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By Javier Rumego

Construyendo una armadura para la desesperanza

Es posible que tú, al igual que yo, estés empezando tu carrera como escritor. Seguramente estés intentando abrirte paso en este bosque de lobos. O no. Quizá te dediques a cosas muy distintas. En realidad da un poco igual; este artículo sirve tanto para unos como para otros. La desesperanza no hace distinciones. Al fin y al cabo, ¿quién no ha sentido alguna vez la tentación de tirar la toalla?

 

La desesperanza tiene muchos rostros. Amor, sueños, trabajo, dinero…, cualquier cosa puede llevarnos hasta ella en el momento más insospechado. No es necesario un gran drama. Las expectativas no cumplidas, los sueños rotos y los miedos suelen ser los alimentos más comunes de la fiera. Si no tenemos cuidado acabaremos formando un irreconocible amasijo de carne, huesos y sangre entre las fauces de la bestia.

 

Quizá te sientas enamorado de una persona que no te corresponde; o tal vez tu matrimonió se derrite como un helado en verano; o a lo mejor no consigues el ascenso en el trabajo que tanto deseas, qué coño, igual no consigues trabajo; es posible que no llegues a final de mes; ni hablar de la salud, ni de esas cosas putas que tiene la vida. La desesperanza es una leona agazapada en la hierba de la sabana y, sí, nosotros somos el antílope.

 

Evitar la desesperanza a golpe de martillo

Para evitar ser devorados conviene coger el martillo y apartar a Hefesto de su fragua, a martillazos si hace falta, y forjarnos una armadura que nos proteja de tan peligroso monstruo.

 

La mayoría de los comienzos no son fáciles, a no ser que dispongas de buenos contactos o hayas sido tocado por la varita de la diosa fortuna. Para el resto de los mortales la tierra está llena de piedras y malas hierbas que tendremos que quitar con nuestras propias manos hasta hacerlas sangrar. Quizás encuentres gente que te ayude a desbrozar la tierra, pero por cada roca que te quiten, habrá alguien que tire tres más.

 

Para hacer andar nuestro proyecto lo primero que necesitamos es hacerlo visible. Tenemos que decirle al mundo que hemos llegado. Necesitamos conseguir a toda costa que la pequeña bola de nieve crezca más allá de nuestro círculo de familiares y amigos. No es fácil. Es verano, el asfalto arde y nuestra pequeña bolita de nieve se está derritiendo. El miedo y la impaciencia despiertan a la bestia, que ya ha fijado la mirada en nuestros cuartos traseros. Aún tenemos fuerzas en las piernas para soportar sobre nuestros hombros el peso del desánimo, como si fuésemos Atlas sosteniendo el mundo.

 

Con el aliento de la desesperanza sobre nuestra nuca bombardeamos con publicaciones en Facebook, Twitter, LinkedIn, incluso en un acto de gallardía nos aventuramos en la espesura inexplorada de GooglePlus. Muchos amigos responden ofreciéndonos ayuda, compartiendo y haciendo visible nuestro esfuerzo; la familia por descontado; incluso nos sorprenderá el ahínco de conocidos lejanos, casi tanto como la desidia de gente que pensábamos que iría a la guerra por nosotros. Dentro de nuestra desesperación, el muro de Facebook de algunos amigos está lleno de fotos de gatitos, de bebés que bailan o de los chistes del Cabronazi.

 

Cuando las cosas no salen como queremos es muy fácil arremeter contra todo lo que nos rodea. El cepo está puesto y es muy habitual pillarnos el hocico dándole más valor a las cosas que corren en nuestra contra que a las que están a nuestro favor. Ten una cosa muy clara, si nuestro proyecto no prospera no será por culpa de un amigo que no nos compartió en Facebook.

¡No te enfades con él!

 

En la actualidad estamos expuestos a un exceso de información como nunca antes. Nos bombardean desde todos los flancos: televisión, radio, prensa, redes sociales… Por lo general quieren vendernos algo. Nuestro cerebro se defiende como puede, ignorando la inmensa mayoría de los ataques. Por muy extraño que te pueda parecer, hay gente a la que le preocupa mucho más las tendencias en moda para el próximo otoño, los playoff de ascenso a segunda división, o la reproducción de los monos de nariz chata que lo que tú o yo queramos venderles. Acéptalo.

 

Yo, al igual que mi personaje de En el Laberinto, me encuentro al borde del abismo. La desesperanza lo cubre todo. Cometí el error de escribir una novela sin pretensión de publicarla. Todo mi esfuerzo lo invertí en cada una de sus páginas, párrafos, líneas, palabras y sílabas. La mimé como a una hija consentida. La quería tanto que no deseaba compartirla con nadie, pero ella no estaba de acuerdo. Confabuló a mis espaldas para organizar en silencio una sublevación. No tuve más remedio que claudicar.

 

Inmediatamente me di cuenta de lo poco que importa el contenido de la novela si nadie sabe que existes. Es como tener una hija inteligente y guapa, con años de entrenamiento en todo tipo de danza, a la que no dejan asistir al gran baile porque su padre es un don nadie. Me siento mal por mí, pero sobre todo por ella.

 

Dentro de poco hará un mes de su publicación. En este tiempo no he llegado al centenar de ejemplares vendidos, y hace un par de días que ya no hay ninguna descarga, a pesar de haber rebajado el precio de la versión Kindle a un irrespetuoso precio de 0,99€; a nadie le importa, a nadie le interesa. Para no engañar a ningún lector exhibo a la criatura en mi blog: tres capítulos completamente gratis para todo aquel que quiera leerlos. Sin suscripciones, ni email. No lo puedo poner más fácil. Nada.

 

Por si fuera poco, acaba de comenzar el baile de los bailes: el concurso literario para escritores independientes de Amazon 2017. Escritores con cuchillos recién afilados entre los dientes; puños apretados; merienda de negros. Histerias y testosteronas alborotadas. Esto no es un concurso, es una puta competición por ver quién alcanza más ventas, para ser más visibles, para que Amazon se fije en ellos. Pelea de gallos con la que la multinacional aumentará sus ventas. También las de los animales que no terminen con el pico roto y el cuello deshilachado. Para evitar sospechas bastará con posar con traje y corbata junto a un par de gallos saneados. Mientras tanto, mi pequeña se queda encerrada en casa preguntándose por qué hostigó el motín.

 

Quizá pienses que mi hija no sea tan guapa como yo creo, que los padres vemos a los hijos más perfectos de lo que realmente son. Probablemente tengas razón, pero aún así a las feas también les gusta bailar. Y si no crees en mi palabra, y haces bien en no creerla, como te decía antes: aquí tienes tres capítulos completamente gratis donde poder hacer tu propia valoración.

 

Hace un mes que estoy intentado hacer “amigos” en las redes sociales, conectar con gente; decirles que existo. Es un terreno fangoso. Incluso el escritor más modesto tiene un matiz de orgullo del que conviene prevenirse. Soy consciente de que acabo de llegar; el último mono no cambia las reglas. Los blogs literarios tienen muchas reseñas que publicar. Volvemos a la misma variable de antes: no soy nadie, no saben que existo y mucho menos que he escrito un libro. Si a alguien que pase por aquí le pica la curiosidad y se anima a hacerme una reseña, no lo dudes: ponte en contacto conmigo.

 

Si estás en una situación como la mía, seguramente habrás escuchado en más de una ocasión que no se debe de escribir por dinero, ni por las ventas, ni para contentar al público. Que hay que escribir para uno mismo, para ser feliz y esas cosas. No digo que no sean razones honorables, pero si eso fuese realmente así, ¿me puedes decir por qué coño dedicamos tanto tiempo a ser visibles, a participar en grupos, a escribir un blog, a llevar una página web…, a leer éste y otros muchos artículos? Porque mientras escribimos sobre escritura, mientras tratamos de hacer que el mundo nos vea, no hacemos lo que es realmente importante: escribir.

 

¿Qué nos mueve realmente a los escritores?

No nos engañemos. Llegado el momento la gran mayoría caemos en la tentación de publicar. Una vez hecho eso queremos vender el mayor número de ejemplares, no sólo por conseguir un dinero que nos de independencia económica para seguir escribiendo, sino por la satisfacción de sabernos leídos, de pensar que somos buenos, y sobre todo que tenemos talento.

 

Como te decía anteriormente, no escribí En el Laberinto con la idea de publicarlo. Lo saqué de dentro porque me quemaba. Mientras unía renglones no pensaba en hacerme millonario. Siendo sincero, siempre sospeché que mi obra estaría más cerca del culto que del superventas; dicho así no sé qué suena más pretencioso. Dentro del Laberinto no encontrarás grandes pasiones de amores desatados, tampoco héroes, ni villanos y por supuesto no hay un archienemigo al que odiar. Si acaso, todo eso lo encontrarás en un personaje desgastado, ahogado en la desesperanza, sin armadura, al que le da igual todo.

 

Cuando pensamos que el libro debe ser editado todo cambia. Ya no hemos escrito sólo para nosotros. Necesitamos que nos den la oportunidad de ser leídos.

 

En mi novela En el Laberinto escribo:

 

 

Es muy fácil abandonar los sueños; la mayoría termina haciéndolo. La rodilla se siente atraída hacia el suelo con toda la fuerza de la gravedad. Así pues, como dice Madonna:

«Ha llegado el momento de decidir si nos rendimos o nos hacemos más fuertes».

 

A lo largo de mi vida he soportado golpes de todos los colores. Alguno me han hecho doblar, otros me han tirado al suelo. Mi respuesta ha sido siempre la misma:

 

 

 

Encendiendo la fragua

A ciertas edades los golpes duelen menos, pero los huesos tardan más en sanar. Es el momento de viajar a la isla de Lemnos y hacerle una visita al viejo cojo para que nos ingenie una armadura mágica con la que enfrentarnos al monstruo. Y si se niega, habremos de apartarle, coger el martillo, encender el fuego y golpear y golpear hasta forjar nuestra coraza de sudor y esperanza.

 

Los proyectos necesitan de la ilusión como los seres vivos del oxígeno. Pero ten en cuenta que el exceso de oxígeno puede matarnos. Con la ilusión sucede exactamente lo mismo. Si nos excedemos en nuestras expectativas, difícilmente podremos cumplirlas, al menos al comienzo.

 

De este modo las dos primeras piedras que engarzaremos en nuestra armadura, serán la ilusión y la paciencia.

 

La siguiente es probablemente la más importante de todas, porque es la que nos dará alimento en el desierto. Debemos prestar atención a los pequeños detalles. Apreciar la ayuda que se nos ofrece y no tener en cuenta a los que no están dispuestos a acompañarnos en este apasionante viaje. Debemos buscar siempre el lado bueno de las cosas, y no al contrario.

 

En mi caso, el mejor antídoto contra la desesperanza son las opiniones de mis lectores. Me agarro a lo que dicen los que ya ha leído mi novela En el laberinto. En Amazon, en este momento son ya 13 las reseñas que he recibido; todas ellas con cinco estrellas, que dicen cosas como ésta:

 

O ésta:

 

 

O ésta otra:

 

 

No os hacéis una idea de cómo nos alimentan estas pequeñas cosas.

 

Luego están los amigos, los que vienen con el libro en la mano para que se lo firme y me dicen:

 

«Cabrón, cómo escribes»

 

Cuando me preguntan desde cuándo escribo, y cómo me dio por ahí. Yo sonrío, y callo. Explicarles la cantidad de horas de estudio y práctica sería como revelar el truco y matar  la magia.

 

La siguiente piedra para luchar contra la desesperanza es el agradecimiento. Permíteme de este modo que agradezca a todas las personas que me apoyan, a mis incondicionales, a quienes dedican un segundo de su tiempo en escucharme, en leerme, en difundir lo que hago. A ti por estar aquí leyendo este artículo. De verdad, gracias.

 

Yo por mi parte sigo dando martillazos, poniéndome la armadura, dispuesto a pelear; igual que siempre. Es cierto que es mucho tiempo, mucho trabajo, pero ¿qué otra cosa mejor podría hacer? Escribir no es una opción, quizás esté condenado.

 

Una vez aplaste al monstruo de la desesperanza, me enfrentaré a otro más temido, más voraz, más difícil de combatir: . Aquí ya no vale ningún tipo de armadura. Los artistas quedamos expuestos al público, a pecho descubierto, completamente desnudos.

 

 

Todos los textos que aparecen en esta web son propiedad de ©Javier Rumegó.

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By Javier Rumego

¿Es posible mejorar tu visibilidad de escritor sin caer en la esclavitud?

¿Has publicado un libro recientemente y el número de ventas está muy por debajo de lo que esperabas? Puede haber distintas razones para que nadie quiera comprar tu novela: que sea rematadamente mala; que pertenezca a un género minoritario y poco comercial; que la portada sea realmente fea; quizá la causa se reduzca al pésimo gusto literario de todos los lectores del planeta; o al dichoso muñequito vudú con el que juega tu exnovia o tu archienemigo de la guardería. Pero por encima de estas razones hay una que predomina sobre todas las demás como el anillo de Sauron: tu visibilidad de escritor es tan insignificante que no te verían ni con el telescopio Hubble .

 

Si estás en esa tesitura en la que entras todos los días, al menos un par de veces, a comprobar las descargas que se están haciendo de tu novela, y éstas no se corresponden a tus expectativas, es fácil que caigas en el error de culpar a los demás, tanto como a ti mismo, incluso hasta poner en duda la calidad de tu trabajo. En mis dos artículos anteriores: Ser escritor independiente, y todo lo demás; y Me siento como el hombre invisible en medio del desierto, con un libro en la mano, señalo como motivo principal del poco éxito comercial a tu ausencia de visibilidad de escritor.

 

En realidad, el principio en sí es muy básico: si la gente no sabe que hemos publicado un libro, ¿cómo van a comprarlo?

 

Siguiendo este mismo razonamiento, podemos deducir que ganando visibilidad de escritor conseguiremos más ventas. El axioma es tan sencillo de entender como el anterior. ¿Entonces dónde está el problema?

 

Conseguir visibilidad de escritor no es tan fácil. Partimos desde un punto en el que no somos nadie. Estamos solos. Pero como nosotros hay miles de personas que quieren que se les vea. Somos muchos los que gritamos al vacío con la esperanza de que alguien nos escuche. Y como nadie nos oye, hablamos más alto, hasta parecernos a un programa de debates de los muchos que hay en televisión, en los que al final no se entiende nada. Quizá la mejor manera de destacar entre tanto griterío es permanecer en silencio.

 

Si a ti te pasa como a mí, que no eres nadie en este sector, nadie va a prestarte atención. Es posible que tu novela sea la mejor obra literaria en lo que va de siglo, pero a nadie le interesa.

 

¿Cómo que a nadie le interesa?¿Si me acabas de decir que mi novela es la mejor del siglo XXI, las editoriales deberían de partirse la cara por ella?

 

Eeh, no. Esto no va así. Las editoriales son empresas, y como tales buscan generar beneficios. Incluso aquellas editoriales que se diferencian por exigir una mayor calidad a sus publicaciones no están dispuestas a perder dinero. Por eso es muy difícil que apuesten por un completo desconocido.

 

Quizá tu novela sea buena, nadie lo discute. Pero ¿cuántos ejemplares vas a ser capaz de vender más allá de tus familiares y amigos? Poner en marcha la maquinaria editorial cuesta muchos miles de euros. Si además hay que invertir en hacerte visible, la suma aumenta significativamente. Una editorial tiene que tener muy claro que van a recuperar su dinero contigo, y eso es muy difícil si no tienes visibilidad de escritor. Que una obra sea buena o mala no es importante. El arte, la literatura, todo eso está en un segundo plano. Lo que premia es que genere dinero, como por ejemplo la biografía de Belén Estaban.

 

Así pues, si no presentas telediarios o sales en la televisión, si no eres un actor o un futbolista contando anécdotas, si no eres una cantante famosa que quiere airear sus memorias, y por supuesto si no eres un contrastado escritor, me veo en la obligación de decirte que está más solo que el abuelo de Heidi.

 

Enrique Bunbury en una de sus canciones dice que “más vale suerte que talento”. Totalmente de acuerdo. Pero permíteme que haga una pequeña variación para resumir todo lo dicho anteriormente en “más vale fama que talento”.

 

Llevo poco tiempo en esto de hacerme una visibilidad de escritor. De hecho, si has llegado hasta aquí, me gustaría saber ¿cómo diantres me has encontrado? Lo primero de lo que me percaté cuando me puse a promocionar mi novela fue de la enorme cantidad de banners publicitarios que corren como animales salvajes por Facebook y Twitter , cada uno intentando vender su libro. La gente llega, “grita” su publicidad en el muro y se va. Esos muros parecen un diálogo a la española. Son como palomas que se posan sobre una rama, dejan su regalo y salen volando. Incluso hay empresas que se dedican a vomitar nuestra publicidad aprovechando su considerable número de seguidores. Empresas que intentan diferenciarse de otras, todas ellas parecidas, tratando de ser escuchadas (¿te suena de algo?).

 

Hacer que la bola de nieve de la visibilidad de escritor crezca más allá de nuestras amistades es realmente difícil. Como me comentaba la gente de Sinjania en mi artículo anterior, no sólo se trata de trabajo y ganas, sino que hay que ser muy inteligentes a la hora de crear una estrategia a seguir.

 

Para ser un buen estratega hay que dominar mucha información y tener un amplio conocimiento del entorno. Lo normal será que al principio perdamos algunas batallas, por lo que nos tocará cosernos las heridas. No te preocupes, nada es tan didáctico como la derrota.

 

El trabajo bien hecho junto con el esfuerzo siempre dan sus frutos.

Lo que he podido comprobar en este par de semanas es que el trabajo, aunque muy despacio, da sus frutos. En Twitter he pasado de 46 seguidores a 73 en el preciso instante en el que escribo estas líneas (Editado Un año después de haber editado este artículo son ya casi 2000 seguidores en Twitter). Ya sé que no es mucho, en realidad es muy poco, pero es un incremento de aproximadamente el 40% en sólo dos semanas. Si quieres contribuir a que siga aumentando este número, no dudes en seguirme . La página de Facebook de En el Laberinto, apenas tiene 62 seguidores, pero he conseguido alcanzar a más de mil personas con el banner del lanzamiento de la novela. Eso quiere decir que me sigue poca gente, pero implicada.

 

También me he unido a varios grupos de Facebook para escritores y lectores, en los que no se permite bombardear con spam y se promueve el diálogo. La primera toma de contacto me resultó áspera. Demasiado tiempo a invertir, demasiados romances, demasiados vampiros. Sin embargo, ahora puedo decir que ésta ha sido una de las experiencias más gratas hasta el momento. Estoy conociendo gente a la que nos une la misma pasión y el mismo monstruo: la literatura. Me tomo estos grupos como un taller de escritura. Un lugar para aprender y observar. La gente se lo curra mucho para hacer visible su libro y dar forma a sus sueños.

 

Si has llegado hasta aquí, te estarás haciendo una idea de la cantidad de horas que vas a tener que invertir para conseguir aumentar tu visibilidad de escritor. Pues aún no hemos ni empezado. A las ingentes horas que hay que dedicarle a redes sociales como Facebook,  Twitter o Instagram hay que añadirle el tiempo que necesitarás para crear tu página web, con su respectivo blog, al que luego tendrás que mantener y actualizar el contenido periódicamente; participar en otros blogs del mismo ámbito donde poder escribir como invitado, a fin de ganar público; diseñar publicidades y organizar promociones; leer a otros autores esperando a que ellos hagan uso de las leyes de reciprocidad y nos lean a nosotros; y por supuesto escribir, ya que según parece con un único libro no es suficiente…; en definitiva, horas y más horas de trabajo agotador.

 

¿Y para qué?

Esta es una buena pregunta. Los hay que aseguran que si haces todo esto y te dejas los cuernos, a la larga dará resultados. También es cierto que muchos de los que dicen esto pretenden vender su libro del estilo: “Guía definitiva para tener éxito vendiendo sus libros en Amazon” o “10 reglas básicas para triunfar siendo escritor independiente”. Yo no puedo decirte si esto funciona o no. Te recuerdo que estoy empezando. Lo que sí puedo asegurarte es que a día de hoy no puedo esclavizarme para conseguirlo.

 

Hacer todo lo que se supone que se debe hacer para ganar visibilidad requiere un número de horas de las que no dispongo. En realidad requiere una jornada laboral de, mínimo, ocho horas. Esto me parece razonable para estudiantes, jubilados o desafortunados en paro, pero a un autónomo como yo no le queda tanto tiempo para las letras. Mientras no tenga un mecenas que me pague las facturas, tendré que seguir levantando pisos en 3D. Por suerte, y como dice Sabina: “aún me excita mi oficio”.

 

En conclusión, no soy de los que abandonan fácilmente pero tampoco me gusta dormir debajo de un puente. Mientras mis libros no generen el dinero suficiente para cubrir mis gastos, buscaré el tiempo debajo de las piedras para que la gente pueda verme, pero eso sí, sin caer en la esclavitud.

 

Y sí, lo sé, es una puta pescadilla que se muerde la cola, pero hay que comer.

 

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By Javier Rumego

Me siento como el hombre invisible en medio del desierto, con un libro en la mano

Si te sucede como a mí, y estás empezando en el negocio de la literatura (que no en escribir), probablemente te sientas como yo: en el desierto, solo, con la cantimplora vacía y tu libro en la mano.

 

Hace años escribí una novela de esas que tanto gustan, de grandes pasiones y amores imposibles. La historia, según dicen, era preciosa. Pero lo cierto es que al texto le faltaba calidad. En vez de tomármelo como un fracaso lo vi como una oportunidad para aprender y mejorar. De aquella experiencia saqué mucha información del mercado editorial. Desgraciadamente por aquellos años la autopublicación mediante plataformas online o no existía o estaba gateando, por lo que no pude intuir el problema que se me avecinaba.

 

Entre talleres de escritura, cuentos, relatos, experimentos varios y alguna que otra magulladura era inevitable que una nueva historia irrumpiera en forma de novela. Lo hizo de manera violenta e inesperada. La historia me absorbió por completo. Ya sabéis: noches sin dormir; reuniones con amigos o con la familia absorto, intentando anotar mentalmente todo lo que pasaba por mi mente; plantones a la novia… Digamos que entré en ese estado de reclusión en el que entramos los escritores cuando una idea nos domina. Dejé apartados todos los demás proyectos que tenía empezados. Estábamos solos mi personaje y yo, torturándonos mutuamente.

 

Nada como darse cuenta de los errores

A día de hoy me doy cuenta de lo mal que lo hice. Podría alegar que fue por ignorancia, claro, pero eso no cambia las cosas. Hace apenas una semana que publiqué mi primera novela, En el Laberinto, y es ahora cuando tengo claro que nadie puede comprar mi libro si no sabe que existe.

 

Durante los últimos meses estoy haciendo un master acelerado sobre: la publicación de libros en Amazon; cómo crear una plataforma de autor; gestión de blogs; diseño y programación en WordPress y sobre todo, y lo más difícil, cómo aumentar mi visibilidad como escritor. En este punto es de total obligación agradecer, y al mismo tiempo recomendar a los que están perdidos como yo, a aquellos que me han ofrecido un poco de sombra donde protegerme del sol abrasador del desierto.

 

Agradecimientos

Publicando eBooks y Ebook Hermanos ofrecen muchísima información de lo que hay que hacer para publicar tu primer libro digital, así como una gran variedad de artículos para tener éxito una vez publicado. Para entender cómo funciona este mundo literario y los pasos a seguir, y a evitar, para crear una buena plataforma de autor son de gran utilidad, y muy recomendables, los artículos de Mariana Eguaras, así como las webs oficio de escritor, marketing online para escritores o Sinjania (todas ellas maravillosas y con muchísima información). Tampoco hay que olvidarse del blog del escritor Javier Pellicer con sus entrevistas y sus artículos claros y bien redactados, así como del blog de Gabriela literaria con sus artículos extensos y llenos de información.

 

También me ha sido de mucha utilidad observar el trabajo que hacen otros escritores con más tiempo en esto y que dominan perfectamente los medios como son por ejemplo los casos de Lluvia Beltrán, Fran Zabaleta o Fernando Gamboa; un claro ejemplo de escritor que publica en Amazon y que ha tenido un gran éxito.

 

La creación del blog está siendo una tortura. He trabajado durante muchos años como ilustrador y diseñador gráfico, pero nunca me ha gustado el diseño web. Demasiado código, demasiada programación, demasiados unos y ceros para alguien de letras al que le gustan los colores. Aquí quiero agradecer a Jose Antonio Carreño sus tutoriales tanto los escritos como los vídeos, también al artículo de cómo crear banners publicitarios de la web Hacia el autoempleo, y por su puesto a mi buen amigo de SinDesign, Rubén Fernández, por solucionarme todos los problemas técnicos y hacer de mi web un lugar seguro, configurar los correos, etcétera. Te debo una cena.

 

La ignorancia se paga con tu libro

Por no haber hecho caso antes a estas cosas, me encuentro con un libro que nadie sabe que existe. He perdido la preventa de Amazon y tengo disponibles una serie de promociones que a día de hoy no sirven para nada. Una lástima, porque creo que es un buen libro. Sí ya lo sé, todos pensamos que nuestros trabajos son buenos. De no ser así no los publicaríamos. Aunque en mi caso, sí que hay un par de novelas encerradas en el disco duro que deberían de otorgarme una mínima credibilidad. Pero si el libro es bueno o malo poco importa, al menos al principio. Lo importante es que se vea para que la gente lo lea y pueda valorarlo.

 

La conclusión que saco de estas últimas semanas de aprendizaje intenso es que no es sensato correr por el desierto con los pies descalzos. Así que habrá que caminar despacio, con mucha paciencia y paso firme. Al fin y al cabo, en ningún momento mientras escribía En el Laberinto pensé hacerlo para ganar dinero, ni para vender millones de ejemplares. Lo escribí honestamente, desde dentro, a fuego, como dice Bukowski. Lo escribí libre, como para ahora convertirme en esclavo. Pero esa es otra historia, quizá para el próximo artículo.

 

Quería terminar diciendo que hace unos días encontré un artículo en la web de Jaume Vicent Bernat, que daba ideas frescas para tu blog de escritor. Le comenté cómo me sentía: ya saben, en el desierto. Él me contestó que es así al principio (sospecho que para muchos también al final), que hay que cavar para hacer un pozo, sacar agua, plantar palmeras…, en definitiva romperte las manos a trabajar.

 

 

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By Javier Rumego

Ser escritor independiente, y todo lo demás

No descubro nada nuevo al decir que ser escritor es un ejercicio difícil, a veces agotador, y casi siempre solitario (mucho más si eres escritor independiente). Si además pretendemos vivir de ello, el panorama puede ser desolador.

 

Pongamos que has acabado tu novela, y supongamos que, por azares inexplicables de la vida, es buena; muy buena. La siguiente pregunta es inevitable: ¿Ahora qué hago?

 

Si no has publicado nada antes y no tienes un contacto que te facilite las cosas, conseguir que una editorial fije su atención en ti es prácticamente imposible. Antes de abrir esta vía conviene mentalizarse para aceptar el rechazo y el silencio. No debes tomárnoslo como algo personal. Lo más normal es que ni tan siquiera te hayan leído. Por extraño que parezca, en un país que a ratos parece estar habitado en su mayoría por una manada de gilipollas, se ve que somos muchos los que dedicamos tiempo a sentarnos delante del ordenador con el fin de contar una historia. El resultado no podía ser otro: las editoriales y los agentes literarios están saturados. Somos tantos los que queremos entrar en este mundo que hemos colapsado las puertas. Luego está la crisis, esa que no termina de irse y que ha hecho que los editores sean mucho más escrupulosos a la hora de invertir su dinero.

 

¿Entonces tienes que descartar esta vía?

No, rotundamente. Si algo tenemos en común los escritores que conozco es que somos tercos como bueyes hambrientos. Tú no vas a ser menos. No pierdes nada por intentarlo. Puedes presentar tu obra a concursos o buscar un agente literario que apueste por ti. En la web de escritores.org explican muy bien todo esto.

 

Si no recibes respuesta por parte de las vías tradicionales, no te desesperes. Como te decía antes es muy posible que ni te hayan leído. Así que no te vengas a bajo y pienses que tu trabajo es una mierda. Que un libro sea bueno o malo no tiene nada que ver en esto. Pero, ojo, esto tampoco debe servirte como excusa. Jamás pierdas una visión crítica de tu obra. Si es tu primera novela, es muy posible que haya cosas que mejorar.

 

El momento en el que decides ser escritor independiente

Si la opción de las editoriales sigue ofreciendo tan sólo silencio, es el momento de plantearse otras opciones. Dentro del mundo de la autoedición hay diferentes opciones que deberías conocer. Es muy importante que te informes adecuadamente antes de decidirte, porque a veces puede ser un terreno pantanoso. Sobre todo es importante que sepas detectar a las supuestas editoriales que no son más que imprentas camufladas y algún que otro desalmado al que tu trabajo le importa una mierda, y lo que realmente le interesa es tu dinero. Puedes empezar por leer estos artículos, te serán de gran ayuda. En el blog de Ana Katzen y este artículo de José Manuel Aparicio explican todo esto realmente bien.

 

De entre las muchas posibilidades y plataformas que pude encontrar para publicar mi novela, decidí hacerlo en exclusividad con Amazon. Explicar los motivos me llevaría demasiado tiempo, y haría que la extensión del artículo excediera de toda lógica. Lo que sí puedo decir es que tras leer multitud de opiniones, creo que es la mejor opción (al menos para empezar).

 

Lo que implica ser un escritor independiente

Ser escritor independiente conlleva muchas cosas que debes saber. En este punto es donde dejas de ser un mero escritor para convertirte también en editor, corrector, distribuidor, ilustrador, diseñador, promotor, publicista y programador. Demasiadas cosas para una sola persona. Y probablemente alguna de ellas no se te dará bien. Esto podría hacer peligrar la calidad final de la obra. Si quieres tener recorrido en este mundo literario hay algo que debes grabarte a fuego. Tienes que cuidar hasta el más mínimo detalle. De nada te servirá tener un gran novela entre manos si la presentas de manera cutre. Nadie en su  sano juicio va a una entrevista de trabajo con la camiseta rota y llena de manchas. Esto es lo mismo.

 

Si no sabes hacer algo o no eres capaz de conseguir un acabo redondo debes pedir ayuda. Es posible que algún amigo pueda echarte una mano, pero si no tendrás que contratar profesionales. Editar un libro y querer vivir de la literatura conlleva un gasto. Otra cosa es que hayas escrito un libro por diversión y quieras editarlo para fardar o por cumplir ese objetivo. Pero si de verdad quieres vivir de esto no puedes permitirte errores. Para que tu libro tenga un resultado profesional tendrás que contratar, como poco, correctores y diseñadores.

 

En mi caso, por ejemplo, toda la maquetación y todo el acabado gráfico de mis novelas lo hago yo. Pero porque he trabajado durante más de 20 años  en ese campo. Es necesario que entiendas que mi novela En el laberinto ha pasado varias correcciones de estilo y ortotipográficas por parte de profesionales, a parte de las mías propias. Todo esto cuesta un dinero, pero es necesario si quieres vivir de la literatura. Los libros de los escritores que se publican por los medios tradicionales, pasan estas mismas revisiones. La diferencia en que en su caso esas revisiones las paga la editorial. En el caso de los escritores independientes nos toca costearlo nosotros mismos.

 

La hora de la verdad

Después de mucho trabajo, esfuerzo y horas delante del ordenador aprendiendo cosas que jamás habrías imaginado que aprenderías, conseguirás que tu novela se publicada por la vía que hayas elegido. Quizá sea en Amazon o cualquier otra plataforma online, o tal vez te hayas decidido por hacer una autopublicación conjunta. Como te decía antes hay muchas opciones.

 

Ese momento en el que tienes el primer ejemplar de tu libro en la mano es cuando te das cuenta de que tu libro es sólo uno más dentro de una jungla llena de depredadores. Tu novela tendrá que pelear desde ese instante con un ejercito de escritores conocidos y con una legión, no menos grande, de escritores independientes con más visibilidad como escritor que tú. Justo ahí es cuando eres plenamente consciente de que tienes el mismo problema que al principio; en este mundo de la letras no te conoce ni tu madre.

 

 

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