte.

 

A fin de no alargarme más, te dejo este enlace a un artículo de Mariana Eguaras donde encontrarás más información sobre la coedición.

 

Autoedición pura y dura

Yo me lo guiso, yo me lo como. La autoedición es cuando el autor se encarga absolutamente de todo. Una vez tengas terminado tu libro, tendrás que encargarte de corregirlo, editarlo, maquetarlo, diseñar la cubierta, elegir formato, promocionarlo, etc. Si te está entrando vértigo, acomódate en la silla, bebe un poco de agua y coge aire porque esto sólo es el comienzo.

 

Ser autor independiente conlleva muchas más cosas de las que te hablaré en próximos artículos. Por el momento estamos centrándonos tan sólo en el proceso de edición para que publiques un libro saneado y con buena presencia, como cuando vas al baile o a pedir trabajo.

 

Uno de los errores principales de algunos escritores que se autoeditan es pensar que pueden hacerlo todo sin ayuda de nadie. Todos los libros necesitan pasar varios filtros, incluso los que están escritos por los autores más prestigiosos. Quizá pienses que eres especial y que escribes mejor que nadie; ese sería otro error lamentable.

 

Cualquier libro que se publique debe pasar al menos por una corrección ortotipográfica que subsane erratas, signos de puntuación incorrectos y demás alimañas que se esconden entre los matorrales de las letras. La corrección de estilo quizá no sea tan obligatoria pero sí recomendable. Creo que cualquiera que se dedique a escribir debería de tener su estilo definido y manejar las letras lo suficiente como para que no te tengan que entablillar todos y cada uno de los párrafos de tu novela. La portada, si no sabes de diseño gráfico (incluso sabiendo) tendrás que buscar alguien que te haga el trabajo. Pagar 30€ por este tipo de trabajos no es una opción recomendable. Rodéate de buenos profesionales y conseguirás un producto mejor.

 

En mi caso, prefiero publicar por mi cuenta. Ya que voy a gastarme el dinero en correctores y diseñadores, me gusta elegir quién va a hacerme el trabajo. Prefiero ponerme en contacto con empresas de servicios editoriales o profesionales de mi confianza a no saber quién va a hacerme este trabajo. Y respecto a la distribución, trabajo con Amazon que tiene presencia mundial y puede imprimir mi libro bajo demanda.

 

Editoriales independientes

Quiero mencionar antes de cerrar este apartado a las editoriales independientes. Suelen ser editoriales pequeñas con un sector literario muy bien definido, en las que es más fácil asomar la cabeza que en una editorial tradicional y de mayor volumen. Algunas de estas editoriales independientes pueden funcionar como las editoriales tradicionales haciéndose cargo de todos los gastos o pueden ser editoriales de coedición.

 

Sea como sea, a no ser que una editorial tradicional quiera arriesgar su dinero por ti, cosa que no suelen hacer con autores primerizos, tienes muchas opciones para elegir la manera de publicar tu obra. Pero para sacar al mercado un buen producto tendrás que rascarte el bolsillo. De ti depende elegir una u otra opción. Aquí te dejo un enlace de la web Autorquía que seguramente te interese.

 

La calidad de los libros independientes

Una vez aclaradas las distintas opciones de publicación que tenemos, volvemos al principio para hablar sobre la calidad de los libros independientes, y ¡qué coño!, también de los otros.

 

Decir que los libros de autores independientes no tienen calidad no es un argumento válido, más aún cuando viene de alguien que se jacta de no haber leído nunca un solo libro de un autor que no fuera conocido. Para que una opinión pueda ser tomada en serio debería al menos estar fundamentada.

 

Por supuesto que dentro de la literatura independiente hay libros malos, incluso muy malos. Yo mismo me he cruzado con más de uno, pero también he leído muy buenos libros. Exactamente igual que con los libros publicados por grandes editoriales.

 

Lo que sí es cierto, y esto no podemos obviarlo, es que hay todavía cierta tendencia a pensar que si un libro no está publicado por una editorial tradicional es simple y llanamente porque no es suficientemente bueno. Incluso hemos visto este parecer en escritores prestigiosos, probablemente por desconocimiento del mundo editorial más allá del que afortunadamente conocen.

 

Desde luego, si eres un escritor novato y desconocido y le presentas a una editorial un manuscrito sin calidad, no te lo van a editar de ninguna de las maneras. Lo más normal es que te contesten con el más absoluto silencio y que los grillos te canten al oído.

 

Las editoriales no son los guardianes de la literatura

Las editoriales son empresas que como tales tienen que sacar beneficios porque si no lo hacen tienen que echar el cierre como cualquier otro negocio. La literatura es parte de su trabajo, pero tienen que ajustar cuentas y llenar de garbanzos el plato de todos sus trabajadores. Por eso encuentras infinidad de libros que nada tienen que ver con la literatura: libros de cocina, de autoayuda, libros de fotografía, biografías de famosos…, en fin, de todo lo que puedas imaginarte.

 

En cuanto a los libros literarios, no cambia mucho la cosa. Las editoriales no son la Orden Sagrada que tienen que cuidar del arte de la literatura. No, ellas buscan un producto que pueda interesarte y que les salga rentable. Las grandes editoriales tienen gente muy preparada que sabe o cree saber los gustos de los lectores en cada momento. Buscan el género más de moda y lo explotan.

 

Incluso en el caso de que les presentes un buen manuscrito, qué digo bueno, pongámonos en una novela excelente, superlativa…, lo más posible es que no te la publiquen. ¿Por qué? Porque no te conoce ni el tato; así de simple. Si no te conoce ni tu padre, la inversión de la editorial para vender tu obra aumenta, lo que la convierte en una apuesta arriesgada.

 

A las editoriales les importan más los números que las letras

Para ellos es mucho más rentable buscar apuestas seguras, gente conocida que quiera publicar un libro. A una editorial le es más fácil sacarle rentabilidad al libro de Mónica Carrillo o Boris Izaguirre que al tuyo.

 

Luego hay otros casos que si llevas poco en esto quizá te cuesten más digerir. Al final terminas haciendo callo y entendiendo cómo funciona el mundo editorial. El último ejemplo es el libro La tinta de mis ojos de la cantante de OT Aitana Ocaña, editado ni más ni menos que por la editorial Alfaguara, a la que se le presuponía cierta calidad en sus libros. Pero claro, ¿cómo desaprovechar una golosina tan suculenta? La propia cantante ha reconocido que la editorial le puso una “coach literaria” para “ayudarle” a escribir el libro. La cosa suena fea de cojones y huele a podrido, pero será rentable y ayudará a cuadrar las cuentas.

 

Estoy seguro que muchos de los que dicen que la calidad de los libros independientes es mala son consumidores de este tipo de libros que aprovechan el tirón del famosete del momento, como por ejemplo: El abrazo infiel de Olvido Hormigos, Defectos perfectos de Chenoa, Creer: el desafío de superarse siempre de Diego Pablo Simeone o el recientemente publicado Bajo el aro de mi admirado Pau Gasol. No voy a decir que estos libros no sean interesantes, pero calidad literaria más bien poca. Eso sí, están bien presentados y seguramente no tengan erratas.

 

Luego están los libros de rebaño. Casos como el de Megan Maxwell, quien en esta entrevista confiesa que no lee libros y se inspira viendo pornografía. Sin embargo, esta escritora madrileña tiene un éxito de ventas increíble y una legión de seguidores con nombre propio. Ellas dando palmas con las orejas por hacer tríos. Ellos dándole las gracias porque ya se veían el resto de su vida tocando la zambomba. Sin duda, un gran acierto de la editorial que le propuso hacer este tipo de novelas. Igual que la lectora profesional que recomendó publicar el libro El tiempo entre costuras de María Dueñas; una novela, a mi modo de ver, con una narrativa muy justa, un ritmo intermitente, un final mal desarrollado y personajes desaprovechados, que sin embargo vendió más de un millón de ejemplares.

 

Aquí entraríamos a hablar de los gustos de los lectores y del público en general. Pero sería muy extenso y es mejor hablar de ello en otro artículo más adelante.

 

Bienvenidos a la jungla

La competencia en el mundo editorial es despiadada. Los libros mueven mucho dinero, y ese es un animal muy hambriento. Las grandes editoriales se dan de hostias para sacar sus productos adelante. Son capaces hasta de inventarse géneros literarios con tal de aumentar sus ventas.

 

Y en medio de esa guerra de gigantes aparecemos nosotros, los escritores independientes, intentando hacernos un hueco con nuestro tirachinas. Tienes que ser muy testarudo y tenaz para sobrevivir y no caer en la desesperanza. Sólo a base de constancia y trabajo duro podrás recoger unas migajas del pastel. Quizá entonces una gran editorial te ofrezca unirte a su ejército.

 

Ganar un lector es un trabajo arduo pero muy gratificante. Sólo podrás hacerlo si la calidad de los libros independientes que escribas es realmente buena. Cada año se editan cientos de miles de libros. Entre ellos tienes que competir con grandes escritores y con los clásicos, que siempre habitan las estanterías. Cómo le dices a un lector que te lea a ti antes que Shakespeare, que a Reverte, que a Javier Marías, que a Dolores Redondo, que a Bulgákov…, que a tantos otros.

 

Los escritores independientes no somos los salvadores de la literatura

También puedes encontrar personas que despotrican sobre las novelas que publican las editoriales más prestigiosas. Creo que algunos escritores piensan que los escritores independientes somos los que vamos a salvar a la literatura. Pero nosotros no salvamos nada, no somos adalides de nada. Tan sólo hacemos nuestro trabajo de la mejor forma posible, gastando nuestro tiempo, nuestro dinero y a veces incluso a nuestros seres queridos.

 

Afortunadamente sigue habiendo muy buenos escritores y editoriales que publican sus libros. Por supuesto hay mucha “comida rápida” que quita el hambre, pero también hay muy buenos libros que alimentan el espíritu. Sólo hay que saber buscar.

 

En realidad, si ves el catálogo de libros de las estanterías del Corte Inglés o de la FNAC y el catálogo de Amazon a veces piensas que estas viendo lo mismo. Las ansias por labrarnos un nombre que nos permita vivir de nuestras letras, pueden hacernos caer en los mismos errores. Mismos géneros, portadas similares, sinopsis muy parecidas. Muchas veces viendo las cubiertas de los libros, de uno y de otro sitio, tengo la sensación de estar viendo una de esas películas de Antena 3 de un sábado por la tarde. Afortunadamente hay excepciones, al igual que antes, tan sólo hay que saber buscar. Y leer mucho.

 

¿Eres de los que arriesgas o de los que no salen de su zona de confort?

Si has llegado hasta aquí, te pediría que abras un poco la mente y nos des una oportunidad. Si el primer libro independiente que eliges no es suficientemente bueno, haz como harías con un libro de los que habitualmente consumes, y no te rindas. Hay buenos escritores independientes esperándote como pueden ser: Joan Roure y su maravillosa novela La casa entre el sorgo o Marta Abelló con Los Hijos de Enoc o Iván Gilabert con La Roca Sagrada o Gema Herrero Virto y sus Crímenes del Lago.

 

También puedes entrar En el Laberinto, mi novela, TOTALMENTE GRATIS. Sin salir de la web. Pongo a tu disposición los tres primeros capítulos para que no tengas que pagar antes de decidirte. De hecho, subo la apuesta. Desde ahora no son tres sino cuatro los capítulos que puedes leer antes de decidir si quieres gastarte el dinero.

 

Concluyo diciendo que puedes encontrar muy buenos libros tanto de editoriales prestigiosas como de autores independientes, que el único problema que tienen es su falta de visibilidad y la inaccesibilidad a una de las grandes editoriales, así como la reticencia de algunos lectores a salir de su mundo de confort y arriesgarse con la lectura.

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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By Javier Rumego

Master of Rome

Esta vez no voy a hablarte de un libro en concreto sino de una colección, o lo que es lo mismo, de una saga, que hoy en día está más de moda y parece más guay. La colección Master of Rome escrita por Colleen McCullough, a la que quizá conozcas por su libro El Pájaro Espino, está compuesta por un total de siete novelas que fueron publicadas desde 1990 hasta 2007.

 

Las novelas en cuestión y según orden cronológico son las siguientes: El Primer Hombre de Roma, La Corona de Hierba, Favoritos de la Fortuna, Las mujeres de César, César, El Caballo de César, y finalmente Antonio y Cleopatra. Ésta última fue escrita y publicada ante la insistencia de los fans.

 

Master of Rome: El Imperio Romano a tus pies

A mediados de los años noventa mi primo Mario estaba a punto de sacarse su licenciatura de Historia. Por aquellos tiempos vivíamos muy cerca; en la misma calle. Gracias a él llegaron a mis manos los mejores libros de novela histórica que he leído en toda mi vida. Creo que ni con toda la cerveza del mundo podría devolverle el favor. Esta colección es sólo una muestra.

 

Este conjunto de novelas históricas es de lo mejor que he leído dentro de la novela histórica. Canela fina que no deberías dejar pasar si eres un entusiasta del género; más aún si te apasiona la etapa del Imperio Romano.

 

Colleen McCullough fue una escritora de muy alto nivel. Esto hace que sus novelas además de ser auténticos Best Sellers sean también maravillosas obras literarias.

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La historia de Master of Rome transcurre en los últimos días de la República romana tardía, más concretamente entre los años 110 y 27 a. C. A través de las diversas novelas conoceremos las vidas de personajes de la talla de Cayo Mario, Lucio Cornelio Sila, Pompeyo Magno, Julio César, Octavio, Augusto, Aurelia, Servilia, Marco Antonio, Cleopatra y un largo etcétera.

 

La escritora australiana se caracteriza por su meticulosidad, pulcritud y un dominio del ritmo y la trama absoluto. La documentación y la ambientación del vasto Imperio Romano y otros pueblos de la época es sobresaliente. No en vano, debes saber que gracias a estas novelas se le concedió un doctorado honorífico en Historia.

 

Pan y Circo

Master of Rome te abre las puertas del Imperio Romano. Probablemente cambies tu percepción sobre alguno de sus personajes históricos más famosos. McCullough pone a nuestros pies un pedazo de Historia, con tanta habilidad y maestría que tendrás la sensación de pasear por las calles de la Antigua Roma.

 

Accederemos al Senado, a los rituales religiosos, a las confabulaciones y las traiciones, a la plebe y a un número destacado de campañas militares como la Guerra de Jugurta, la invasión de Cimbros y Teutones, la batalla de Arausio, las guerras civiles romanas, las guerras mitridáticas, la rebelión de Espartaco, la sublime batalla de Alesia o la famosa y decisiva batalla de Accio donde Marco Antonio fue aplastantemente derrotado por Octavio.

 

La saga comienza con un Cayo Mario ambicioso, queriendo dejar atrás sus orígenes humildes y escalar hasta lo más alto del Imperio. Acabando en la anteriormente mencionada caída de Marco Antonio. Entre medias disfrutaremos de un Lucio Cornelio Sila magistral e inquietante. Conoceremos a Cayo Julio César desde su nacimiento, y descubriremos por qué fue uno de los genios militares más destacados y lucidos que ha habido a lo largo de la Historia.

 

Uno de los aciertos más grandes de la colección es la importancia que le da la autora al pueblo de Roma. Demuestra el poder que tenía manejar a las masas y ponerlas a tu favor, o lo peligroso que podía resultar tenerlas en contra.

 

Son libros maravillosos. Tochos de cerca de las 1000 páginas cada uno, que sin embargo saben a poco. Siempre quieres un poquito más. La lectura es rápida, amena, entretenida y te absorbe como el péndulo de un hipnotizador. Obras de arte que no bajan el nivel a lo largo de toda la saga; lo cual no es fácil.

 

Sinceramente, no sé a qué estás esperando para coger tu gladius y adentrarte en el increíble Imperio de Romano.

 

 

 

 

By Javier Rumego

La locura del hombre cuerdo

Azorado me dispongo a escribir esta historia que muchos tomarán por falsa o simplemente los desvaríos de un pobre demente. Sin embargo, y a pesar del lugar en el que me hallo, no estoy loco. ¡Qué más quisiera! Juro por la poca consciencia que me queda, que todo lo que voy a relatar a continuación es absolutamente cierto.

Durante estos años he hecho todo lo posible por olvidar lo que sucedió aquella noche. Los medicamentos y el amplio surtido de drogas que me administran en el psiquiátrico han estado a punto de conseguirlo. Pero esta tarde todo ha regresado a mi memoria con horrenda claridad. No importa lo que haga por escapar; no existe lugar en el que poder esconderme. Estoy condenado.

Los hechos ocurrieron hace ya muchos años. Yo tan sólo era un joven adolescente con las orejas de soplillo y un rostro alargado cubierto de acné. Era finales de verano, y al igual que otros años había ido a pasar unos días a la casa que mi amigo Nacho tenía en la sierra de Madrid. Recuerdo el sol como la yema de un huevo crudo, clavándose en las montañas, escurriéndose entre ellas. La oscuridad gobernó el cielo. La noche nos sorprendió lejos de casa. El pueblo estaba en fiestas por lo que decidimos, o mejor dicho, decidieron que aún no era el momento de regresar. Otros años habíamos hecho una fogata donde contábamos historias de miedo, pero parece ser que nos habíamos hecho mayores y eso ya no era suficiente.

Permítanme que detenga por un instante la narración, a fin de explicarles de qué manera estaba constituido aquel grupo: Paco y Gustavo eran un par de años mayores que el resto, luego estaban Rodrigo, Andrés y su primo Julio, las dos chicas, Mónica y Yolanda; y como es de entender, mi amigo Nacho y yo.

No logro recordar cuál de todos ellos propuso saltar la tapia del cementerio, pero sí el escalofrío que sentí ante semejante idea. Me llamaron gallina y se burlaron de mí. Nacho me suplicó con la mirada que no le dejara en evidencia. Tan sólo Yolanda parecía pensar lo mismo que yo. No nos hicieron caso y corrieron como endemoniados al camposanto. Acampamos junto a una pareja de mausoleos. Dicen que ante la muerte todos somos iguales, pero las tumbas recuerdan las diferencias de quiénes fuimos en vida. Los recuerdo reír con fuerza, ahora pienso que era la manera que tenían de disimular sus propios miedos. Yo, por mi parte, estaba aterrado. Gustavo sacó de su mochila un par de botellas: whisky y ginebra, que rápidamente se cubrieron de manos.

La noche se estaba convirtiendo en un infierno para mí. Odiaba la bebida. La odié desde bien pequeño, cuando mi padre llegaba a casa borracho y el peso de su mano caía sobre mi madre, mis hermanos o mi propia mejilla, o donde fuera que atinase el muy hijo de puta. Me obligaron a beber contra mi voluntad y el nudo de mi gaznate. Aturdido por el efecto embriagador de los licores, el tiempo corrió ambiguo. De repente apareció en el cielo la luna, gorda y redonda cubierta de plata. Mis sentidos estaban adormilados cuando a lo lejos oímos el sonido inquietante de las campanas. Eran las doce. Creo que a esas alturas estábamos todos borrachos y mi alma asustadiza volvió a quebrarse. Paco gritaba hasta romperse la voz intentando alterar el sueño de los muertos. Andrés vomitaba mientras su primo le sujetaba la cabeza y Rodrigo observaba atentamente cómo su amigo era capaz de expulsar semejante volumen de tan repugnante materia. Gus y Mónica se morreaban tirados en el suelo: la mano de él desaparecía bajo la camisa de ella, la mano de ella se perdía en el pantalón de él. Nacho trataba de hacer lo mismo con Yolanda, pero ésta no era tan resuelta como su amiga. Mis riñones depuraban el alcohol oprimiendo desde hacía rato mi introvertida vejiga. No me atreví a aliviarme en aquel lugar. Paco no tuvo la misma consideración y lanzó una portentosa meada sobre una tumba rematada con la imagen de la muerte, en piedra de granito y escalofriante guadaña en mano.

Unos pasos nos sobresaltaron e hicieron que instintivamente nos reagrupáramos como un banco de sardinas. Un hombre alto y delgado apareció entre las sombras vistiendo un elegante traje oscuro. El pelo blanco prensado hacia atrás y unos pómulos marcados le daban un aspecto inquietantemente siniestro.

—No deberíais estar aquí —dijo con voz profunda y sosegada—, mucho menos molestar a los difuntos.

—No molestamos a nadie, sepulturero —contestó Paco insolente—. Los muertos tienen el sueño profundo.

El misterioso hombre sonrió como lo haría un depredador ante su presa. Fue entonces cuando me fijé en su voraz dentadura, adornada por un afilado colmillo de oro.

—¿De verdad pensáis que soy el sepulturero? —estalló en una risa tan sonora como espeluznante. Tornando nuevamente el rosto serio, añadió—. Debéis iros ahora mismo de aquí y mostrarle más respeto a la muerte.

—No nos vamos a ningún lado, viejo —dijo esta vez Gustavo sacando pecho delante de su conquista.

La sombra no dijo nada. Nos miró uno a uno en silencio. Sus ojos, amarillos como los de los gatos, se clavaron en mis retinas traspasando mi alma, haciendo temblar mis esfínteres. Traté de convencerme de que todo era consecuencia del alcohol que se cobijaba en mis venas.

—Iros ahora y no os sucederá nada. Quedaos y en menos de un año la muerte vendrá a visitaros.

—Yo no le tengo miedo a la muerte —gritó Paco lanzando la botella de whisky contra la estatua de la guadaña.

—Muy bien, entonces vendré a por ti el primero.

El cielo se iluminó con un fogonazo. Hubiera dicho que fue un rayo, pero no le acompañó trueno ni tormenta alguna. El hombre misterioso había desaparecido.

No aguanté más. Tenía que irme de allí, el sudor era demasiado frío. Nuevamente ensalzaron su valor a costa de mi cobardía. Nacho no volvería a ser bienvenido mientras estuviera conmigo. Tan sólo Yolanda me secundó en la huida.

—Eres un mierda —alcancé a escuchar la voz de Paco cuando abandonaba el cementerio—, ese viejo no es más que el guardés de este maldito cementerio.

Nunca más volví a ver a Paco. No habían pasado tres meses de aquella horrible noche, cuando la muerte le encontró al atardecer de un día nuboso. Tuvo una muerte trágica y horrenda, que se me antoja debió de ser muy dolorosa. En una excursión de montaña cayó en un foso donde esperó durante horas a ser rescatado. Dijeron que se había fracturado media docena de huesos, entre ellos una costilla que se le clavó en el pulmón, dejándole finalmente sin aliento. Quisimos convencernos de que fue un accidente, que nada tenía que ver con la amenaza de aquel misterioso hombre. Pero dos meses después murió Julio al desprenderse sobre su cabeza una cornisa en mal estado. El pánico se apoderó de mi alma. Uno a uno fueron cayendo todos, tal y como dijo el extraño: Rodrigo fue acuchillado por un ladrón nervioso y primerizo; Mónica y Gustavo sufrieron un accidente de tráfico; y a mi buen amigo Nacho le reventó el corazón. Una semana antes de morir pude hablar con él. Me dijo que llevaba días soñando con el sepulturero, y que en esos sueños le decía que le estaba buscando. El último en morir fue Andrés, ahogado en un mar con corrientes traicioneras.

A estas alturas de relato, supongo que entenderán el estado de ansiedad en el que me encontraba. Tenía miedo de que la muerte también viniera a por mí. Al fin y al cabo no me fui del cementerio justo cuando ella nos lo ordenó, y no sabía si aquellos minutos de indecisión serían suficientes para salvar la vida. Yolanda cayó en una depresión profunda. Vivía sedada a base de pastillas. Pensé que moriría, y eso confirmaba que yo lo haría con ella. Pero no lo hicimos. A cambio llevamos una vida llena de sufrimiento. Hay días que dudo de si nuestro castigo fue mayor que el de nuestros amigos. Hace años que no hablo con ella, sólo verla me hacía recordar aquello que había decidido olvidar a toda costa. Traté de llevar una vida normal, pero no pude. Finalmente, tras años de terapia, di con mis huesos en este manicomio. Yo mismo me convencí de que era mucho mejor estar loco que cuerdo, pues la cordura me llevaba a una realidad tan horrenda como difícil de asimilar. Podría decir que de alguna manera había encontrado mi felicidad. Pero esta tarde mi mundo ha vuelto a desmoronarse.

Periódicamente nos hacen una evaluación para diagnosticar el progreso de nuestra patología. Al psiquiatra de hoy no le recordaba de otras veces, y sin embargo me resultaba extrañamente familiar. Quiso ahondar en mis recuerdos, pero sé mantenerlos bien guardados. No dejo que nadie entre ahí. La puerta debe de estar bien cerrada para que no se escape ningún recuerdo. Pero este maldito doctor era más insistente que los anteriores. Me estaba haciendo sudar, y yo lo único que quería era escapar. Entonces, con un gesto que parecía tranquilizador posó sus manos sobre las mías y me dijo:

—Tranquilo. Estate tranquilo ¿Es que acaso no me recuerdas?

Y entonces sonrió, y vi su colmillo de oro y sus ojos de gato. Quise apartar mis manos, pero las suyas las sujetaron fuertemente contra la mesa.

—¿Creías que por estar aquí no te encontraría? Nadie puede escapar de mí.

—¿Vas a llevarme contigo?

—Si, pero no hoy. Volveré a por ti dentro de muchos años.

—Llévame contigo. Libérame de una vez —grité desesperado.

Una enfermera rechoncha, con permanente de hace tres décadas entró jeringuilla en mano, pero el doctor la detuvo.

—Alto. Este paciente no necesita eso. Debe saber que esto no ha sido un sueño. Tiene que decidir si quiere seguir siendo un loco o un hombre cuerdo —dijo con una sonrisa antes de irse.

Por más que intentemos negarlo o en el mejor de los casos no pensar en ello, nadie escapa de la muerte. No se trata de cuándo o cómo moriremos, sino de cómo vivimos hasta que eso sucede. Yo ya lo he decidido. Mi alma está desgarrada como el vientre de un becerro ante las fauces de una manada de lobos. En cuanto termine de escribir estas líneas, golpearé mi cabeza contra la pared, y o viene el sepulturero a buscarme de una maldita vez o en un rato estaré con la cabeza abierta, vistiendo una elegante camisa blanca.

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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By Javier Rumego

El callejón de las sombras

No sé cómo ni cuando la perdí, pero hace mucho tiempo que vivo sin ella, tanto que no recuerdo el tipo de hombre que era antes de extraviarla. Quizá fue el verano que viajé por Europa o un par de otoños después cuando se cruzó en mi vida aquella anciana de manos como ramas secas o tal vez fue todo o quizá nada. No sé, sea como sea, trato de sobrevivir sin ella, y tal y como está el mundo, quién sabe, quizá sea mejor así.

Pronto amanecerá. No ha dejado de llover en toda la noche. Siento el frío calando mis huesos. Echo la mano al bolsillo de la cazadora y recuerdo que he dejado de fumar. Por lo general lo llevo bien, pero en momentos como éste le vendería el alma al Diablo por un cigarrillo. La lluvia golpetea el suelo sin cesar. Me resguardo bajo la estrecha cornisa que hay en el callejón, pero eso no evita que mis desgastadas botas estén empapadas, igual que el bajo de los pantalones. Precariamente cobijado, y resguardado bajo las sombras de la noche espero silencioso la llegada de Roberto, igual que las otras veces, en el sitio acordado. Apenas sé nada de él, ni tan siquiera su apellido: simplemente Roberto o Rober como él insiste en que le llame.

He llegado antes de la hora y la espera se me hace eterna. Estoy  agotado. Agradecería un sitio donde poder recostarme. Qué bien me vendría ahora mi viejo coche. Apoyo la espalda contra la pared y siento su frío traspasar el abrigo de mi ropa. Acepto el peaje por liberar mis piernas del peso de mi alma. Ha sido una noche muy larga.

Tras un par de perritos y una ración generosa de patatas, me dirigí al local del moro para intentar conseguir información acerca del material robado a unos grandes almacenes hacía tan sólo un par de días. Como era de esperar no me recibieron con los brazos abiertos, mucho menos con una sonrisa. Mustafá es un tipo capaz de robarle el tacataca a una anciana: un mal bicho del que conviene guardarse las espaldas, el muy cabrón. Pero lo cierto es que yo no soy mejor que él, y a diferencia de la mayoría de personas con las que trata, me importa una mierda lo que pueda hacerme. Nada más verme, movió su despreciable cabeza en distintas direcciones y, como si estuviese provisto de un poder mágico, se levantaron inmediatamente todos aquellos que fueron rozados por su mirada: un total de cuatro conté, aunque en realidad fueron cinco. Aún me duele la mandíbula por el suspenso en matemáticas. Uno a uno los fui derribando: primero, y siguiendo una regla ineludible, noqueé sin piedad al más grande de todos, para a continuación ir deshaciéndome de un resto asustadizo, hasta quedarme con las pelotas del Mustafá bien estrujadas en mi mano. No necesité más que un par de apretones y amenazarlo de quedarme con su circuncisión en la mano para que me dijera todo lo que quería oír.

Hice una llamada y media hora después estaba en el lugar indicado. Parecía desierto, pero advertida por mi presencia, una sombra salió de entre la oscuridad. La silueta me esperaba bajo la luz de la farola. Le di la información y a cambio me entregó el sobre acordado. Concluido el negocio, cada uno se fue por su lado, y la sombra volvió a fundirse con la noche.

Con el dinero fresco en mi poder, dudé si poner a prueba mi suerte en el casino o hacer una visita a las chicas de Marisol. Finalmente decidí pasarme por la trastienda del señor Lee; ese chino cabrón sabe lo que se hace y es un tipo legal. Si la fortuna seguía de mi lado, más tarde me dejaría un buen dinero con dos o tres muchachas en casa de la fulana. No pude entrar en ninguna partida de póker, lo que me llevó inexorablemente a la mesa de la ruleta.

Llevaba dos whiskies y doscientos euros perdidos cuando el teléfono empezó a vibrar incómodo en el bolsillo. Rápidamente identifiqué el número y contesté. La señora de Fonseca me avisaba de que su marido había salido de casa con la excusa de una emergencia en el trabajo. Según parece, esas urgencias se sucedían con relativa frecuencia, lo que llevó a esta buena mujer a contratar mis servicios. Apuré la copa y salí del casino. Apenas un par de semanas antes instalé un localizador en el vehículo del sospechoso. Saqué el móvil y rogué porque hubiese cogido su coche y no el de su esposa. Hubo suerte: el puntito rojo se desplazaba nítidamente por la pantalla de mi teléfono. Sin duda, la diosa Fortuna estaba de mi parte; de haberme ido al burdel me habría sido imposible pasarme por el hostal a por la réflex. Cogí un taxi y le fui indicando hacia donde quería ir hasta que llegué a mi destino. Estaba a tan sólo un par de calles de mi objetivo, y desde luego no estábamos cerca de sus oficinas. La calle se encontraba desierta, por lo que me resultó fácil distinguir dos figuras de pie en mitad de la noche. Oculto entre los coches cubrí la cámara con un plástico, activé los infrarrojos y aumenté el zoom para acercarme a donde la vista no me alcanzaba. «Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Resulta que nos ha salido trucha, el muy cabrón». Estaban hablando, seguramente negociando, cuando el chapero tomó la mano del marido y la acercó hasta su paquete. Como un acto reflejo mi dedo presionó el botón de disparo. Allí mismo empezaron a morrearse, juntando sus cuerpos como dos serpientes en celo. Distraídos por la efusividad de su lascivia fueron sorprendidos por un tercero, un merodeador de la noche, un ratero del tres al cuarto. El filo de una navaja destelló en la oscuridad. El puto se sobresalto y empezó a hacer aspavientos como una maricona histérica. El ladrón le reprendió para que se callara. En ese mismo instante el marido infiel lo golpeó con el mango del paraguas y la violencia de mil demonios. El pobre desgraciado cayó al suelo de bruces, donde fue rematado por una docena de patadas. El chapero cubría su boca con las manos, contemplando como la sangre del ratero se diluía en el agua. Si no estaba muerto, terminaría ahogándose. El empresario sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y cubriendo sus manos con él agarró del cuello al maricón. Presionándolo contra la pared le dijo algo al oído hasta que su presa asintió tímidamente. Sin más, le sacó la verga y allí mismo empezó a mamársela. Mi dedo entró en estado de tic. Al poco se incorporó y golpeó al chapero con la misma violencia que lo hiciera antes con el ratero. Los dos cuerpos, probablemente amigos, seguramente compinches, yacían juntos en el suelo. El violento sacó su teléfono e hizo una llamada, quizá a su abogado o tal vez a otro fulano que terminara por satisfacer sus necesidades carnales. Fuera como fuese, no me iba  quedar allí para comprobarlo. Ya tenía lo que había ido a buscar y con un poco de suerte lo cobraría esa misma noche. El marido de mi cliente, desapareció de la escena como un fantasma. Podía haber ido a auxiliar a los desgraciados, pero aquella no era mi guerra. Cada uno sabe donde se mente y debe asumir las consecuencias de lo que hace. Si ya estaban muertos nada podía hacer por ellos, como mucho dejar una colección de huellas en sus cadáveres  o algún rastro que llevase a la policía hasta mi guarida. Ni hablar. Bastante tensas estaban ya las cosas con los maderos. El teniente Hernández me tiene entre ceja y ceja desde hace tiempo y no iba arriesgarme por dos miserables como esos. En fin, que cada perro lama su pijo. Llamé a mi cliente para confirmarle que tenía el material. Me dijo que su marido acababa de llamarla avisándole de que se había complicado muchísimo el trabajo y que seguramente no iría en toda la noche. Quedamos que en una hora le llevaría las fotografías. Otro taxi me llevó nuevamente al hostal, donde hice una copia de las instantáneas.

Alguien entra en el callejón. Por la manera de andar, inmediatamente percibo que no es Roberto. Tan sólo se trata de un adolescente perdido y borracho, suficiente para darme un buen susto. No pasan más de cinco minutos de la hora acordada, pero este tío tiene una puntualidad británica. Nunca antes se había retrasado. Me pregunto, impaciente, qué le habrá sucedido.

Ya en mi habitación separé cuidadosamente las imágenes sexuales de las de las agresiones, y grabé un cd que me cuidé en dejar limpio de huellas. Las otras imágenes quedarían a buen recaudo en una carpeta oculta dentro de mi portátil. Algún insensato habría intentado sacar partida de un material como este, pero yo no soy tan estúpido. Si algo he aprendido en la vida es que a los ricos y a los poderosos es mejor dejarlos tranquilos. El señor Fonseca es un tipo de muchos recursos y buenos amigos, que además se gasta unas malas pulgas de mil cojones. Yo nunca fui el más listo del colegio, pero al menos me da para ser consciente de mis limitaciones; y eso en el mundo en el que vivo es mucho. Extorsionar a hombres como éste es arriesgarse a acabar en el fondo del río con zapatos de cemento, un tiro en la frente o con la cabeza abierta de un paraguazo.

Si se sorprendió no mostró signo alguno en su rostro que la delatara. La señora de Fonseca observó detenidamente las fotos. Sacó el disco del ordenador y me entregó el sobre con la recompensa.

−Aquí tiene su dinero. Ha hecho un buen trabajo, detective.

−En realidad no soy detective.

−¿Qué es entonces?

−Alguien que hace encargos, señora.

Debió de gustarle la respuesta porque sonrió.

−Es una lástima, incluso pensé que se llamaría Flanagan.

−La gente me llama Curro.

Pausa.

−Me gustaría hacerle otro encargo −dijo entonces−. Me casé con mi marido siendo muy joven, y bueno eran otros tiempos. El caso es que es el único hombre con el que he estado y ahora resulta que es −duda− homosexual. Me gustaría saber qué se siente al ser penetrada por un macho de verdad.

Permanecí en silencio.

−Le pagaré. Le pagaré bien.

A pesar de superar de largo los cincuenta, la muy hija de puta tenía el culo y las piernas más duras que muchas fulanas de veinte; qué razón tenía el bizco cuando aseguraba que no había nada como las posaderas de una ricachona que se pasaba todo el día metida en el gimnasio. La puse a cuatro patas contra la mesa del salón y la folle salvajemente: la tiré del pelo, la insulté, azoté sus nalgas, mordí su espalda y rugí como un león mientras ella relinchaba como una yegua. Debió de quedar complacida, pues además del dinero acordado me dio una generosa propina; en total mil quinientos euros por un polvo que estaría encantado de repetir. No quise entretenerme más de la cuenta, no fuera a ser que el marido nos sorprendiera presentándose antes de lo previsto. Me acompañó hasta la puerta y me despidió con un beso en los labios, una sonrisa y un hasta pronto.

El cielo está clareando. El día va ganándole terreno a la noche, y en pocos minutos suyo será el cielo. Unos zapatos resuenan precipitados en la calle. Instintivamente me pego a la pared tratando de ocultarme. Por fin aparece Roberto. Me relajó. Veo como su cara bonachona y regordeta se decora con una sonrisa.

−Perdona el retraso. La niña se ha puesto mala esta noche y me he esperado para darle la medicina. Vamos a tener que darnos prisa, ya hay gente esperando en la entrada.

Abre la discreta puerta de atrás y entramos en el local. Rápidamente me pongo a preparar café mientras Roberto se hace cargo del resto. En breve llegarán las monjas con comida caliente y algún dulce. Se nota que estamos coordinados: Rober lleva años haciendo esto y yo siempre he sido bastante espabilado. En cuanto lleguen las hermanas abriremos las puertas del comedor.

Sirvo sopa caliente. Cada plato que doy me lo pagan con una sonrisa: una niña pequeña, un hombre de unos cuarenta años con traje y corbata, una anciana…, en todos ellos veo el rostro de Sara mirándome orgullosa. Dios, cómo la echo menos.

 

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By Javier Rumego

La Isla del Tesoro – Robert Louis Stevenson

La Isla del Tesoro es el libro de aventuras por antonomasia, y sin lugar a dudas la historia de piratas más famosa del mundo. Las páginas escritas por Robert Louis Stevenson han sido fuente de inspiración para el cine, la literatura, los cómics, o incluso los videojuegos.

 

La Isla del Tesoro es un libro muy especial para mí. Como lector no acostumbro a releer demasiadas novelas. Desafortunadamente no tengo la capacidad de otros lectores de leerme un libro en uno o dos días. Tampoco leo lento, pero hay muchas novelas que quiero leer, autores que quiero conocer. La Isla del Tesoro no sólo es una excepción sino que probablemente sea el libro que más veces he leído. Es como ese lugar en el que una vez nos sentimos seguros y al que nos gusta volver. De hecho, en este preciso instante estoy leyendo una maravillosa versión reducida en inglés, de la editorial Oxford Bookworms Library, con opción de audiolibro, muy recomendable para los que queremos mejorar en el idioma de Shakespeare y leer libros en inglés.

 

La novela empieza con una visita inesperada. Un misterioso personaje irrumpe en la vida de unos personajes que hasta entonces vivían tranquilos. Un viejo pirata con cicatriz en la mejilla esconde en un desgastado cofre unos cuantos secretos, pero uno por encima de todos: “el mapa del tesoro del capitán Flint”. Todo ello, llevará al joven Jim Hawkins a abandonar su hogar y embarcarse en La Hispaniola, en lo que será la mayor aventura de toda su vida.

 

Si prestamos atención, la estructura de la novela es muy similar a la que años después emplearía J.R.R. Tolkien para escribir El Hobbit, casualidad o no, otro de mis libros favoritos, del que os hablaré próximamente.

 

¿Acaso hay algo más sugerente que un tesoro pirata?

Por alguna extraña razón, pocas cosas nos intrigan más a los humanos que un tesoro escondido. Da igual la época o la cultura que lo enterró. Quizá sea porque enciende tres llamas que habitan en la profundidad de nuestra alma: el dinero, la ambición y el misterio.

 

Contar historias de piratas y tesoros escondidos es un recurso muy utilizado en todo tipo de narrativa. En cine tenemos infinidad de ejemplos de películas como el Capitán Blood, El Temible Burlón, La Isla de las Calaveras Cortadas, Los Goonies o la saga de Piratas del Caribe, por poner sólo algunos ejemplos. También encontramos excelentes historias en exitosos videojuegos como la primera y cuarta entrega de la excepcional saga de Uncharted, el cuarto capítulo de Assassin´s Creed, Black Flag, o los míticos Monkey Island.

 

Todas estas historias beben de la obra de Stevenson, el cual popularizó elementos como los mapas del tesoro, las canciones piratas, los loros, los parches en el ojo y un sinfín de iconos que se repetirían posteriormente a lo largo de los años. Mención aparte tienen obras que utilizan La Isla del Tesoro para crear sus historias. Así pudimos disfrutar de la espectacular serie de televisión Black Sails, que aprovecha la novela para crear una precuela de cómo consiguieron el tesoro del que habló Stevenson, 20 años antes de que lo enterraran. También podemos deleitarnos de la novela Long John Silver, escrita por el escritor sueco Björn Larsson, donde nos cuenta las memorias del temible pirata creado por Robert Louise Stevenson 130 años antes.

 

Las grandes virtudes de La Isla del Tesoro

La Isla del Tesoro es un libro con multitud de virtudes. Para empezar, la historia en sí es un auténtico acierto. Como decía más arriba, la búsqueda de tesoros es algo que alimenta nuestro espíritu. El arranque del libro es magistral. La aparición de Billy Bones y su misterioso cofre atrapa la atención del lector. Los acontecimientos se desencadenan repentinamente y cuando te quieres dar cuenta estás metido en La Hispaniola rumbo a la Isla del Esqueleto, rodeado de piratas. El ritmo de la novela es perfecto. El narrador es el propio protagonista, que nos está contando lo que sucedió.

 

Pero nada de esto habría hecho de La Isla del Tesoro uno de los libros más relevantes de la literatura, de no haber sido por la creación de unos personajes magistrales. Destacando de entre todos ellos el temible Long John Silver. Sin duda alguna, uno de los personajes más icónicos de la Literatura Univesal.

 

Stevenson fue un escritor capaz de reflejar la dualidad entre el bien y el mal a través de sus personajes como ningún otro. En La Isla del Tesoro el supuesto protagonista y narrador Jim Hawkins, ve cómo el villano de la historia le come protagonismo, hasta devorarlo todo. Hawkins representa la pureza, lo correcto, en definitiva, el bien. Por su parte, Long John Silver representa la ambición, la falta de escrúpulos; el mal. Pero ese malvado pirata de una sola pierna se va apoderando poco a poco tanto de la novela como de nuestra alma.

 

«Quince hombres sobre el cofre del muerto,

Yo-ho-ho, ¡y una botella de ron!».

 

La Isla del Tesoro es un libro que se puede leer a cualquier edad. Es el típico libro de aventuras que nos hace soñar cuando somos niños, y cuando somos adultos nos hace creer que hemos vuelto a ser niños. Es tan fácil meterse en sus páginas que incluso se puede sentir el viento acariciar nuestras mejillas y oler la sal del mar.

 

La Isla del Tesoro se ha reeditado en innumerables ocasiones, por un incontable número de editoriales. Lamentablemente no todas tratan sus ediciones con el respeto que se merecen. He tenido en mis manos alguna edición con un número de erratas que daba vergüenza. Para evitar sorpresas y disgustos de este tipo, te recomiendo la edición de Penguin Clásicos, que siempre es garantía de calidad en la traducción y edición de sus novelas.

 

 

 

 

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